
Palma bajo las bombas: ¿Quién recuerda, quién reprime? Un reality-check
Palma bajo las bombas: ¿Quién recuerda, quién reprime? Un reality-check
Palma fue objetivo de ataques aéreos masivos durante la Guerra Civil española. ¿Por qué tan pocos nombres, por qué es ahora cuando se realiza un inventario científico? Una mirada a las víctimas, las lagunas de la memoria y pasos concretos para la isla.
Palma bajo las bombas: ¿Quién recuerda, quién reprime? Un reality-check
¿Por qué las víctimas de los ataques aéreos en Palma han sido tan poco visibles durante tanto tiempo?
Pregunta central: ¿Cómo pudo ocurrir que una ciudad que hoy está animada en la temporada alta por las multitudes de turistas conociera durante casi un siglo los nombres de sus ciudadanos y ciudadanas muertos en la lluvia de bombas de la guerra civil solo de forma fragmentaria?
Los datos son duros y claros: solo en Palma 79 personas murieron a causa de los ataques aéreos, 97 en toda la isla; entre ellas 32 mujeres y 17 menores. Historias concretas, como la de Maria Massanet Vidal, que falleció el 20 de agosto de 1936 en la Plaça Camp d’en Serralta, o las familias que en mayo de 1937 quedaron destrozadas en la Plaça Pes de Sa Palla y en la Calle Velázquez, hacen palpable la magnitud. Esos nombres se han reunido ahora en un inventario científico, una obra que el Consell Insular distinguió con el premio literario a la mejor investigación 2025.
Análisis crítico: Hay buenas razones para elogiar la investigación histórica. Pero también surgen preguntas: ¿Por qué se tardó tanto en identificar a familiares y víctimas? ¿Qué papel jugó una cultura de la memoria políticamente más complaciente, que prefería cuidar algunos relatos y evitar otros? Una parte de la respuesta está en la configuración política tras la guerra. Otra reside en la decisión sobre qué historias merecen ser recordadas. Como entonces se suponía que los perpetradores no eran los franquistas sublevados, sino los bombardeos de los republicanos, estas víctimas quedaron atrapadas en una compleja trama de atribución de culpa y de silencio.
Lo que falta en el discurso público: primero, una lista abierta y documentada de todas las víctimas, accesible y mantenida. Segundo, una discusión honesta sobre responsabilidades en lugar de una narrativa simplificada que oscila entre “víctimas civiles” y el chivo expiatorio “francés”. Tercero, una infraestructura de memoria en la isla: no meras anotaciones en libros especializados, sino señales visibles en el espacio público, materiales didácticos para las escuelas y una base de datos digital con referencias a las fuentes.
Observación cotidiana en Palma: quien hoy pasea por el barrio de Santa Catalina huele aceite de oliva, oye el tintinear de las tazas de los cafés y ve a padres jóvenes con carritos. En la Plaça de Sant Antoni un hombre mayor se sienta en un banco y da de comer a las palomas. Pocos imaginarían que allí, precisamente, escombros de bombas destrozaron casas. Esta convivencia del día a día con el horror pasado hace aún más evidente la falta de visibilidad de las víctimas.
Propuestas concretas: 1) Elaborar y publicar en línea una lista pública y verificada de víctimas, con referencias a las fuentes, lo más accesible posible. 2) Colocar placas conmemorativas en los lugares con ataques documentados, con texto explicativo en catalán, español e inglés. 3) Fomentar la colaboración entre investigadores, ayuntamientos y centros escolares: un módulo curricular que vincule las historias locales con la memoria europea. 4) Financiar proyectos de historia oral para asegurar las últimas entrevistas a testigos. 5) Establecer un día anual de recuerdo en la isla, en el que los municipios informen y conmemoren de forma específica.
Un primer paso práctico sería instalar, en los lugares de ataques conocidos, pequeñas señales discretas: una fecha, un nombre, una breve línea de contexto. No como una declaración política, sino como una invitación a informarse. Cuesta poco y envía una señal pública: aquí pasó algo, aquí ya no se pasará por alto a las personas.
Otro paso institucional: el Consell Insular y el Ayuntamiento deberían encargar conjuntamente un archivo digital que reúna documentos, fotos y listas oficiales. La investigación ha dado el primer paso; la administración puede hacer que ese material llegue a un público amplio. Las escuelas pueden desarrollar proyectos locales a partir de ese material: un archivo escolar, rutas con testigos, trabajos creativos que mantengan viva la memoria.
Conclusión contundente: la memoria no es un lujo, es la base de la democracia. Si Palma queda en la historia como un ejemplo temprano de ataques aéreos sistemáticos contra centros civiles, la ciudad también debe visibilizar los nombres de quienes murieron entonces. No para reabrir heridas, sino para trasladar a la actualidad la amarga lección del pasado. El aire que hoy vibra sobre la Plaça de Sant Antoni no debería colocar el manto del olvido sobre quienes aquí, bajo las bombas, simplemente dejaron de llegar.
El libro «Mallorca en llamas” ha hecho visible una pequeña mancha en el paisaje urbano. Ahora corresponde a la política y a la sociedad convertirla en una memoria abierta y duradera.
Preguntas frecuentes
¿Qué tiempo suele hacer en Mallorca en mayo?
¿Se puede ir a la playa en Mallorca en mayo?
¿Qué ropa conviene llevar a Mallorca en mayo?
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