
Aparcamiento subterráneo y plaza en Portopetro: ¿solución al caos de aparcamiento o problema de las obras?
Un nuevo aparcamiento subterráneo y una plaza sobre el puerto pretenden mejorar el estacionamiento y los puntos de encuentro en Portopetro. Pero las obras estacionales, los costes y las consecuencias para el núcleo del pueblo plantean dudas.
Aparcamiento subterráneo y plaza en Portopetro: ¿solución al caos de aparcamiento o nuevo problema?
Si uno pasea por la tarde la promenade de Portopetro, los olores a asado y a mar se mezclan con el persistente pitido de máquinas pesadas: hormigoneras, un martilleo entrecortado, el susurro de lonas en el viento. El municipio de Santanyí ha iniciado unos trabajos, según Portopetro obtiene una nueva plaza con garaje subterráneo, que —se espera— permitirán aparcar 20 coches bajo tierra y crear en la superficie una plaza pública con bancos, juegos infantiles y zonas verdes. La pregunta principal es clara: ¿realmente aliviará el aparcamiento a residentes y comercios, o acabarán pesando el ruido, los costes y la expulsión?
Por qué se construye en plena temporada — y qué implica
Muchos vecinos se sorprenden de que las máquinas pesadas estén trabajando precisamente ahora, cuando las calles están llenas y las cafeterías funcionan hasta la noche. La administración apunta a plazos ajustados: el proyecto debe estar recepcionado antes de finales de 2025; los calendarios burocráticos no dejarían margen para una pausa invernal. Puede sonar pragmático, pero la decisión tiene consecuencias: el tráfico de suministros se desplaza, visitantes y conductores habituales tardan más en encontrar aparcamiento, y la terraza de un bar deja de estar tan tranquila como ayer. Casos parecidos se han visto en Nuevos aparcamientos en Andratx. La pregunta que rara vez se formula en voz alta es: ¿se ponderó realmente la carga para la temporada frente al beneficio —y por quién?
Más que cifras: costes, subvenciones y costes de seguimiento
Se estiman unos 946.000 euros, la mayor parte del Fondo para alojamientos turísticos y el resto de Santanyí. No es una cifra menor: el municipio invierte mucho para crear 20 plazas adicionales. Pero la cuenta no termina con la entrega de la obra. Mantenimiento, limpieza, iluminación, posible barrera de control y el mantenimiento periódico del drenaje son partidas recurrentes. ¿Quién pagará eso dentro de cinco o diez años si las subvenciones disminuyen? Un punto pequeño y a menudo pasado por alto: las estructuras subterráneas cerca del mar requieren un cuidado especial contra la humedad y la corrosión, lo que eleva los costes posteriores.
Lo que el proyecto realmente aporta — oportunidades y límites
A corto plazo probablemente aliviará: menos vueltas buscando sitio, menos stop-and-go. Para los comerciantes junto al puerto, una oferta de aparcamiento más fluida suele significar más clientela ocasional. La nueva plaza puede convertirse en un punto de encuentro, dar sombra y atraer a los niños a jugar —una ganancia para el centro si el diseño es acertado. Sin embargo, 20 plazas no son una panacea contra la demanda estacional de aparcamiento. Si el turismo sigue creciendo y no se adoptan medidas complementarias, existe un gran riesgo de que la cochera se llene rápidamente y vuelva a aumentar el circulo buscando aparcamiento.
Aspectos que se discuten poco
En muchas conversaciones se menciona poco una dimensión importante: los efectos distributivos. Un pequeño aparcamiento central puede atraer presión sobre los alquileres y el núcleo del pueblo —plazas que antes usaban los residentes podrían ser ocupadas por visitantes. También cambia el nodo del tráfico peatonal: más aparcamientos cercanos pueden reducir la demanda de autobuses y, con ello, debilitar indirectamente el transporte público. Por último: ¿cómo se regularán los accesos? Sin una dirección de tráfico clara, pueden formarse atascos ante la entrada —sobre todo por las tardes, cuando pescadores, proveedores y visitantes coinciden en un espacio reducido. Problemas con indicadores de ocupación se han documentado, por ejemplo en Falsa indicación en Port de Sóller.
Propuestas concretas en lugar de retórica
Se puede dirigir quién se beneficia. Algunas propuestas pragmáticas que aún podrían incorporarse en la ejecución:
1. Trabajos escalonados en el tiempo: trasladar las fases más ruidosas a meses más fríos, prohibir labores ruidosas nocturnas y planificar franjas horarias diarias para las tareas más ruidosas.
2. Zonas para residentes y para visitantes: una normativa con distintivos para vecinos o zonas con limitaciones temporales puede evitar que los residentes sean desplazados de forma permanente.
3. Fondo de operación y mantenimiento: reservar parte de las subvenciones para un fondo de conservación a largo plazo, de modo que las reparaciones no recaigan en las arcas municipales.
4. Conectividad de movilidad: aparcabicicletas, puntos de carga para vehículos eléctricos y mejor conexión con líneas de autobús reducen a largo plazo la necesidad de plazas.
5. Monitorización: sensores de ocupación y reportes anuales de uso mostrarán si el proyecto funciona a largo plazo —y facilitarán ajustes.
Mirada al centro: equilibrio en lugar de decisiones precipitadas
Portopetro cambia a la vista: un niño que más tarde mecerá en la nueva plaza, un señor mayor que toma su espresso en un banco, un camarero que equilibra una bandeja llena de tapas. Todo ello suena a un buen porvenir —si la obra no se convierte en la rutina permanente. El municipio tiene la oportunidad no solo de crear plazas de aparcamiento, sino de pensar urbanísticamente. Quien planifique con mesura, limite el ruido y fije normas claras de uso y mantenimiento, no solo hará sitio para coches, sino espacio para la vida del pueblo.
Si el aparcamiento subterráneo cumplirá esa ambición depende menos del hormigón y las subvenciones que de las decisiones de los próximos meses: ¿quién podrá aparcar allí? ¿quién pagará los costes posteriores? ¿y cuánto se percibirá la obra como una carga antes de que se convierta en un beneficio urbano? Para Portopetro sería una pena que lo que se espera como alivio se transforme al final en otro fastidio temporal —el reloj corre y los ruidos del puerto lo recuerdan.
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