Marta Sáez Pérez con un pony y una niña en la finca de Biniali durante terapia ecuestre

Cómo un poni en Biniali le devolvió la voz a una niña

Cómo un poni en Biniali le devolvió la voz a una niña

En una extensa finca de Biniali, la terapeuta Marta Sáez Pérez trabaja con caballos y ponis. Niños y adultos con miedos, TDAH o mutismo selectivo experimentan avances inesperados: desde más confianza hasta el momento en que una niña de cuatro años cantó en público.

Cómo un poni en Biniali le devolvió la voz a una niña

Terapia asistida con animales en la Fundació S'Hort Vell muestra pequeños pero duraderos cambios

La finca no está lejos del núcleo del pueblo de Biniali, donde por la mañana un tractor cruje por la calle y el aire huele a tierra húmeda y olivos. En una extensa parcela de unos 58.000 metros cuadrados se reúne una clínica poco habitual: establos, praderas, los pasos de los ponis y los ladridos apagados de ocho perros. Aquí trabaja la terapeuta Marta Sáez Pérez: cuatro veces por semana se pone pantalones de equitación y botas y acompaña a niños, adolescentes y adultos en sus primeros pasos con el caballo como compañero.

En la Fundació S'Hort Vell viven unas 65 animals, pero solo una parte se utiliza de forma específica en las sesiones terapéuticas. Marta subraya que no hay milagros rápidos; las mejoras suelen aparecer de forma lenta e individual. Aun así, padres y participantes cuentan cambios evidentes: mejor contacto, menos miedo, más ganas de moverse y una vida cotidiana más sencilla.

El trabajo está dirigido a personas con desafíos muy diversos: desánimo, trastornos de ansiedad, bloqueos emocionales tras acoso, así como diagnósticos neurodiversos como TDAH, Asperger o síndrome de Down. Especialmente llamativo es el caso de una niña de cuatro años con mutismo selectivo. Tras unos seis meses de sesiones regulares a lomos de un poni, la niña empezó a comunicarse fuera del círculo familiar más íntimo y más tarde incluso participó en una función escolar, donde cantó ante el público. Un vídeo que los padres mostraron después fue para Marta uno de esos momentos que hacen que su profesión tenga tanto sentido.

La terapia se realiza en español e inglés; actualmente Marta atiende a unas 16 personas de forma regular. El trabajo está organizado según principios reconocidos para intervenciones asistidas con animales: Marta se guía por las directrices de las asociaciones internacionales y, además de la experiencia práctica, aporta una perspectiva científica. Originaria de Burgos, vivió muchos años en Bolivia y trabajó en la Universidad Mayor de San Andrés en La Paz en este ámbito, antes de mudarse a Mallorca hace tres años.

Para el éxito no basta con el animal: se trata del vínculo y la confianza entre terapeuta, animal y persona. Los caballos reaccionan con sensibilidad a los estados de ánimo, reflejan conductas y así ofrecen una retroalimentación inmediata que no se obtiene en sesiones sentadas en una silla. Marta describe al caballo como un compañero emocional que ayuda a hacer visibles las tensiones internas y a resolverlas paso a paso. Habla de imágenes como el tamaño del corazón o campos magnéticos como su explicación personal, pero aclara que esas metáforas sirven para entender los procesos de cambio, no como hechos científicos simples.

Para el trabajo terapéutico existe un modelo sencillo: cuatro sesiones a la montura cuestan mensualmente 290 euros. Las familias con recursos limitados pueden solicitar ayudas; hay ejemplos como programas de subvención del Consejo Insular o aportaciones de fondos educativos. Marta advierte, sin embargo, que la velocidad de los progresos depende en gran medida de las condiciones neurológicas individuales.

En Mallorca, donde las fincas rurales y la convivencia entre personas y animales forman parte del día a día, esta forma de terapia ha encontrado un lugar propio, casi familiar. Combina conocimiento terapéutico con un sentimiento de pertenencia a la isla: niños que apenas hablan encuentran en la espalda de un poni otro equilibrio; adolescentes descubren nuevos recursos cuando aprenden a guiar y leer a un animal. No es una panacea, pero para muchos es una puerta nueva.

Quien quiera más información o contactar puede escribir a Marta por correo: saezperez.marta@gmail.com. Y quien pase por la ruta MA hacia Inca a través de Biniali: que pare un momento, sienta el polvo bajo las zapatillas y escuche. A veces basta el leve resoplido de un poni para poner las cosas en movimiento.

Por qué esto es bueno para Mallorca: Estas iniciativas aprovechan la infraestructura rural de la isla, crean empleo en las fincas y complementan la oferta sanitaria regional sin grandes obras. Además ofrecen a las familias una alternativa práctica y cercana, visible en pequeños logros: en una actuación del coro del pueblo, en una vida cotidiana con menos miedo, en una sonrisa.

Perspectiva: Estos proyectos podrían ser más accesibles en Mallorca si las ayudas se canalizaran mejor y se ampliaran las fuentes de información para las familias. Para la gente de aquí significaría más posibilidades de encontrar ayuda por vías conocidas —con animales que escuchan sin presionar.

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