Complejo de lujo abandonado en Monport, pendiente de demolición.

Andratx limpia — ¿pero a qué precio?

Andratx limpia — ¿pero a qué precio?

El municipio de Andratx planea demoler un complejo de lujo paralizado desde hace años en Monport. Una sentencia judicial convierte a la localidad en pagadora —y al mismo tiempo pone de manifiesto fallos en la planificación y el control.

Andratx limpia — ¿pero a qué precio?

Sentencia judicial, millones de gasto y la cuestión de la responsabilidad

Pregunta clave: ¿Por qué paga ahora el municipio millones por el desmontaje de un proyecto de lujo que comenzó hace más de diez años en un terreno protegido —y quién asumirá finalmente la responsabilidad?

El escenario es familiar: en el pequeño puerto de Port d'Andratx descansan las barcas de pesca con un ligero oleaje, las gaviotas gritan, y a solo unos kilómetros se alza un asentamiento inconcluso como un cuerpo extraño en las laderas de pinos. En Monport, en la Calle Ramat, se debe ahora —tras una sentencia firme de 2020— impulsar el desmontaje de un complejo de lujo compuesto por 29 edificios. Las obras ya se habían paralizado en 2007; por entonces la instalación se encontraba estimadamente en torno al 80% de la estructura.

El pleno municipal aprobó mediante una modificación presupuestaria la dotación de fondos: alrededor de 5,5 millones de euros se destinan a la demolición en la Calle Ramat, y el paquete total asciende a casi 11,7 millones de euros. La decisión financiará además otras medidas municipales: la rehabilitación de la casa “Cas Metge” (unos 1,7 millones de euros), la modernización de instalaciones deportivas (poco más de 1,5 millones de euros), la restauración de una parcela en la Calle Tonyina en Cala Llamp (113.000 euros), así como inversiones en la red de alcantarillado y pluviales y la rehabilitación de un centro juvenil.

Políticamente el asunto pesa: el escándalo se remonta a decisiones tomadas durante mandatos anteriores. La actual alcaldesa ha declarado que el municipio no actúa voluntariamente, sino para ejecutar una sentencia judicial. Eso no exonera a nadie de la obligación de examinar la sucesión de errores: ¿cómo pudieron llegar las edificaciones en un terreno digno de protección tan lejos sin que la maquinaria administrativa interviniera con eficacia? ¿Y por qué tardó tanto la ejecución de la decisión judicial?

Análisis crítico: la factura la paga la colectividad. Las autoridades deben hacer cumplir las sentencias, claro —pero destinar fondos públicos a subsanar infracciones privadas plantea interrogantes. Falta en el debate público una respuesta práctica sobre cómo pueden las administraciones protegerse frente a las cargas financieras de estos pasivos. La prevención parece haber sido débil: los mecanismos de control anteriores deberían haber permitido intervenciones más enérgicas antes de que las estructuras en bruto se convirtieran en un problema.

Lo que queda fuera del discurso: el uso posterior de los terrenos liberados. No está claro si las parcelas tras la demolición se renaturalizarán, se convertirán en espacios verdes públicos o se adjudicarán de nuevo con normativas especialmente estrictas. Tampoco se habla con suficiente transparencia sobre cómo el municipio intentará recuperar íntegramente los costes de los antiguos promotores o propietarios —o si tales reclamaciones quedarán en nada por falta de patrimonio.

Una escena cotidiana: en el mercado semanal de Andratx, entre puestos de fruta y las voces de los comerciantes, la gente debate los mismos temas —unos desean por fin librarse de ruinas, otros temen subidas de tasas o recortes en otros proyectos. A nadie le gusta el ruido de una excavadora, pero muchos quieren que al final quede un terreno que realmente beneficie a la comunidad.

Propuestas concretas: primero: reforzar el control del desarrollo municipal —controles de obra periódicos, fianzas obligatorias para inversores y vías de ejecución más rápidas. Segundo: elaborar un plan de rehabilitación público y accesible que combine reuso, ecología y participación ciudadana; dar prioridad a zonas verdes, acceso a la costa y renaturalización con criterios ecológicos. Tercero: agrupar reclamaciones por daños y perseguirlas, siempre que sea posible, mediante ejecución judicial o procedimientos concursales. Cuarto: aplicar métodos de demolición sostenibles —reutilización de materiales, prevención de erosión del suelo y reforestación con especies autóctonas. Quinto: una auditoría independiente de las decisiones de décadas pasadas, para que los errores administrativos no vuelvan a traducirse en costes elevados.

La conclusión es contundente: la claridad jurídica es importante, pero no suficiente. Si las cuestiones de responsabilidad, el reuso de los terrenos y los controles preventivos no se abordan de forma simultánea, amenaza una nueva factura —y otra vez la sociedad la pagará. Andratx tiene ahora una oportunidad: de una mala construcción puede nacer un proyecto local de reutilización sostenible y una mejora en la cultura administrativa. Si tendrá éxito se decidirá en los próximos meses, entre el ruido del derribo y el olor otoñal de la resina de pino.

Preguntas frecuentes

¿Por qué el municipio de Andratx tiene que pagar la demolición de un proyecto privado?

El derribo se tiene que ejecutar por una sentencia firme, y el municipio ha aprobado fondos para cumplirla. El problema de fondo es que un proyecto de lujo levantado en suelo protegido acabó generando una carga pública que ahora recae sobre las arcas municipales. La responsabilidad última de ese gasto sigue siendo objeto de debate político y jurídico.

¿Qué obras se están pagando en Andratx con la última modificación presupuestaria?

La partida principal se destina a la demolición del complejo de la calle Ramat, en Monport. Además, el presupuesto incluye la rehabilitación de Cas Metge, mejoras en instalaciones deportivas, actuaciones en Cala Llamp, inversiones en alcantarillado y pluviales, y la reforma de un centro juvenil. Es decir, no se trata solo del derribo, sino de un paquete municipal más amplio.

¿Qué pasó con el complejo de lujo de la calle Ramat en Monport?

Las obras quedaron paralizadas en 2007, cuando el conjunto estaba ya muy avanzado, y con el tiempo quedó como una construcción inconclusa en una zona protegida. Tras una sentencia firme de 2020, ahora toca desmontar el complejo. El caso se ha convertido en uno de los símbolos urbanísticos más delicados de Andratx.

¿Se puede seguir pasando por Port d'Andratx mientras duran estas obras?

Port d'Andratx sigue siendo una zona viva y visitada, con su actividad habitual en el puerto y el entorno. Lo que afecta directamente es el ámbito concreto de Monport y la calle Ramat, donde se ejecuta el desmontaje. Para quien vive o circula por la zona, lo más prudente es contar con posibles molestias puntuales por obras y tráfico de maquinaria.

¿Qué puede pasar con el terreno que quede libre después de la demolición en Andratx?

Todavía no está cerrado si esos terrenos se renaturalizarán, se convertirán en zonas verdes públicas o volverán a tener otro uso con condiciones muy estrictas. Una de las ideas que más sentido tiene para muchos vecinos es que el espacio revierta en beneficio común. Por ahora, esa decisión sigue abierta.

¿Puede Andratx recuperar el dinero gastado en la demolición?

El municipio puede intentar reclamar los costes a antiguos promotores o propietarios, pero no está garantizado que recupere todo. Si esas personas no tienen patrimonio suficiente, parte de la factura puede quedar sin cobrar. Por eso el debate no es solo jurídico, sino también económico y político.

¿Es buena época para viajar a Andratx si hay obras y movimiento municipal?

Andratx sigue siendo un destino atractivo, pero conviene ir con expectativas realistas si hay actuaciones urbanas en marcha. En zonas concretas como Monport puede haber ruido o maquinaria, mientras que el puerto y el mercado mantienen su vida cotidiana. Si buscas tranquilidad, merece la pena comprobar el estado de la zona antes de ir.

¿Qué debería hacer Mallorca para evitar casos como el de Andratx en el futuro?

El caso deja una lección clara: hacen falta controles urbanísticos más firmes, fianzas para inversores, respuestas más rápidas ante irregularidades y auditorías independientes. También ayuda planificar desde el principio qué se hará con los terrenos y cómo se protegerán las administraciones de costes inesperados. Sin prevención, el problema acaba pagando la comunidad.

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