Jinetes y carruajes recorren una calle de Sóller durante la Carrera de Cintes del Sant Antoni

Sant Antoni en Sóller: recuperado, bendecido y con caballos por el pueblo

Sant Antoni en Sóller: recuperado, bendecido y con caballos por el pueblo

Partes de la celebración de Sant Antoni que se habían pospuesto por la lluvia se celebraron hoy en Sóller: a partir de las 15:00 la Carrera de Cintas con jinetes y carruajes, y a las 16:00 la bendición de animales frente a la iglesia de Sant Bartomeu.

Sant Antoni en Sóller: recuperado, bendecido y con caballos por el pueblo

La fiesta de Sant Antoni retomó hoy la vida en el corazón sombrío de Sóller. Tras las lluvias de los últimos días, el ayuntamiento trasladó parte del programa al casco histórico; a partir de las 15:00 comenzó la tradicional monta de trofeos, la conocida Carrera de Cintas, y a las 16:00 tuvo lugar la bendición de animales en honor al patrón de los animales de carga, San Antonio Abad.

Quien paseó hoy por la plaza frente a la iglesia de Sant Bartomeu escuchó primero el repiqueteo de cascos sobre los adoquines, luego el alegre tintineo de varios collares de perros y el profundo tañido de las campanas de vaca en un carro que pasaba. La atmósfera era humilde: vecinos mayores con abrigos gruesos, niños con mejillas enrojecidas, algunos turistas con cámaras y una serie de caballos y ponis que observaban con paciencia la escena, como recuerda La policía de Mallorca rescata a dos caballos desatendidos.

La Carrera de Cintas es un espectáculo sencillo pero impresionante: jinetes con indumentaria tradicional, a veces acompañados por cochero, recorren una corta distancia para, con un palo, alcanzar cintas o aros colgados de una cuerda. Es una pequeña competición que exige velocidad y destreza, y el público celebra cada acierto. Sobre las piedras húmedas, la maniobra hoy tuvo un desafío extra, y el contexto hace recordar debates recientes, como Tras dos caballos colapsados: Palma ante la decisión — Repensar los paseos en carruajes.

A las 16:00 se reunieron personas y animales para la bendición. Perros con collar, gatos en brazos, burros, caballos e incluso algún tractor con remolques delicadamente adornados: Sant Antoni es la ocasión para mostrar la diversidad de compañeros rurales. La bendición en sí es más ritual que teatro ritual: una breve oración, una bendición apacible, manos que pasan por cabezas y costados. Para muchos es un momento de gratitud y de recuerdo de una época en la que la agricultura marcaba el ritmo diario.

Que una parte de la celebración se aplazara lo muestra con claridad: las tradiciones aquí son adaptables. El interior montañoso de la isla conoce un tiempo impredecible en enero. En vez de cancelarse, los actos se recuperan para que puedan celebrarse en comunidad. No es solo nostalgia; es cuidado vecinal vivido. En los cafés alrededor de la plaza las tazas se fueron llenando de nuevo y parejas de mediana edad compartían anécdotas de Sant Antonis pasados, lo que refuerza los lazos sociales.

¿Por qué importa esto también para Mallorca? Estas pequeñas fiestas locales mantienen visible y viva la identidad rural. Son momentos en los que los niños ven de dónde vienen algunos de nuestros productos, en los que los niños de ciudad pueden acercarse a los animales y en los que los visitantes descubren la isla más allá de la playa y el hotel. Además, eventos en enero atraen visitantes en una época tranquila y ayudan a los comercios locales.

Una pequeña escena cotidiana: al volver de la plaza llegó el olor a butifarró frito desde una calle, un perro golpeó con la cola una vieja puerta de madera y sobre las montañas una franja de nubes se disolvía dejando un cielo lechoso pero amable. Así se cerró una tarde que no dará grandes titulares, pero que queda en la memoria.

Quien quiera participar en años venideros: conviene llegar pronto, no olvidar un abrigo cálido y mostrar respeto por los animales —no hacer selfis que los molesten. Las fiestas viven del encuentro, no del foco mediático. Y si el tiempo vuelve a jugar una mala pasada, Sóller seguramente volverá a recuperar los actos.

Una tradición pequeña y cálida, que demuestra cómo Mallorca conserva sus historias más allá de las playas.

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