
300.000 euros en el Born: el Grupo Cappuccino reactiva el bar del Casal Solleric — oportunidades, riesgos y preguntas abiertas
Tras años de inactividad, el Grupo Cappuccino ha ganado la concesión del bar en el Casal Solleric. Alta renta, gran terraza en el Born — ¿qué significa esto para los vecinos, la protección del patrimonio y el carácter del barrio?
El bar del Casal Solleric debe renacer tras años de pausa
Quienes en los últimos años han paseado por el Paseo del Born — historia y descripción conocen la imagen: ventanas cerradas, sillas polvorientas y el leve eco de la ciudad por los pasillos del Casal Solleric. Desde 2020 el bar allí estuvo cerrado. Ahora algo se mueve: el Grupo Cappuccino ha ganado la oferta de arrendamiento y quiere reabrir los locales. La oferta de 300.000 euros al año —más de seis veces la puja mínima— fue lo que inclinó la decisión.
Una pregunta sencilla, muchas consecuencias
La pregunta principal se dice rápido pero es difícil de responder: ¿Será el regreso de la gastronomía al Casal Solleric una ganancia para el barrio —o otro signo de la imparable comercialización del Born? Entre el repique de las campanas, el pisar de los repartidores y el tintinear de las tazas de espresso hay más que intereses empresariales.
Se plantea, sobre todo, una terraza más amplia directamente en el Born. Es comprensible: en verano las mesas se llenan de turistas, nómadas digitales que trabajan y vecinos mayores que dejan pasar el mundo. Si el Ayuntamiento de Palma — trámites y normativa aprobará el mobiliario exterior tal y como se desea, si se permitirán cambios en la fachada —son preguntas abiertas que afectan al carácter del edificio histórico.
La imagen numérica —más que una instantánea
300.000 euros anuales por un arrendamiento de cuatro años con opción de prórroga es una declaración ruidosa. Muestra que la gastronomía en Palma sigue siendo un mercado muy disputado. Para la ciudad significa seguridad de planificación e ingresos; para el operador, la oportunidad de colocar un concepto visible y prominente. Para otros actores —pequeños cafés, panaderías locales, iniciativas artísticas— es una llamada de atención: los costes de local suben, el suelo se vuelve más escaso.
Poco se discute: ¿quién asume los costes cuando los alquileres desplazan a la gastronomía vecinal típica? ¿Y cuánto espacio público quedará si los grandes operadores reclaman superficies?
Vecinos, visitantes, vida cotidiana —expectativas mixtas
He hablado con vecinas y clientes habituales: el ambiente es de prudente optimismo. Algunos esperan con ilusión el aroma del café recién hecho por la mañana, el repiqueteo de las tazas, la voz conocida del camarero. Otros temen el ruido, el tráfico de suministros y la desaparición de esos rincones íntimos donde se lee un libro sin que te molesten.
Muy importante: muchos desean un funcionamiento diurno —un lugar que también esté vivo por la mañana y la tarde, no solo un local ruidoso por la noche. Esto encaja con el Grupo Cappuccino, que hasta ahora se ha centrado en conceptos de cafetería y bar, no en formatos estridentes de club.
Aspectos que suelen quedar fuera del debate público
1) Patrimonio vs presión de uso: el Casal Solleric forma parte del tejido histórico. Fachada, ventanas, accesos son sensibles. Las intervenciones deben ser cuidadosas —y eso lleva tiempo y dinero.
2) Sostenibilidad y abastecimiento: más clientela significa más residuos, mayor demanda energética y más tráfico de suministro. Suele faltar un plan con compra local, logística climáticamente responsable y prevención de residuos en las fases iniciales del arrendamiento.
3) Mezcla social: los altos precios de alquiler favorecen a empresas ya consolidadas. El riesgo: el barrio pierde diversidad, se homogeneiza y encarece.
Oportunidades concretas y propuestas de solución
La reactivación puede funcionar —si el ayuntamiento, el operador y los vecinos toman en serio algunos puntos:
Proceso participativo de diseño: Audiencias públicas sobre el tamaño de la terraza, horarios de apertura y franjas de entrega. Un diálogo breve y vinculante reduce conflictos posteriores.
Programa cultural obligatorio: Una cláusula contractual que prevea actividades culturales regulares en el interior o en la terraza —lecturas, veladas fotográficas, proyectos musicales juveniles.
Requerimientos de sostenibilidad: Separación de residuos, Directiva de la Unión Europea sobre plásticos de un solo uso, colaboración preferente con proveedores locales y un plan para equipamiento de cocina eficiente energéticamente.
Período de prueba con evaluación: La duración de cuatro años es adecuada para realizar un balance intermedio a los dos años con participación ciudadana y, si procede, ajustar condiciones.
Qué ocurre ahora —y qué esperar
Antes de que vuelvan a sonar las tazas, hacen falta permisos, trabajos interiores y coordinaciones. No hay fecha de apertura; mi apuesta es la primavera —cuando florezcan los naranjos en el Born y comience la temporada de terrazas. Hasta entonces hay tiempo para acordar buenas normas.
Al final, el Casal Solleric podría volver a ser un punto de encuentro: con olor a café por la mañana, el murmullo de conversaciones por la tarde y el equilibrio justo entre uso económico y conservación de la vida cotidiana urbana. O será otro punto brillante en Palma que mostrará, sobre todo, que el espacio en esta ciudad se compra cada vez más caro. Nos toca distinguir una cosa de la otra —y exigir soluciones que mantengan el barrio habitable.
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