
Dos Palmas: Por qué crece la brecha salarial en Palma — y qué debería hacerse ahora
Sant Jaume gana de media casi 69.500 euros al año, Arenal solo alrededor de 25.600. Los nuevos datos muestran una ciudad con realidades de vida divididas. ¿Cómo queremos afrontarlo?
Dos Palmas: Por qué la brecha salarial se profundiza
La semana pasada, poco después del amanecer, se oían las campanas de la iglesia sobre la Plaça Cort, gaviotas gritando desde el puerto — y en medio los puestos animados del Mercat de l’Olivar. Palma parece, como siempre, colorida y ruidosa; Dos Palmas en una ciudad: por qué el dinero divide las calles. Pero los datos de ingresos del Instituto Nacional de Estadística recién publicados desvelan una verdad menos idílica: en algunos barrios la economía es completamente distinta a la de tan solo unas calles de distancia.
En la cima está Sant Jaume con una media de alrededor de 69.500 euros de ingreso neto anual; en el fondo se sitúa Arenal con aproximadamente 25.600 euros. Estas disparidades no son académicas: moldean el paisaje urbano: la calidad de la vivienda, la oferta de tiendas y restaurantes, el tipo de guarderías e incluso las aulas escolares.
La mecánica tras el desfase
Diferencias como estas surgen de forma gradual: en Sant Jaume hay más empleos fijos, puestos de oficina, abogados y locales orientados a una clientela de mayor poder adquisitivo. En barrios como Pere Garau, Coll d’en Rabassa o Son Cladera domina a menudo el empleo estacional: turismo, hostelería, auxiliares de obra y trabajos ocasionales con remuneración insegura. Una panadera de Son Cladera, que empieza cada mañana a las 3, lo resumió así: «Trabajamos duro, pero al final no alcanza.»
Se presta menos atención a cuánto distorsionan la informalidad y la pluriempleabilidad la imagen: varios mini-trabajos, economía sumergida y contratos a corto plazo insensibilizan las medias, pues ocultan la volatilidad de los ingresos familiares. Igual de importante es la gentrificación en zonas céntricas, que empuja los precios de los alquileres al alza y desplaza a colectivos, de modo que los barrios más acomodados tiran aún más hacia arriba mientras los más pobres se hunden.
Lo que los números no muestran directamente — pero se siente
En el Paseo Marítimo se escuchan por la mañana conversaciones distintas a las del mercado de Pere Garau. Entre tiendas de diseño y puestos de segunda mano no solo hay una brecha económica, sino también social: el acceso a la atención sanitaria, la educación y la conciliación infantil está distribuido de forma desigual. Las escuelas en barrios con menos ingresos suelen tener menos recursos, los progenitores menos tiempo para actividades de refuerzo, y las distancias a oficinas de empleo o programas de formación son mayores.
Un taxista que me llevó del Paseo Marítimo al puerto dijo con sequedad: «Palma es como un libro dividido: dos capítulos.» Irónico, pero acertado. A corto plazo esos capítulos no se van a fusionar.
Puntos de acción concretos: qué puede hacer la ciudad ahora
La pregunta sigue siendo central: ¿Cómo queremos vivir juntos si los ingresos fluctúan tanto? Algunos palancas posibles, que en el debate suelen pasar desapercibidas, son sin embargo practicables:
- Reinvertir ingresos del turismo de forma dirigida. Una reutilización del impuesto turístico para vivienda social, guarderías y atención a jornada completa actuaría directamente donde la economía estacional golpea a las personas.
- Política de vivienda orientada a la demanda. Modelos de alquiler mixtos y solares municipales con cuotas sociales claras evitan que calles enteras se conviertan en zonas exclusivas. También ayudan las cooperativas y las limitaciones en los precios del alquiler.
- Fortalecer la educación y la cualificación en el lugar. Oficinas móviles de asesoramiento, programas orientados al empleo en barrios como Coll d’en Rabassa y subvenciones específicas para las escuelas reducen la desigualdad a largo plazo.
- Programas de empleo fuera de temporada. Fomentar empresas locales y ampliar la oferta cultural y deportiva fuera de temporada crea empleo estable en lugar de depender únicamente de la estacionalidad.
- Servicios orientados al territorio social. Más trabajadores sociales, plazas de guardería flexibles y servicios sanitarios de fácil acceso que lleguen a las personas —no solo concentrados en Sant Jaume—.
¿Quién asume la responsabilidad?
Administración municipal, gobierno insular y actores privados deben trabajar conjuntamente. Hace falta establecer objetivos transparentes (por ejemplo, porcentaje de vivienda social, tasa de apoyo educativo por barrio) y un sistema de seguimiento que mida no solo la media de ingresos, sino la distribución y la precariedad. La participación local —foros de barrio, presupuestos participativos— podría ayudar a orientar las prioridades según las necesidades reales.
Palma es ruidosa, olorosa, contradictoria: los vendedores gritan, los niños juegan en la acera y al fondo ruge el tráfico del puerto. Los datos dejan claro que la imagen urbana no es un estado natural, sino el resultado de decisiones políticas y económicas. Sería fatal permitir que la brecha siga ampliándose y confiar en supuestos equilibradores naturales.
Conclusión: La brecha salarial en Palma es real y está creciendo. Quien planifique e invierta ahora —con medidas claras y poco burocráticas— puede hacer la ciudad habitable para más personas. Quien espere, corre el riesgo de que «dos Palmas» sean capítulos permanentes.
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