
Palma celebra: Gran cabalgata de los Reyes Magos llena las calles
Palma celebra: Gran cabalgata de los Reyes Magos llena las calles
Desfile vespertino en Palma: Los Reyes Magos llegan al Moll Vell a las 18:00, luego continúan con 24 carrozas y más de 400 participantes hasta la Plaza del Ayuntamiento.
Palma celebra: Gran cabalgata de los Reyes Magos llena las calles
Llegada por barco al Moll Vell, 24 carrozas engalanadas y toneladas de dulces
Cuando en Palma suenan las campanas y las luces en el Moll Vell acarician la superficie del agua, como en el espectáculo de luz y música del inicio del Adviento, se nota: esta noche es especial. A las 18:00 los Reyes Magos llegan a la antigua dársena, desembarcan y ponen en marcha un desfile que inunda el centro de risas infantiles y lluvia de confeti. La ciudad se ha vestido de fiesta; farolillos cuelgan, la gente se agolpa a lo largo del paseo y por las callejas —una escena que en enero no se espera siempre, pero que resulta especialmente hermosa.
El desfile recorre puntos conocidos: pasa por el Passeig Marítim con vistas al mar, por el ambiente marinero del Moll Vell, sigue hacia La Llotja y finalmente hasta la Plaza del Ayuntamiento, la Plaça Cort. Están inscritas 24 carrozas completamente nuevas y más de 400 figurantes acompañan a los Reyes Gaspar, Melchor y Baltasar — jinetes, bailarines, grupos musicales y acróbatas. Además, montones de dulces: lanzar caramelos a los niños es tradición y provoca gran alegría entre los espectadores.
La noche tiene un aire familiar: murmullo de voces, el tintinear de una taza de café en la terraza de la esquina, niños con coronas de cartón, vendedores ofreciendo castañas calientes. El viento de la Tramuntana recuerda con su frescor que estamos en una isla — lo suficiente para cerrar las chaquetas, pero no tan frío como para enfriar el ambiente. La gente se apoya en las balaustradas de las fachadas antiguas, los teléfonos graban breves secuencias; aquí se mezcla lo cotidiano con la fiesta.
Para las familias, el desfile es un punto fijo: muchos vecinos montan pequeños miradores en las aceras, los vecinos ceden sus sillas a desconocidos y los padres acercan los cochecitos al lado del mar. Son gestos sencillos, no espectaculares, pero típicamente mallorquines: compartir para que todos vean. El Ayuntamiento de Palma coordina la hora de llegada en el Moll Vell y la ruta hasta el Ayuntamiento para que el evento transcurra de forma ordenada.
¿Por qué es bueno para Mallorca? Porque estas tradiciones reavivan las raíces sociales. El desfile reúne generaciones: abuelos que cuentan historias de antaño, padres que hacen fotos y niños que pierden la corona a los cinco minutos pero vuelven a casa con bolsillos llenos de azúcar. Para la economía local, las aglomeraciones son un impulso bienvenido: los cafés se llenan, los puestos del mercado venden más rápido y las pequeñas tiendas de la ruta se benefician del aumento de peatones.
Consejos prácticos para lectoras y lectores: llegad con tiempo — una hora antes del inicio se consiguen los mejores lugares a lo largo del paseo. Fijad puntos de encuentro adecuados para niños (un café o una farola característica funcionan bien). Usad transporte público o los autobuses urbanos bien programados; el aparcamiento en el casco antiguo es limitado. Traed una bolsa reutilizable para los dulces (bolsas de papel o tela son mejores que las de plástico) y vestíos por capas para la noche.
Un detalle cotidiano que suele pasar desapercibido: después de los desfiles, los vecinos y los grupos locales a menudo recogen de forma espontánea, juntan papel y decoración o ayudan a personas mayores a cruzar la calle. No es un gran alboroto, es más bien una limpieza silenciosa de la comunidad — y eso es precisamente lo que hace que la escena resulte tan entrañable.
Perspectiva: quien quiera conservar el encanto de hoy puede ayudar con pequeños gestos — una sonrisa a familias desconocidas, una mano amiga para recoger coronas extraviadas, respeto hacia vecinos y transeúntes. Estos actos hacen que el evento sea más que un espectáculo; son oportunidades para reencontrar el tejido vecinal.
Al final queda la imagen del Moll Vell: luces que bailan sobre el agua, niños estirando las manos por los caramelos y los tres Reyes que avanzan lentamente hacia el Ayuntamiento. Sin fuegos artificiales, sin grandes efectos — simplemente gente reunida. Y en una isla como Mallorca, eso basta para calentar el corazón.
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