
La nueva zona del parque La Femu en s'Olivera (Palma): ¿buena idea y bien planificada o solo un bonito revestimiento?
El parque La Femu en s'Olivera ha sido renovado y luce bien: circuito de fitness, mesas de ping-pong y petanca. La pregunta central sigue siendo: ¿fue prioritaria la inversión de 218.000 euros y qué pasos deben tomarse ahora?
Más que color y aparatos: lo que realmente significa la nueva sección del parque en Palma
En una mañana clara en Palma, cuando las cafeterías de la avenida aún desprenden el primer aroma de un café con leche y los dueños de perros dan su paseo con ojos somnolientos, hay un nuevo sonido en s'Olivera: el leve golpe de las palas de ping-pong, el rodar regular de una bola de petanca, el tintineo de una barra de escalada bajo las manos. El parque La Femu ha recibido una actualización: barra de escalada, circuito de fitness, varias mesas de ping-pong y un campo de petanca. Proyectos similares en la ciudad, como la renovación de Sa Feixina, muestran medidas parecidas. Para los vecinos supone una mejora palpable en la calidad de vida. Pero la cuestión del coste no se puede pasar por alto.
Pregunta central: 218.000 euros – ¿bien invertidos?
El ayuntamiento cifra la inversión en alrededor de 218.000 euros. A primera vista, la suma parece considerable para un parque de barrio. ¿Qué se obtiene por ello? Nuevos aparatos, árboles jóvenes, más asientos, planificación de sombra y la previsión de un toldo solar, además de la ampliación del área de juegos infantiles prevista para el próximo año. Son medidas sensatas. Pero: lo decisivo no es solo lo construido, sino cuán sostenible e inclusiva es la ejecución, como se debate también en proyectos municipales de mayor envergadura como la rehabilitación de El Terreno.
Breve análisis: El equipamiento está dirigido a tres grupos concretos: adultos activos, aficionados al ping-pong y la petanca, y familias con niños pequeños. Eso no está mal ni resulta sorprendente. Menos visibles son los costes posteriores: iluminación, cuidado de los árboles nuevos, limpieza tras actos de vandalismo, posibles reparaciones de los aparatos y el mantenimiento de las mesas de ping-pong. Todo eso requiere dinero y personal, y es un gasto anual, no solo puntual. Proyectos que combinan deporte y zonas verdes, como el proyecto de Luis-Sitjar, plantean retos similares.
Lo que apenas aparece en el debate público
En las conversaciones con vecinas y vecinos queda claro pronto: se alegran de los espacios de encuentro. Marta, de la calle Marina, celebró que sus nietos ahora tengan un lugar seguro para jugar. Los mayores que juegan a la petanca por las mañanas también están contentos. Pero dos aspectos suelen quedar fuera del debate:
Primero: accesibilidad. ¿Son los caminos lo bastante anchos para andadores y cochecitos de bebé? ¿Están los aparatos sobre un suelo antideslizante? Segundo: datos de uso. ¿Con qué frecuencia se usa realmente el circuito y en qué franjas horarias? Sin mediciones regulares no se puede evaluar si la adquisición fue la mejor solución para este lugar concreto. La experiencia en el nuevo parque del Paseo Marítimo puede ofrecer lecciones sobre uso y mantenimiento.
Oportunidades concretas y propuestas
El ayuntamiento puede sacar más provecho de esta mejora si ahora adopta algunos pasos concretos: primero, un plan de mantenimiento claro con presupuesto transparente. Así se evita a largo plazo que los aparatos se deterioren y que la inversión se desperdicie. Segundo, la implicación del vecindario: padrinazgos para los árboles o un grupo de voluntarios pueden reducir costes de mantenimiento y fortalecer la identificación con el parque. Tercero, iluminación inteligente con detectores de movimiento o temporizadores: más eficiente y segura. Cuarto, encuestas regulares de usuarios: pequeñas consultas digitales o conteos para que las decisiones futuras se basen en datos y no solo en buenas intenciones. En proyectos urbanos cercanos, como el nuevo recinto ferial en Son Ferriol, se subrayan riesgos y oportunidades que conviene evaluar.
Un ejemplo práctico: la anunciada ampliación del área infantil ofrece la oportunidad de instalar juegos inclusivos, también para niños con movilidad reducida. Si el ayuntamiento lo tiene en cuenta, la inversión se rentabilizaría de varias maneras: mayor uso, más satisfacción y menos necesidad de adaptaciones posteriores.
Realidad cotidiana y sentimiento de vecindario
El día de la inauguración se oyó el murmullo de voces, risas, el golpe sordo de las bolas de petanca y el «pling» de las pelotas de ping-pong contra la red. Esos sonidos son pequeñas pruebas de que el espacio público funciona cuando la gente lo usa. Por experiencia, suele pasar un par de meses hasta que se formen rutinas. El ayuntamiento planea mejorar la iluminación y colocar el toldo solar: eso ayuda sobre todo en las tardes calurosas, cuando el sol mediterráneo aprieta.
Un consejo práctico final: quien visite ahora el circuito debe llevar calzado firme; la tierra alrededor de los árboles recién plantados aún está suelta. Y quien vaya a jugar en serio: que traiga sus propias palas. No es una crítica, es el día a día —y el día a día hace que un parque cobre vida.
Conclusión: La Femu es un paso bienvenido hacia más espacios comunitarios en s'Olivera. La inversión tiene sentido, pero su balance real dependerá del mantenimiento, la inclusión y de si el ayuntamiento y la comunidad comparten la responsabilidad. ¿Un bonito acondicionamiento? Sí. ¿Un proyecto perfecto? Aún no. Pero tiene el potencial de serlo si los próximos pasos se dan de forma lógica y transparente.
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