Azafata de época con uniforme elegante frente a un avión, evocando glamour y viajes a Mallorca.

Cielo, alta costura e historias de isla: una de las primeras azafatas relata

Cielo, alta costura e historias de isla: una de las primeras azafatas relata

Siendo joven se incorporó al mundo de la aviación, vistió trajes de Pertegaz y Berhanyer y convirtió Mallorca en su segundo hogar. Un recuerdo de glamour, riesgo y sueños vividos.

Cielo, alta costura e historias de isla: una de las primeras azafatas relata

Cómo una madrileña con estilo y coraje vivió los primeros años de la aviación comercial y se asentó en Mallorca

Palma se muestra en esta mañana de enero con nubes ligeras y unos 16°C; las gaviotas chillan sobre el Passeig Mallorca, en algún lugar una cucharilla golpea una taza de café. Días como este son ideales para escuchar a residentes mayores que despliegan aquí los hilos de su vida. Una de ellas es Celia Velasco-Saorí. Llegó siendo joven desde Madrid, se subió a aviones que todavía no tenían las comodidades de seguridad actuales y acabó instalándose en las islas.

Desde niña tenía una idea clara: quería trabajar entre nubes y personas. Las barreras prácticas no faltaban —idiomas, contactos, exámenes— y ella las superó a su manera. Una estancia como au pair en Londres le aportó conocimientos de inglés y confianza. Con 18 años comenzó a trabajar en una aerolínea española; el uniforme procedía de los talleres de conocidos diseñadores: los modelos daban a las azafatas una figura elegante que llamaba la atención en las salas de embarque y en los bulevares del aeropuerto.

La vida a bordo fue una mezcla de rutina, espectáculo y esfuerzo físico. Largas jornadas, pernoctaciones en la aeronave, camaraderías que surgían de ello y la imprevisibilidad de los problemas técnicos formaban parte del día a día. Velasco-Saorí recuerda vuelos que terminaron por los pelos y accidentes graves que costaron la vida a colegas. Experiencias así marcan: hacen humildes, pero también enorgullecen de la profesión, porque reúne a las personas y, pese a los riesgos, abrió puertas a otros lugares.

Para ella, Mallorca fue más que un lugar de trabajo: la isla se convirtió en hogar. Veranos en la costa, inviernos en otras islas y, finalmente, establecerse en un lugar donde el mar ordena la vida cotidiana. En Palma se conoce ese tipo de recorrido vital: pequeños bares en la plaça, comerciantes en el Mercat de l’Olivar, vecinas que transmiten historias. A Velasco-Saorí le fue posible convertir sus fragmentos de memoria en palabras; hoy escribe libros y revive las escenas de la primera aviación.

¿Qué queda de esa época pionera? La ropa que entonces marcó la moda habla de la estética y las aspiraciones de aquellos años. Los uniformes de Pertegaz y Elio Berhanyer, los nombres todavía resuenan, representan una manera de entender el servicio y la elegancia. Pero igual de importantes son los gestos cotidianos: una bienvenida cálida a bordo, la sonrisa antes del despegue, el intercambio con viajeros de todo el mundo. Esas pequeñas cosas han contribuido a forjar Mallorca, porque las vacaciones y volar están íntimamente ligados en la isla.

Una mirada positiva sobre estas biografías viene bien. Nos recuerdan cómo se construye la identidad local —no solo a través de edificios o festivales, sino por las personas que se quedan, cuentan y transmiten. Una idea que podría funcionar en Palma: organizar una serie de actos en la biblioteca municipal o en el centro cultural del Passeig, donde testigos de la aviación, la moda y los viajes relaten sus experiencias. Noches de historia oral, acompañadas de fotografías de uniformes y viejos libros de vuelo, no solo preservarían recuerdos, sino que también provocarían la curiosidad de los jóvenes por las profesiones, los viajes y la historia de la isla.

Hace poco, durante un paseo por la Avinguda Argentina, escuché a una antigua azafata que con gestos divertidos hablaba de la comida a bordo y de aterrizajes aventureros —y provocaba la sonrisa de los viandantes. Encuentros así son un pequeño regalo para la ciudad: conectan generaciones y hacen que Mallorca no solo parezca un destino vacacional, sino un lugar lleno de historias vividas.

La próxima vez que llegue al aeropuerto, fíjese en la gente: son historias en movimiento. Un consejo final: pregunte a los viajeros mayores por sus recuerdos. Un café en la Plaza de España, unos minutos y ya tendrá una pista viva de la historia de la isla. Un poco de nostalgia, algo de historia de la moda y de la aviación —y de repente un trayecto que suele ser breve por Palma se transforma en un pequeño viaje en el tiempo.

Perspectiva: Recoger, escuchar y exponer los testimonios de aquella época fortalece la memoria cultural de Mallorca. Quien quiera, hoy al pasear por la Rambla puede palpar los contornos de años pasados —entre sol, mar y el leve vuelo de un dobladillo de falda que antaño brillaba en el avión.

Preguntas frecuentes

¿Qué se siente al trabajar en aviación comercial en los primeros años, como contaba una azafata en Mallorca?

En los inicios de la aviación comercial el trabajo mezclaba elegancia, esfuerzo y mucha incertidumbre. Había jornadas largas, pernoctaciones a bordo y problemas técnicos que podían cambiar los planes en cualquier momento. También era una profesión que abría mundo y dejaba recuerdos muy intensos, tanto buenos como duros.

¿Es buena idea ir a la playa en Mallorca cuando no hace calor de pleno verano?

Sí, Mallorca también se disfruta fuera del calor más fuerte, especialmente si buscas pasear, comer con calma o ver el mar sin tanta gente. Cuando el tiempo es suave, como suele pasar en Palma en muchas jornadas de invierno, la isla tiene un ritmo tranquilo y agradable. Para bañarse, eso ya depende mucho de la temperatura del agua y de lo cómodo que se sienta cada uno.

¿Cómo vestían las azafatas en la aviación de antes y qué papel tenía el uniforme?

Los uniformes tenían un peso importante porque transmitían elegancia, orden y una imagen muy cuidada de la aerolínea. En aquella época, algunos modelos llevaban la firma de diseñadores conocidos y formaban parte del estilo general de viaje. No eran solo ropa de trabajo: también reflejaban la idea de modernidad y de servicio que marcó aquellos años.

¿Qué relación tiene Mallorca con la historia de la aviación y las azafatas?

Mallorca estuvo muy ligada al mundo de los vuelos y de las vacaciones, así que muchas trayectorias personales terminaron conectando con la isla. Para algunas personas, trabajar en aviación fue una forma de llegar y luego quedarse, convirtiendo Mallorca en hogar. Esa mezcla de turismo, movimiento y vida local forma parte de la memoria de la isla.

¿Qué consejos hay para hablar con personas mayores en Mallorca y escuchar sus recuerdos?

Lo mejor es hacerlo con calma, interés real y sin prisa. Un café, una conversación breve y preguntas sencillas suelen abrir recuerdos muy valiosos sobre Mallorca, el trabajo, los viajes o la vida de antes. Cuando alguien siente que de verdad le escuchan, la conversación suele volverse mucho más rica y humana.

¿Dónde se pueden escuchar historias locales en Palma de Mallorca?

Palma ofrece muchos lugares tranquilos donde la conversación surge con facilidad, como cafeterías, plazas o mercados. También pueden funcionar espacios culturales o bibliotecas si se organizan encuentros de memoria oral. Lo importante no es tanto el lugar exacto como el ambiente: un sitio donde la gente se sienta cómoda para hablar.

¿Qué aprendemos hoy de las primeras azafatas y de su forma de trabajar?

Su historia recuerda que volar no siempre fue cómodo ni rutinario, y que muchas profesiones se construyeron con esfuerzo y valentía. También muestran el valor de la atención al viajero, la imagen cuidada y la capacidad de adaptarse a cambios constantes. En Mallorca, esas memorias ayudan a entender mejor la relación entre la isla, el turismo y la vida cotidiana.

¿Qué recuerdo puede dejar un paseo por el aeropuerto de Mallorca?

Un aeropuerto siempre reúne despedidas, llegadas y vidas cruzadas, así que puede convertirse en un lugar lleno de pequeñas historias. En Mallorca, mirar a las personas que viajan también es una forma de pensar en generaciones anteriores y en cómo cambió el modo de volar. A veces, una conversación breve basta para conectar el presente con la memoria de la isla.

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