Edificios vacíos en Paguera y Magaluf previstos para demolición y futura conversión en zonas verdes

¿La desocupación se vuelve verde? Calvià planea derribar dos hoteles – oportunidades y riesgos para Paguera y Magaluf

Calvià anuncia la demolición del desocupado Hostal Colón en Paguera y del Hotel Teix en Magaluf. Se proyectan nuevas zonas verdes, pero tras la buena idea surgen preguntas sobre empleos, participación y requisitos medioambientales.

¿La desocupación se vuelve verde? Calvià anuncia dos derribos

Si por la mañana, en Paguera, se toma el café para llevar en el local de la promenade, llama la atención la casa abandonada en la Calle Marivent: el antiguo Hostal Colón. El hormigón frío a contraluz, algunos papeles volando y las gaviotas que graznan sobre los tejados. 36 camas, casi 600 metros cuadrados — y ahora una fecha: el derribo está previsto para noviembre, según la crónica sobre los derribos en Paguera y Magaluf. Poco después, en Magaluf, aparece en la lista el Hotel Teix. El ayuntamiento habla de nuevas zonas verdes en ambas parcelas. Bonito a la vista, pero la pregunta sigue siendo: ¿quién gana y quién pierde?

Qué se planea exactamente — y quién paga

Desde el consistorio indican que los costes del desmantelamiento rondan el millón y medio de euros y se financiarían con fondos europeos del programa "Next Generation" de la Unión Europea. Acto seguido, el solar estaría destinado a nuevos espacios públicos abiertos: bancos, árboles que den sombra, quizá un pequeño área de juegos. No hay diseños concretos; la fase de planificación debería comenzar en los próximos meses. Hasta entonces quedan muchos detalles abiertos — y también espacio para deseos y temores.

Vecindario entre alivio y preocupación

“En verano muchas veces había ruido y aglomeración. Una pequeña plaza con árboles sería una bendición”, dice María desde la Calle Marivent mientras empuja su bicicleta. Voces como la suya dibujan la imagen de residentes que desean calidad de estancia: sombra contra el calor del mediodía, un rincón verde frente al hormigón. Por otro lado está Toni, que lleva una década trabajando en un bar de la costa: “Menos habitaciones significa menos puestos de trabajo para la plantilla estacional”.

Preguntas críticas que aún no se plantean lo suficiente

El derribo previsto plantea varias cuestiones apenas audible pero relevantes. Primero: ¿qué consecuencias tendrá el cambio de uso del suelo para las personas empleadas? Los trabajos estacionales suelen ser precarios, pero forman parte de la economía de familias y hogares. Segundo: ¿cómo tratará el municipio posibles contaminantes en edificios antiguos — amianto, aislamientos viejos, pinturas con sustancias nocivas? En ese sentido conviene consultar la ficha de la OMS sobre el asbesto. Tercero: ¿quién decide el diseño de las nuevas áreas y cómo se incorporan los intereses del vecindario?

Las obligaciones medioambientales son necesarias — y a menudo costosas

El ayuntamiento subraya medidas de protección contra el polvo, eliminación adecuada y controles. Medidas así son importantes para que los vecinos no paguen la cuenta por derribos negligentes: el polvo fino en días calurosos se deposita en puertas, viviendas y pulmones. En la práctica, exigencias ambientales estrictas pueden encarecer el desmantelamiento y alargar el calendario. Eso significa: más dinero, más papeleo — y, en ocasiones, una mayor inseguridad temporal para la gente del lugar.

Oportunidades concretas y soluciones prácticas

Un derribo no es sólo pérdida; también es oportunidad. Para que la oportunidad no quede en una ilusión, aquí van propuestas concretas que Calvià debería considerar ahora:

1. Garantizar empleo: Los contratos con las empresas de demolición deberían incluir cláusulas para la contratación de trabajadores estacionales locales, ofertas de formación para labores de desmantelamiento y programas de intermediación hacia el mantenimiento municipal de zonas verdes o proyectos de construcción.

2. Reutilizar materiales: Muchos edificios antiguos contienen materiales aprovechables — adoquines, puertas, azulejos. Un depósito local de reutilización podría crear empleo y mejorar la huella climática.

3. Hacer vinculante la participación ciudadana: Talleres públicos de diseño, rondas de votación y puestos informativos móviles en Paguera y Magaluf — la transparencia no puede ser sólo una frase hecha.

4. Paso intermedio flexible: En lugar de plantar de inmediato, se podrían probar usos temporales (parque pop-up, mercados, instalaciones artísticas). Esto aporta experiencia de uso y evita diseños precipitados.

5. Monitorización ambiental: Peritos independientes y mediciones regulares de aire y suelo durante el derribo. Los resultados deberían ser fácilmente accesibles para los vecinos.

Entre símbolo y estrategia

Resulta tentador leer la retirada de una fachada en ruina como un nuevo comienzo simbólico: una fea pared cede a la palmera, al pino, al pequeño parque infantil. Pero en Mallorca el éxito no se decide solo por la imagen. Se muestra en transiciones concretas y bien acompañadas para las personas trabajadoras, en el uso sostenible de recursos y en la participación real del vecindario.

Cómo sigue el proceso

El municipio aún tiene tiempo: hasta noviembre se pueden plantear preguntas, formular objeciones e introducir ideas. Quien quiera saber más sobre lo que será ese espacio después de las excavadoras debería seguir las sesiones públicas en el ayuntamiento — o consultar la cobertura local sobre demoliciones en la zona en la crónica sobre demoliciones en Magaluf. Si Calvià aprovecha la fase de planificación, de un derribo podría salir algo más que una obra: un proyecto piloto para un manejo más verde y social del vacío urbano. Si no, quedarán planes bonitos y pocos árboles en un día de verano.

Lo que importa es el equilibrio: no solo verde para la foto, sino verde con rostro — empleo, transparencia y una participación real de quienes aquí viven.

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