Multitud en el Paseo Marítimo de Palma junto al escenario, con fuegos artificiales sobre la bahía

Patrona en Palma: 32.000 en el Paseo — fiesta, fuegos artificiales y la pregunta del coste

La Patrona llenó el Paseo Marítimo de Palma: 32.000 personas, DJs atronadores, un espectáculo pirotécnico de diez minutos — y un presupuesto municipal de 330.000 euros. Un éxito — pero ¿vale la pena la cuenta para la ciudad?

32.000 personas, ritmos y un precio: Patrona en el Paseo

Olía a mar, a almendras garrapiñadas y a aceite de motor por el montaje del escenario. Hacia las 20:00 las primeras filas ya estaban junto a las vallas; hasta las 22:00 el gobierno municipal estimó alrededor de 32.000 asistentes a lo largo del Paseo Marítimo y en el Parc de la Mar bajo la catedral. Quienes estuvieron allí todavía pueden sentir la vibración sorda de los subgraves en las calles laterales — y el ocasional destello de los smartphones cuando ocurría un momento destacado.

Lo que funcionó bien — y lo que apenas se vio

La organización, la seguridad y la logística funcionaron sorprendentemente de forma fluida: policía y servicios de orden gestionaron la llegada y la salida, hubo cortes de tráfico temporales en la Avinguda Gabriel Roca y más autobuses después de medianoche. El escenario atrajo artistas internacionales y sesiones electrónicas; la fiesta mezcló turistas, residentes en chanclas, familias y noctámbulos. Los fuegos artificiales hacia las 23:30 sobre la bahía, de casi diez minutos, fueron visualmente impactantes y proyectaron un reflejo plateado sobre la catedral.

Tras la sensación de ligereza se esconden, sin embargo, preguntas que en las crónicas eufóricas suelen pasar desapercibidas: ¿qué tan sostenible es un éxito de público puntual? ¿Qué justifica un esfuerzo municipal de 330.000 euros, si además se dejan fuera la publicidad, los costes de seguridad y los ingresos indirectos?

La cuestión del coste: ¿cuánto cuesta realmente una noche?

El cálculo en bruto es simple y a la vez inquietante: 330.000 euros divididos entre 32.000 asistentes arrojan poco más de diez euros por persona —a primera vista no parece mucho. Pero los gastos municipales no solo financian escenarios, sino también personal, material alquilado, limpieza e infraestructura. Los costes a largo plazo —guía de la OMS sobre ruido ambiental, impactos ambientales por los fuegos artificiales, horas adicionales de servicio para policía y servicios de emergencia— son más difíciles de cuantificar.

Un punto que rara vez se menciona: ¿quién paga por los usos públicos que quedan suspendidos? ¿Está bien que frentes portuarios y zonas de ribera se vallan para grandes eventos, de modo que vecinos o pequeños comercios tengan que ceder temporalmente? Para algunos residentes la noche significó sobre todo: volver a casa más tarde, dormir menos y movilidad restringida —aspectos que la ciudad debería incluir en su balance coste‑beneficio.

Menos discutido: medio ambiente y patrimonio cultural

Los fuegos artificiales fueron fotogénicos, pero no neutros en carbono. Las partículas finas, los cohetes importados y el ruido quedan a menudo como un asunto secundario en el debate. También está la pregunta de hasta qué punto los grandes conciertos realmente fortalecen a los creadores culturales locales: los DJs internacionales atraen cifras de público, mientras que las bandas locales necesitan apoyo más regular para que la escena cultural crezca de forma sostenible —especialmente si Palma se postula como candidata a Capital Cultural 2031. El impacto ambiental de los fuegos artificiales y sus consecuencias merecen mayor atención.

Propuestas concretas en lugar de aplausos — cómo Palma podría hacer la inversión más sensata

Sin prejuicios, del éxito de la noche también se puede extraer energía positiva. Unos cuantos propuestas concretas:

1. Justificaciones de costes transparentes: Un desglose detallado de qué cubren exactamente los 330.000 euros, incluidos los costes posteriores (limpieza, horas extra de policía, ajustes de tráfico).

2. Objetivos medibles: No solo cifras de asistentes, sino indicadores sobre efectos en la economía local, el impacto ambiental y la satisfacción de los vecinos —así se podrá demostrar si un evento como la Patrona es una inversión sostenible.

3. Presupuesto participativo: Vincular parte de la financiación a colectivos locales, iniciativas o fiestas de barrio, de modo que los ingresos no fluyan únicamente a grandes espectáculos, sino a ofertas culturales duraderas.

4. Medidas medioambientales: Renunciar a pirotecnia dañina para el medio ambiente o, al menos, compensarla; mejores conceptos de gestión de residuos e incentivos para desplazamientos sostenibles (autobuses nocturnos, aparcamientos para bicicletas).

5. Compensación a la vecindad: Pequeñas indemnizaciones u ofertas de compensación para residentes, por ejemplo vales para negocios culturales locales o programas de aislamiento acústico.

Conclusión: Una noche, muchas posibilidades

La Patrona ha mostrado que Palma puede recuperar su franja litoral como lugar de grandes momentos compartidos. Fue ruidoso, amigable y un poco salvaje —tal como a muchos les gusta. No obstante, permanece la pregunta central: ¿queremos seguir privilegiando estas noches con grandes eventos puntuales, o invertimos los recursos de manera más inteligente para fortalecer la cultura en Mallorca de forma duradera y evitar que el medio ambiente y los vecinos paguen la factura en silencio?

Yo estaba cerca de la medianoche en la Plaça de Weyler: el aire fresco, el sabor de las almendras garrapiñadas en los labios, conversaciones dispersas sobre la noche. La ciudad mostró su pulso. Ahora debería medir, aprender y decidir cómo late ese pulso a largo plazo.

Noticias similares