
Un poco de tranquilidad, mucho sol: Roberto Blanco pasa la Navidad en Port de Sóller
Un poco de tranquilidad, mucho sol: Roberto Blanco pasa la Navidad en Port de Sóller
El cantante de música schlager pasa las fiestas con su esposa Luzandra en Port de Sóller: paseos por el puerto, comidas habituales en el Lua y un pequeño pekinés albino llamado Principe Blanco. Una parada soleada antes de retomar los compromisos del nuevo año.
Un poco de tranquilidad, mucho sol: Roberto Blanco pasa la Navidad en Port de Sóller
En una templada jornada invernal en Port de Sóller, Roberto Blanco y su esposa Luzandra están sentados tranquilos junto al agua. Las olas golpean suavemente el espigón, las gaviotas graznan, los vendedores sacan sus últimas cajas de pescado —y en el paseo toca un joven músico callejero la guitarra. 18 grados, no precisamente tropical, pero agradablemente cálido para finales de diciembre; el clima ideal para recargar energías.
Disfrutan de rituales sencillos: un café a media tarde, un paseo hasta la iglesia y luego una mesa en la bar Albatros, junto al mar. Allí a veces se convierte en centro de atención una pequeña bola de pelo: Principe Blanco, un pekinés albino de un año con ojos azul claro, que duerme en el regazo de Luzandra y hace poco hizo desaparecer las zapatillas de su dueño —para diversión de todos. El perro fue traído de Cuba a Mallorca cuando tenía seis meses y hoy es ya parte fija del hogar.
Port de Sóller es para la pareja algo más que un destino de vacaciones. Entre naranjos y las empinadas laderas de la Serra de Tramuntana encuentran tranquilidad al margen de los grandes escenarios. En la ciudad portuaria tienen lugares favoritos: el restaurante Lua con vistas al puerto natural, donde el anfitrión Domingo Ramón Navarro recibe personalmente a los comensales y sirve paella negra y pulpo con patatas fritas; las empinadas callejuelas hasta el antiguo convento de Santa Catalina de Alejandría; y el paseo marítimo, donde a veces se detienen fans para pedir una foto. Comerciantes atentos y clientes habituales ya los reconocen.
Luzandra hace tiempo que es algo más que una acompañante: organiza las citas, coordina encuentros y lleva el calendario. Se conocieron años atrás por motivos laborales —entonces Luzandra dirigía una boutique en Hamburgo— y la relación derivó en matrimonio en 2013. Desde entonces comparten vida profesional y personal, viajan entre Mallorca y la segunda residencia en el Lago de Constanza o en Suiza, y mantienen contactos en ambos países.
Aunque tenga 88 años, Blanco no parece alguien que haya abandonado por completo el escenario. En las últimas semanas terminó su nuevo CD titulado «Enjoy», que se publicó alrededor de las fiestas. Además, la pareja ofrece mensajes navideños en Mallorca personales en vídeo, disponibles en su página web —pequeños detalles para los fans que buscan cercanía cuando los encuentros personales no son posibles. En resumen: el artista aprovecha los tranquilos días en la isla para seguir siendo creativo, sin exigirse en exceso.
Los que conocen al cantante saben: el estilo es importante para él. En la playa suele llevar un jersey llamativo y mocasines cómodos; un reloj en la muñeca delata gusto por las cosas finas. La vida lo ha llevado por muchos lugares —nacido en 1937, infancia en ciudades como Beirut y Madrid, décadas en Europa Central— y esas experiencias se reflejan en una serenidad que le ayuda a evitar el estrés y a mantenerse en forma. Él mismo dice que el calor de Mallorca le viene bien a las articulaciones.
La isla sale beneficiada de manera práctica: visitantes famosos que eligen un camino más tranquilo generan ingresos locales —desde bares y restaurantes hasta pequeñas tiendas— sin el bullicio de grandes eventos. Para Port de Sóller, una estancia así supone un trozo de normalidad y un ligero aumento de visitantes en temporada baja; una terraza se llena, el puerto parece más animado pero no abarrotado. Un pequeño impulso económico aderezado con un ambiente familiar, similar a un fin de semana soleado en Mallorca.
Lejos de la calma, ya hay fechas previstas para el próximo año: unas diez actuaciones están planificadas, la primera en enero en Viena. Hasta entonces queda tiempo para pasear por las calles, conversar con amigos de Cuba que también viven aquí, y para las pequeñas cosas que hacen valiosa la vida cotidiana —una copa de vino español por la noche, un rato con Principe en el regazo y la vista del mar en calma.
Casi se puede imaginar: un artista que se permite el sol sin renunciar al escenario. Para Mallorca son las buenas notas intermedias de un invierno —sin grandes titulares, con luces navideñas en Palma, sino la imagen familiar de una pareja que encuentra aquí tranquilidad y, al mismo tiempo, sigue trabajando. Tiene un punto reconfortante: la Navidad como una pequeña pausa antes de que vuelva a subirse el telón.
Preguntas frecuentes
¿Qué tiempo suele hacer en Port de Sóller en Navidad?
¿Se puede ir a la playa en Mallorca en diciembre?
¿Qué se puede hacer en Port de Sóller en una visita tranquila?
¿Dónde comer bien en Port de Sóller con vistas al mar?
¿Merece la pena subir hasta Santa Catalina de Alejandría en Port de Sóller?
¿Por qué Port de Sóller es un buen lugar para pasar unos días tranquilos en Mallorca?
¿Qué llevar a Mallorca en Navidad si hace buen tiempo?
¿Es Mallorca un buen destino para viajar en invierno?
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