Son Amer: Günstige Herberge im Tramuntana zieht Tausende Wanderer an

Solo 14 euros por noche: cómo Son Amer vuelve a entusiasmar a los senderistas en Mallorca

El albergue Son Amer en la sierra de Tramuntana registró en 2025 más de 9.200 pernoctaciones. Una mirada a las cifras, el ambiente local y por qué estas cabañas son importantes para la isla.

Solo 14 euros por noche: cómo Son Amer vuelve a entusiasmar a los senderistas en Mallorca

Solo 14 euros por noche: cómo Son Amer vuelve a entusiasmar a los senderistas en Mallorca

La sencilla cabaña en el GR-221 atrae gente – y beneficia a la isla

Huele a piedra húmeda y a leña encendida cuando, en Frescor nocturno en Mallorca: el otoño llama y trae noches más tranquilas, se toma el sendero hasta el albergue Son Amer. La cabaña se sitúa en una colina sobre el valle de Lluc, a 530 metros de altura, y dispone de 52 plazas repartidas en seis habitaciones compartidas. El año pasado 9.246 personas acudieron a ese lugar: tantas como nunca antes en Son Amer.

Las cifras que comunica el consell son claras: en 2025 pernoctaron un total de 43.222 huéspedes en Refugios reabren: las cabañas de Mallorca se llenan tras la pausa veraniega. Es un nuevo récord anual y equivale a una ocupación que parece haber crecido alrededor de un 7,4 % respecto al año anterior. Además de Son Amer, Tossals Verds, Can Boi, Muleta, Pont Romà y Galatzó registraron cada uno varios miles de pernoctaciones; Sa Coma d'en Vidal, que tras un largo cierre reabrió en abril, alcanzó 250 pernoctaciones en nueve meses.

Lo que hace especial a Son Amer es la mezcla de sencillez y confort: habitaciones compartidas, duchas, agua caliente, calefacción, electricidad, wifi e incluso una chimenea hacen que la estancia no sea una privación en clave de aventura. El precio se mantiene bajo: 14 euros por persona, una cifra que permite a senderistas con presupuestos ajustados disfrutar más tiempo de la montaña.

En el GR-221, la popular ruta de paredes de piedra seca, esta evolución se percibe también en el día a día: grupos con mochilas pasan caminando, senderistas solitarios secan sus botas junto al horno y la banda sonora nocturna está hecha de ollas que tintinean suavemente, risas y el repique lejano de la iglesia de un pueblo. Entre abril y octubre hay mayor afluencia, aunque la época navideña también es popular: entre el 27 de diciembre y el 6 de enero se ocuparon 1.460 plazas en los refugios, y muchos huéspedes procedían de España.

Para Mallorca es más que un número en un papel. Estos refugios distribuyen el turismo hacia las zonas de montaña, alivian la presión sobre las zonas costeras y mantienen viva una infraestructura tradicional: muros de piedra seca, senderos y alojamientos sencillos. Los visitantes que pasan una noche en Son Amer suelen encontrarse con locales, escuchar historias de caminos centenarios y llevarse a casa una imagen de Mallorca distinta a la de los paseos hoteleros.

Quien planee una estancia en un refugio se beneficia de algunas recomendaciones: reservar con antelación en fechas de máxima demanda, llevar ropa impermeable, suficiente agua y comportarse con respeto. Para la isla resultan clave los precios moderados y las instalaciones gestionadas por la administración, pues permiten que caminantes de distintos países y con diferentes presupuestos accedan a la montaña.

Mirando al futuro, la mayor demanda indica que un turismo más cercano a la naturaleza y de ritmo pausado tiene aceptación en Mallorca. Si el Escapada corta, gran efecto: el Consejo Insular lanza excursiones de tres días para mayores de 60 y las comunidades locales cuidan los caminos, gestionan los refugios y mantienen los accesos, se crea una situación de beneficio mutuo: los senderistas encuentran experiencias alejadas de las playas, los pueblos de la sierra continúan activos y la isla gana una forma de visita más sostenible. No hace falta mucho más que una mochila, calzado robusto y curiosidad: Son Amer se encarga del resto.

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