
Carme Serna: la risa que cura — en las plantas hospitalarias de Mallorca
Carme Serna: la risa que cura — en las plantas hospitalarias de Mallorca
Como Valentina Ventolina, Carme Serna recorre las habitaciones de los hospitales de las Baleares. Un retrato sobre el trabajo de payasos, biografías teatrales y una ONG que durante décadas ha sanado con humor.
Carme Serna: la risa que cura — en las plantas hospitalarias de Mallorca
La actriz, autora y payasa de hospital que hace respirar aliviados tanto a niños como al personal
No se la ve llegar: un delantal colorido, algunos accesorios estrafalarios, la nariz roja. Pero en cuanto Valentina Ventolina cruza el umbral de la puerta de una habitación en Mallorca, la atmósfera cambia. El pitido de los monitores permanece, pero en lugar de frentes tensas aparecen miradas asombradas o risueñas. Quien camina por la mañana hacia el hospital en Palma conoce ese eco leve de momentos — trayectos que por un instante se vuelven más ligeros.
Detrás del personaje está Carme Serna, nacida en 1981 en Palma. Serna trabaja como directora, actriz y autora, y aporta su experiencia a espacios habitualmente dominados por médicos y pasamanos. Con su nombre de payasa actúa sobre todo para niños, pero a menudo la risa no se queda solo en los pacientes: enfermeras, equipos médicos y a veces visitantes aceptan con gusto ese regalo.
El trabajo de payasos de hospital (artículo en Wikipedia) en las Baleares está organizado: la iniciativa Sonrisa Médica envía desde hace décadas a artistas a hospitales y residencias de la isla. De la tristeza de una pareja surgió la idea de devolver la alegría a las habitaciones; de ahí creció un grupo que hoy reúne a varias decenas de voluntarios y profesionales. La formación no es fruto del azar: más de 500 horas de entrenamiento especializado preparan para intervenir en situaciones sanitarias sensibles —desde la psicología del encuentro hasta trucos musicales.
Serna explica que la figura del payaso se lleva mucho de la propia personalidad. Valentina es despistada y a la vez atrevida, soñadora y a veces punk. Quien la presencia se da cuenta pronto: el rol no es un simple disfraz, sino una práctica. Con pequeños sketches, canciones improvisadas o incluso un accesorio absurdo se crea un espacio en el que los niños vuelven a ser por un momento otra cosa que pacientes —y los adultos, otra cosa que preocupación.
Los focos del escenario los cambió Serna muchas veces por los pasillos de hospital. Sus estudios y su trabajo teatral en Barcelona le dieron una base artística; las intervenciones en el ámbito sanitario, el contacto con la realidad. De esa mezcla surgió también su labor literaria: Serna empezó a escribir en un tiempo que obligó a muchos a hacer una pausa. Por su colección de relatos recibió en 2023 un premio regional —una muestra de cómo las formas artísticas se nutren entre sí.
Una intervención habitual no comienza con un gran plan. Dos payasos buscan primero ponerse a la misma altura, escuchar, observar y tantear el ambiente. Solo entonces llega la interacción. A veces es un sorbo de una cuenca sonora, a veces un juego desenfadado con objetos del hospital que rompe la distancia. De este modo la rutina diaria se interrumpe de forma breve. En los pasillos no se oye normalmente una carcajada fuerte, sino más bien una sonrisa repentina y el suspiro contenido de personas que deben hacer su trabajo, pero que también son seres humanos.
El efecto no es solo romántico: estudios e informes de experiencia muestran que el humor puede reducir el estrés —tanto en niños como en el personal. En Mallorca, donde turismo, atención local y redes familiares están muy entrelazados, esas pequeñas intervenciones generan un valor social. El trabajo de los payasos actúa como un nudo relajado en una red tensa.
La organización detrás de las intervenciones ha recibido varios reconocimientos y opera en distintas instituciones de las Baleares. Actualmente hay alrededor de 18 payasos activos; pasan por procesos de selección, periodos de prueba y formación continua. La calidad de las intervenciones no es casualidad, sino el resultado de un sistema que combina formación artística con conocimientos sanitarios.
La visibilidad de estos proyectos también cuenta con el apoyo de socios del sector turístico. Una fundación turística europea financió recientemente un proyecto de vídeo que muestra el trabajo en las islas y explica cómo cultura y compromiso social pueden ir de la mano. Eso no solo atrae atención, sino que crea nuevos puentes entre visitantes, empresas e iniciativas locales; por ejemplo, iniciativas como el Día de la Sonrisa: Comerciantes en Mallorca distribuyen bolsas gratis y saludan a los viajeros muestran esa relación entre comercio y comunidad.
¿Qué queda del encuentro con Serna y su Ventolina? Una imagen: un niño pequeño que, con calcetines de conejito, da pequeños pasos en una cama de hospital; una enfermera que se ríe en el marco de la puerta; y afuera la Tramuntana, que en la tarde enfría la luz. Momentos cotidianos, tranquilos y, sin embargo, importantes. En Mallorca, donde la vecindad aún pesa, ese cruce entre arte y cuidado es una forma vivida de solidaridad.
Para quienes trabajan en hospitales o visitan a enfermos, el mensaje es simple: el humor no sustituye a la medicina, pero hace que la medicina sea más llevadera. Y para la isla, el trabajo de payasos como Serna es otra pequeña red que mantiene unida a la comunidad —en silencio, con amabilidad y a veces con una nariz roja.
Quienes quieran apoyar o saber más pueden encontrar información en las «Día de la sonrisa» en Mallorca: Pequeña bolsa de tela, grandes preguntas; muchos proyectos aceptan voluntariado, donaciones o colaboraciones con socios culturales y turísticos. Pasar una tarde observando en una clínica suele bastar para comprender la importancia de esos encuentros.
En las calles de Mallorca, cuando los cafés del Passeig Mallorca ponen poco a poco sus mesas y las gaviotas planean sobre el puerto, queda la memoria de una pequeña risa en el hospital que perdura. Es una risa que conecta.
Leído, investigado y reinterpretado para ti: Fuente
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