Ambulancia privada con positivo en cocaína en Son Castelló, involucrada en choque que dejó un motociclista muerto.

Son Castelló: ambulancia privada da positivo por cocaína — muere un motorista

Una ambulancia privada que dio positivo en un test de cocaína estuvo implicada en un accidente en Son Castelló. Un motorista falleció. ¿Por qué pudo convertirse un vehículo de emergencia en un peligro?

Alboroto en Son Castelló: cuando una ambulancia se convierte en peligro

Ayer, sobre las 13:10, un estruendoso impacto interrumpió la tranquila pausa del mediodía en el polígono industrial Son Castelló. En la Calle Industria yacían dos vehículos volcados; sanitarios y transeúntes se agolpaban en el lugar del accidente, según el Accidente mortal en Son Castelló: motociclista muere, ocupantes del coche huyen. El motorista de 66 años fue reanimado en el lugar, pero falleció después, a pesar de las rápidas maniobras de salvamento.

Clientes habituales de un café en la pequeña plaza recuerdan el tintineo del cristal, el silbido de las cintas de precinto y el constante ruido de las carretillas elevadoras, que aquí forman parte del día a día. Un espresso quedó a medio tomar; vecinos desde los balcones seguían lo ocurrido, algunos con lágrimas en los ojos. La pregunta que luego se escucha en los labios de la gente es: ¿cómo puede un vehículo que debería salvar vidas convertirse él mismo en una amenaza mortal?

El conductor: test de drogas positivo, continúa la investigación

Fuentes policiales confirman que el conductor de la ambulancia privada dio positivo en un test de drogas por cocaína. Fue detenido provisionalmente y fue interrogado en el lugar del accidente. Las calles permanecieron cortadas durante horas y el tráfico fue desviado, según el Tres ocupantes más se entregan tras accidente mortal en Palma. Los investigadores aseguran pruebas, analizan las cámaras y toman declaración a numerosos testigos, pero las pesquisas no responden a todas las inquietudes de quienes presenciaron el suceso.

Muchos en Son Castelló están ahora conmocionados en dos direcciones: por un lado, el duelo por el fallecido y sus familiares, que depositan flores y velas en la plaza; por otro, la sensación de que la confianza en el servicio de emergencias se ha visto dañada. En las redes sociales algunos relatan haberse librado por poco de choques con vehículos de asistencia privados. En una zona donde a diario suenan las bocinas de furgonetas y los operarios con las manos manchadas de aceite trabajan en los vehículos, aumenta el escepticismo hacia los servicios gestionados por empresas privadas.

Pregunta clave: ¿por qué pudo una ambulancia destinada a salvar vidas convertirse en un peligro?

Esta cuestión no es solo relevante desde el punto de vista jurídico, toca el núcleo de lo que significa una promesa de auxilio. Quien llama al teléfono de emergencias espera profesionales formados y una técnica fiable. Si esa imagen se resquebraja por un incidente como el ocurrido en Son Castelló, la cuestión va más allá de un solo conductor: trata de estructuras, controles y responsabilidades.

En el debate público se habla con demasiada frecuencia poco de las condiciones laborales en las que operan los servicios de ambulancia privados. Contratos flexibles, jornadas extensas, supervisión deficiente o la ausencia de controles de rutina no son notas al pie, sino factores de riesgo potenciales. También se soslaya la pregunta de qué vehículos pueden realmente utilizar derechos especiales y cómo se registra su uso.

Lo que a menudo se pasa por alto: debilidades sistémicas en lugar de personalizar

Es fácil, en momentos así, condenar a una sola persona. Eso duele a los allegados y puede estar justificado. Pero el debate debería además iluminar las causas estructurales: ¿cómo se autoriza a los proveedores privados? ¿Existen formaciones obligatorias, evaluaciones psicológicas o pruebas de drogas aleatorias? ¿Se registran y analizan centralmente los datos de las intervenciones? En Son Castelló hoy se escucharon voces que denunciaban precisamente estas lagunas.

Pasos concretos que ahora tienen sentido

1) Pruebas de drogas regulares e inesperadas para el personal que utiliza derechos especiales. Estas pruebas deben quedar contractual y legalmente respaldadas para que sean eficaces.

2) Registros tipo "caja negra" en los vehículos de intervención: GPS, velocidad, uso de las luces azules y la señal acústica, así como los datos de la dashcam deberían guardarse de forma rutinaria para hacer los incidentes trazables, como recoge Accidente en Cala Rajada: conductor detenido por conducir bajo la influencia de drogas.

3) Estándares uniformes para la formación, la actualización profesional y la aptitud psicológica, también para los operadores privados. Uniforme significa: las mismas pruebas, los mismos requisitos mínimos.

4) Transparencia y control: un registro público de proveedores autorizados, auditorías periódicas por parte de la autoridad sanitaria y canales claros para las quejas ciudadanas.

5) Sensibilización de la población: formación sobre cómo actuar ante vehículos con luces prioritarias y cuáles son los derechos de los vehículos de emergencia. Menos pánico en la calzada suele conllevar menos riesgo.

Perspectivas: investigaciones, consecuencias y necesidad de reformas

Se pueden emprender acciones legales contra el conductor, así como medidas disciplinarias frente al responsable de la empresa que operaba el vehículo. Sin embargo, los procesos penales por sí solos no bastan para recuperar la confianza. En Son Castelló hoy se depositan flores y se plantean preguntas. Si las autoridades, los operadores y la ciudadanía entablan un diálogo, la crisis puede convertirse también en un punto de inflexión: para normas más claras, controles mejores y estándares fiables.

El fuerte estruendo de ayer resonará durante mucho tiempo en los oídos de los vecinos. La respuesta sobre cómo evitar que tragedias como esta se repitan debe escucharse más alto que el ruido de las carretillas elevadoras en la Calle Industria.

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