Alarma en el Azul: Por qué los grandes depredadores en el mar de las Baleares apenas dejan rastro

Alarma en el Azul: Por qué los grandes depredadores en el mar de las Baleares apenas dejan rastro

Alarma en el Azul: Por qué los grandes depredadores en el mar de las Baleares apenas dejan rastro

Un estudio de eDNA frente a Cabrera encontró casi ninguna huella de mako, tiburones martillo o tiburones blancos. Por qué el resultado afecta no solo a la ciencia sino también a la vida cotidiana en Mallorca — y qué medidas concretas se necesitan ahora.

Alarma en el Azul: Por qué los grandes depredadores en el mar de las Baleares apenas dejan rastro

Pregunta guía: ¿Qué significa para Mallorca que los grandes peces depredadores en las aguas costeras prácticamente hayan desaparecido?

Al final de la tarde, cuando el sol baña el Passeig Mallorca con una luz cálida y los pescadores del puerto revisan sus redes, casi nadie habla de tiburones; incluso noticias locales recientes recuerdan la tensión sobre estas especies, como Hallan tiburón muerto en la playa urbana de Palma – expertos investigan la lesión. Sin embargo, la noticia procedente de las aguas alrededor de Cabrera toca precisamente esa vida cotidiana: un estudio con ADN ambiental detectó en muestras de agua de doce puntos alrededor de las islas deshabitadas prácticamente ninguna huella genética de especies grandes como el marrajo, el tiburón herradura, los tiburones martillo o el gran tiburón blanco. En unas 80 muestras, los investigadores solo pudieron identificar 13 especies de tiburones y rayas; su proporción en el conjunto del ADN fue baja.

Estas cifras suenan secas, pero son una señal de alarma. Los grandes depredadores desempeñan en el mar un papel que no se ve de inmediato: regulan poblaciones, influyen en las rutas migratorias y configuran las redes tróficas. Si faltan, el equilibrio cambia —a menudo de manera gradual— hasta que se nota en la costa, por ejemplo por el aumento de depredadores más pequeños o una fauna de peces alterada que también afecta a los pescadores de Portixol o Cala d’Or; fenómenos costeros visibles y preocupantes se han reportado recientemente, como Alfombra roja en el muelle: por qué los hallazgos de kril en la costa norte de Mallorca son una señal de alarma.

La técnica del ADN ambiental es elegante: filtrar agua, analizar diminutas partículas de piel o mucosidad y detectar especies sin necesidad de capturarlas. Pero la técnica tiene límites. La eDNA se degrada con rapidez; una ausencia de detección no significa necesariamente «extinto», sino que puede indicar: en los días previos a la toma de muestras no había individuos allí. También la cobertura espacial y el momento de la muestreo influyen mucho en los resultados. A esto aluden las propias autoras y autores del estudio.

Al mismo tiempo, del hallazgo nulo o muy escaso no puede extraerse un tranquilizador «todo está bien». La combinación de hallazgos raros y la desaparición de huellas genéticas a lo largo de los años es una línea roja: estas especies ya no aparecen de forma regular en los hábitats que antes servían como corredores migratorios y zonas de caza —entre ellos la llamada cumbre Émile‑Baudot, que según el trabajo de campo debería atraer especies de alta mar, pero apenas proporcionó rastros.

¿Qué falta en el debate público? En primer lugar, claridad sobre los factores que impulsan este declive. En las discusiones suelen aparecer solo palabras de moda: turismo, sobrepesca, zonas protegidas. Faltan datos abiertos precisos sobre las tasas de captura incidental, sobre artes de pesca de gran formato como las palangres en la región, y sobre series temporales de observación que vinculen la eDNA con métodos visuales y estadísticas de captura; debates recientes sobre la gestión de especies y pesquerías locales, como Problema del cangrejo azul: por qué la resolución del Consejo Insular debe ser solo el comienzo, ilustran la necesidad de transparencia. También poco presente está el ruido submarino causado por el tráfico de embarcaciones o el fondeo de yates, que puede perturbar a las especies migratorias.

Una pequeña imagen cotidiana: a primera hora de la mañana se ven vendedores de gambas con sus neveras en la marina, y en el muelle los buceadores deportivos comentan un débil paso de atunes la semana pasada. Casos recientes de animales encontrados en muelles, como Misterio en el muelle: delfín de rayas recuperado en Palma – investigación en curso, alimentan la sensación de que algo está cambiando. Nadie presume de haber visto tiburones. Y eso aparentemente no es casualidad.

Propuestas concretas que van más allá de las buenas intenciones:

1) Ampliar y articular el monitoreo: recoger eDNA de forma regular y estacional, complementarlo con BRUVs (vídeo submarino remoto aparejado), marcaje por telemetría y sistemas de notificación para pescadores. Solo una imagen combinada muestra si las especies atraviesan el mar o si han desaparecido definitivamente.

2) Reforzar zonas de protección a lo largo de estructuras importantes: la cumbre Émile‑Baudot y los montes submarinos adyacentes deberían soportar menos presión pesquera y considerarse áreas protegidas funcionales con secciones de no captura. La protección debe ser controlada —las regulaciones escritas sirven de poco sin vigilancia.

3) Regular la pesca y reducir las capturas accesorias: las palangres y técnicas similares deben adaptarse en corredores sensibles: vedas estacionales, técnicas obligatorias para evitar la devolución con daños y obligación de notificar las capturas accesorias. Para ello se necesita diálogo con los pescadores costeros; prohibiciones sin compensación generan rechazo.

4) Financiar la investigación y aprovechar contribuciones turísticas: parte de los ingresos de tasas portuarias y turísticas puede destinarse a programas de monitoreo. Fondos transparentes ofrecerían continuidad a series de datos, tan importantes como los mapas de carreteras para la gestión del mar.

5) Involucrar a la ciudadanía: buceadores, navegantes y pescadores pueden participar en ciencia ciudadana: notificar avistamientos, tomar muestras de agua, subir fotos. El compromiso local crea aceptación y aporta datos adicionales.

Mi conclusión: el espacio vacío en el mapa de eDNA es una señal de alarma, no un veredicto definitivo. Pero deberíamos actuar como si el ecosistema estuviera bajo presión —porque aparentemente lo está. Quien en Palma se come un helado en el puerto y oye el motor de una embarcación no debe fiarse únicamente del consuelo de que los encuentros con tiburones blancos son improbables. Se trata, más bien, de lo que ya no es visible: las cadenas invisibles en la vida marina que también moldean nuestras zonas de pesca, playas y, en última instancia, la vida cotidiana en Mallorca. Sin medidas dirigidas, la isla acabará notando las consecuencias —y entonces las opciones serán más caras y difíciles que un cambio de rumbo temprano hoy.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa para Mallorca la aparente desaparición de grandes depredadores marinos en sus aguas?

La presencia de grandes depredadores regula poblaciones, rutas migratorias y redes tróficas, incluso cuando no se ve. Una detección muy baja a través de ADN ambiental indica que estos depredadores podrían estar menos visibles, pero no prueba su desaparición definitiva. Es una señal de alarma que invita a ampliar y mejorar el monitoreo para entender qué está pasando. Sin datos consistentes, las conclusiones deben tomarse con cautela.

¿Qué es la técnica de ADN ambiental (eDNA) y qué límites tiene para detectar tiburones y rayas en Mallorca?

La eDNA consiste en filtrar agua para analizar diminutas señales de piel o mucosidad de especies, sin capturarlas. Sus límites incluyen la degradación rápida del material, la necesidad de muestreos representativos y el hecho de que una ausencia puede deberse a la falta de individuos en el momento de la toma. Por ello se recomienda combinarla con observaciones visuales y datos de pesca para obtener una imagen más fiable.

¿Qué medidas se proponen para monitorear y proteger a los grandes depredadores en el mar de Mallorca?

Proponen ampliar el monitoreo con muestreos de eDNA de forma regular, complementados con BRUVs y telemetría para seguir movimientos. También se sugiere reforzar zonas protegidas en estructuras clave y regular la pesca para reducir capturas accesorias. Además, se propone financiar la investigación con fondos de tasas portuarias.

¿Qué papel juegan Cabrera y la cumbre Émile‑Baudot en la conservación de la fauna marina de Mallorca?

Se destacan como áreas relevantes para entender movimientos y presencia de grandes depredadores, y como zonas que podrían servir de corredores migratorios y refugios. La idea es protegerlas, reducir la presión pesquera y mantener vigilancia para que funcionen como zonas útiles.

¿Qué podría implicar la menor presencia de depredadores grandes para comunidades costeras como Portixol o Cala d’Or?

Una menor presencia de depredadores puede alterar las redes tróficas, con cambios en las poblaciones de peces y en la conducta de los recursos en estas zonas. Esto puede afectar la pesca local y la experiencia de pescadores y buceadores.

¿Cómo puede la ciudadanía colaborar para entender la vida marina en Mallorca?

Buceadores, navegantes y pescadores pueden participar reportando avistamientos, tomando muestras de agua y subiendo fotos. Este tipo de ciencia ciudadana aporta datos complementarios y ayuda a construir una imagen más completa del mar alrededor de Mallorca.

¿Qué retos enfrenta la gestión marina de Mallorca ante indicios de desequilibrio ecológico?

El principal reto es disponer de datos abiertos y continuidad en el monitoreo para entender tendencias; la regulación de pesca y su vigilancia deben acompañarse de mecanismos para que las medidas sean efectivas.

¿Qué preguntas hacer a autoridades o guías para entender el estado de la vida marina en Mallorca?

Pregunte por los métodos de monitoreo, qué resultados se han obtenido y cómo se comunican; indague sobre áreas protegidas y oportunidades de participación ciudadana.

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