
Fira del Variat en Pere Garau: noche de barrio con tapas, música y sentido de vecindad
Cuando la Plaza Pere Garau se anima, se huele a croquetas, se escuchan guitarras y se encuentran vecinos: la Fira del Variat celebra precisamente esa pequeña felicidad. Una noche que muestra lo bonito que puede ser el vecindario en Mallorca.
Cuando se encienden las farolas: Fira del Variat crea magia de vecindario
Se nota nada más llegar: esto no es un evento pulido, sino de barrio. En la Plaza Pere Garau se encienden las farolas, pequeñas guirnaldas titilan con la brisa de la tarde y el aroma de croquetas recién fritas se desliza por las calles. Nueve bares y restaurantes han sacado sus mesas, la gente está hombro con hombro, se oye el tintinear de vasos y cubiertos y uno piensa por un momento en las vacaciones — pero en unas que tienen lugar en la esquina de casa.
Yo llegué sobre las 19:00. El sol todavía dejaba un cálido resto sobre los tejados, el mar parecía ya presente en la brisa nocturna. De camino a la plaza: gente con bolsas de la compra, padres con carritos, estudiantes que, de camino a casa, paraban a picar algo, y algunos jubilados que observaban el bullicio con atención. Los puestos se alinean hasta la esquina con la calle Argentina y llenan el paseo hacia el mercado. Por todas partes pequeños platos, pequeñas raciones, mucha curiosidad.
Tapas sin florituras — y por eso buenas
Los platos que se pasan aquí son honestos: croquetas crujientes con un corazón ahumado, una sabrosa ensaladilla rusa, champiñones a la plancha y pequeñas degustaciones con sobrasada local y distintos quesos. Nada que busque el espectáculo; todo invita al sabor. Las raciones son intencionadamente pequeñas: quien quiera quedarse lleno, debe planearlo — o simplemente saltar de puesto en puesto. Y eso forma parte de la diversión: probar, compartir, seguir adelante.
Risas infantiles y música callejera Entre las mesas hay dos pequeños escenarios. En uno, una banda acústica; en el otro, artistas callejeros y un programa infantil con zonas de pintura y maquillaje. Sobre las 21:30 sonó una canción infantil que pronto cantó media plaza — encantadora, algo desafinada, pero auténtica. Las voces, las risas y, de vez en cuando, el fuerte aplauso de un público satisfecho hacen la atmósfera hogareña; uno se siente como si estuviera en una gran cocina ruidosa donde todos han traído algo para compartir.
Por qué estas fiestas son buenas para Pere Garau
Estas noches muestran aquello que en el día a día a menudo pasa desapercibido: comercios que a veces parecen invisibles, cafés escondidos y personas que normalmente se cruzan sin hablar que, de repente, entablan conversación. Los hosteleros se benefician, claro — una propietaria se reía: «Hoy vendemos tres veces más croquetas.» Pero no se trata solo de negocio. Es visibilidad para los locales pequeños, encuentros entre generaciones y un pedazo de identidad para el barrio.
Son precisamente esos ingredientes poco espectaculares —las mesas improvisadas, la playlist espontánea, el niño que pasea con las manos manchadas de tiza— los que crean el encanto. Nada del brillo de los grandes eventos, pero mucha cercanía real. Y en comparación con las grandes fiestas de la isla, todo se siente más relajado: trayectos más cortos, caras conocidas, más tiempo para hablar con el hostelero.
Consejos prácticos para vuestra visita
Quien todavía quiera ir: lleven efectivo, calzado cómodo y un poco de paciencia para los puestos más populares. Vengan con hambre — y con ganas de compartir. Una copa de vino, dos tapas y una conversación larga con una banda: a menudo no hace falta más para ser feliz.
En conclusión: la Fira del Variat es una pequeña y bonita prueba de cómo puede funcionar la comunidad en Mallorca. Sin grandes artificios, pero con mucho sabor, ruido de voces y esa mezcla especial de vida cotidiana y pequeña fiesta. Me fui de la plaza cerca de la medianoche, felizmente cansado tras dos tapas de más, una copa de vino y una charla improvisada con una música. Así debe ser la cultura de barrio.
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