Mujer multada tras grave ataque por mordedura de perro: ¿Quién protege a los voluntarios en Mallorca?

Mujer multada tras grave ataque por mordedura de perro: ¿Quién protege a los voluntarios en Mallorca?

Una voluntaria fue gravemente herida por un American Bully llamado Bruno y ahora la policía local de Bunyola la sanciona por no tener permiso para «perros potencialmente peligrosos». Una práctica que plantea preguntas.

Mujer multada tras grave ataque por mordedura de perro: ¿Quién protege a los voluntarios en Mallorca?

Pregunta central: ¿Es proporcional el procedimiento sancionador contra la víctima y dónde queda la protección para quienes trabajan en refugios?

El 21 de julio una voluntaria del refugio Son Reus, en el norte de la isla, resultó gravemente herida cuando intentaba ponerle el bozal a un American Bully para que el animal pudiera entrar en una clínica veterinaria en Palmanyola. El perro, conocido como Bruno y según el refugio parcialmente ciego, mordió a la voluntaria en ambos brazos y en el pecho. Fue trasladada al hospital Son Espases, fue intervenida de urgencia y recibió atención médica en brazos y pecho. Otros episodios de mordeduras se han publicado, por ejemplo Ataque a un parque infantil en Palma: una niña de cuatro años herida por mordedura de perro.

Pocos días después de este incidente, la policía local de Bunyola inició un procedimiento sancionador contra la lesionada por no contar con la autorización administrativa para la tenencia de los llamados perros potencialmente peligrosos. Las cantidades posibles son elevadas: entre 2.400 y 15.000 euros, según el rango legal con el que deben contar las personas afectadas; esto recuerda otros fallos, como Palma debe pagar 106.700 euros: fallo tras caída en zona canina sin iluminación. Al mismo tiempo, el perro está bajo custodia de la autoridad de protección animal Cepad y ha sido puesto en cuarentena en instalaciones de Santa Eugènia. Informaciones del entorno del refugio indican que Bruno ya había mordido a otra persona poco antes en Menorca.

Esta combinación —voluntarios heridos y, al mismo tiempo, destinatarios de una multa— resulta amarga e irritante. En Mallorca muchos voluntarios se implican en las perreras y centros de acogida privados; suelen ser quienes recogen, cuidan y preparan a los animales para la adopción. Casos de maltrato y abandono, como Perra en un contenedor de basura: lo que el caso de Pollença revela sobre nuestra relación con los animales, evidencian que el sistema falla en varios frentes.

Lo que falta en el debate público es una clara distinción entre propietarios, titulares y personas con permiso temporal de manejo. La normativa actual exige autorizaciones especiales para mantener determinadas razas o animales, pero es menos clara respecto a cómo actuar cuando una persona no es titular permanente, sino voluntaria encargada temporalmente o acompañante en el transporte al veterinario. También falta una práctica obligatoria para los refugios que minimice los riesgos en el manejo de perros problemáticos: por ejemplo, protocolos de transporte claros, bozales obligatorios o acompañamiento por personal formado.

Escena cotidiana en la isla: a primeras horas en el mercado de Bunyola se oye el zumbido de una furgoneta, la señora mayor que coge su bolsa de almendras en el puesto de fruta, y en la clínica veterinaria de Palmanyola un leve repiqueteo de papeles, un apiñamiento de gente con transportines y correas. Voluntarios corren entre el coche y la entrada, intentan calmar una situación delicada —y arriesgan, a la vez, convertirse en el centro de problemas jurídicos—; casos en espacios públicos, como Pitbull hiere a una niña de cuatro años en Palma: la dueña abandona el lugar, lo recuerdan.

Análisis crítico: la multa contra la afectada parece un reflejo burocrático que oculta los problemas reales. En lugar de abordar la cuestión de responsabilidades y prevención, se sanciona a una persona. Decisiones así pueden desalentar el voluntariado, que ya suele operar al límite de recursos y seguridad jurídica. Es especialmente problemático que el perro ya tuviera un incidente en Menorca: eso indica una supervisión insuficiente en los procesos de acogida y traslado entre islas.

Propuestas concretas que deberían debatirse ahora: 1) Una excepción o régimen transitorio claramente definido para los voluntarios registrados en refugios oficiales que trabajen temporalmente con «perros peligrosos», condicionado a formación y acuerdos de responsabilidad. 2) Normas uniformes para el transporte seguro y la presentación de perros en clínicas (bozal obligatorio, dos acompañantes, transportines seguros). 3) Un registro e intercambio de información liderado por las Islas Baleares sobre incidentes con perros, de modo que antecedentes de mordeduras se tengan en cuenta en decisiones de acogida. 4) Asesoramiento jurídico gratuito para las víctimas de ataques de animales, para evitar cargas económicas adicionales. 5) Más recursos para los centros de acogida, para que los animales de riesgo sean atendidos adecuadamente en lugar de ser reubicados apresuradamente.

Medidas que se podrían tomar de inmediato: la policía municipal de Bunyola podría suspender el procedimiento hasta aclarar en qué papel actuó la mujer —si como titular o como voluntaria de una entidad oficial. Son Reus y Cepad podrían publicar protocolos de manejo vinculantes y demostrar que trabajan sistemáticamente en procesos seguros. Y la conselleria de Salud podría comprobar qué medidas de protección deberían ser obligatorias en las visitas al veterinario.

Conclusión: no solo es triste que una voluntaria resultara herida. Es alarmante que la respuesta del sistema sea imponer una multa a la víctima. Eso manda un aviso a todos los voluntarios de la isla: cuidado, tu trabajo puede salirte caro. Quienes protegen animales no deben quedarse desamparados por normas pensadas para los titulares y aplicadas a las personas que ayudan. Necesitamos soluciones pragmáticas y claras desde el punto de vista jurídico —y rápido— antes de que más voluntarios abandonen su labor.

Preguntas frecuentes

¿Qué protección deben tener los voluntarios que trabajan con perros potencialmente peligrosos en Mallorca?

La normativa vigente exige autorizaciones para ciertos perros, pero no siempre aclara el papel de voluntarios temporales o acompañantes. Se necesitan reglas claras y protocolos de seguridad para quienes trabajan en refugios y trasladan perros a clínicas. También se propone asesoramiento jurídico y recursos para los refugios.

¿Qué ocurrió exactamente con la voluntaria herida y por qué genera debate la actuación hacia ella en Mallorca?

Una voluntaria resultó herida al intentar colocar un bozal a un perro en Mallorca y recibió una multa por no tener autorización para la tenencia de perros potencialmente peligrosos. El caso ha generado debate sobre la proporcionalidad de la sanción y sobre quién debe responsabilizarse cuando voluntarios trabajan con estos animales. También se señala la necesidad de normas claras para voluntarios temporales y para el traslado seguro a clínicas.

¿Qué medidas concretas se proponen para evitar incidentes en refugios de Mallorca?

Se plantean protocolos de manejo y transporte para perros problemáticos, uso de bozales y acompañamiento por personal formado, además de un registro de incidentes para antecedentes. También se sugiere que los refugios cuenten con formación y recursos para mejorar la seguridad. Estas medidas buscan reducir riesgos y clarificar responsabilidades.

¿Qué papel juegan Son Reus y Cepad en la gestión de incidentes en Mallorca?

Son Reus es un refugio y Cepad es la entidad de protección animal; ambas entidades deben intervenir para gestionar incidentes, establecer protocolos y garantizar seguridad. Se espera que publicuen normas de manejo y que cooperen para evitar situaciones similares. Su labor es clave para cuidar a los animales y a las personas que los atienden.

¿Qué medidas de transporte seguro se recomiendan para perros que requieren visita veterinaria en Mallorca?

Se recomiendan estas prácticas: bozales obligatorios cuando corresponde, dos acompañantes y transportines seguros para el traslado, con supervisión de personal formado. Estas pautas buscan reducir riesgos durante el traslado a clínicas y proteger tanto al animal como a las personas. Cada traslado debe planificarse con responsabilidad y previsión.

¿Qué derechos tienen los voluntarios si reciben una sanción administrativa en Mallorca?

Se señala la necesidad de asesoramiento jurídico gratuito y de claridad sobre si la persona actúa como titular o voluntaria, para evitar cargas indebidas. También se sugiere suspender el procedimiento hasta aclarar el papel real del involucrado. Es importante contar con apoyo legal y orientación clara.

¿Qué pasos inmediatos se pueden tomar para mejorar la seguridad en refugios de Mallorca?

Publicar protocolos de manejo, impartir formación al personal y asegurar supervisión constante son pasos clave. También conviene revisar procesos de acogida y traslado de perros para minimizar riesgos. Con estas medidas, se mejora la seguridad y la confianza de quienes trabajan con animales.

Si alguien sufre un ataque de perro en Mallorca, ¿qué hacer para recibir apoyo y orientación legal?

Acudir al hospital para recibir atención médica y reportar el incidente a las autoridades. Buscar asesoría legal, preferiblemente gratuita, y apoyar la recopilación de antecedentes para futuras gestiones. Esto ayuda a gestionar la situación de forma adecuada y evitar cargas innecesarias.

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