Ciclista de montaña en un sendero de la Serra de Tramuntana al amanecer

Sol de la mañana y grava: mis rutas MTB favoritas por la Tramuntana

A primera hora, casco puesto, ruedas sobre la grava: la Serra de Tramuntana es más que un escenario: es un patio de juegos y una maestra. Mis consejos sobre rutas, equipo y respeto por la naturaleza.

Sol de la mañana, bocina del ferry y la primera grava

Cuando el ferry todavía toca la bocina al salir del puerto y el café en el pueblo aún humea, yo ya ruedo hacia Sóller. La Tramuntana no es una montaña de postal, es un trozo de vida áspera: senderos estrechos, muros de piedra centenarios, olor a romero y de vez en cuando el perfume de las naranjas. Quien recorre aquí en mountain bike no busca solo adrenalina, sino también esos pequeños momentos insulares e inesperados.

Rutas que siempre llaman

Mi ruta estándar comienza en Sóller, sube por el Coll de Sóller, desciende serpenteando hasta Fornalutx y continúa por el Camí des Correu en dirección a Deià. Técnicamente el tramo es variado: subidas exigentes se alternan con tramos de grava sencillos, las curvas cerradas piden concentración y algunas losas de roca te recuerdan que los mallorquines no han ahorrado en piedra. Para los que prefieren ir con calma, la salida puede hacerse desde la antigua estación en la Carrer de la Mar: más corta, pero igualmente con vistas espectaculares.

Lo que no puede faltar en la mochila

Casco, cámara de repuesto, bomba y multiherramienta son imprescindibles. A eso súmale suficiente agua: no es un decir, a mediados de agosto el aire aquí puede sentirse como un secador. Por eso me gusta salir antes de las 8:00 o cuando el sol ya baja, sobre las 18:00, entonces la luz es más suave y respirar se vuelve más fácil. Un cortavientos ligero merece la pena sobre todo en primavera: en el puerto a veces sopla el mistral tan fresco que agradecerás una segunda piel.

Entre adrenalina y olivos

Los descensos dan empuje, los tramos de regreso regalan calma. Cuando circulas entre olivos retorcidos y el mar brilla en el horizonte, aparece esa extraña y serena felicidad: concentración sin prisa. Cada curva te exige, cada vista te recompensa. Y sí, en algunos tramos conviene bajarse de la bici: el orgullo a veces es un mal compañero de viaje.

Mi consejo: para y entra en una barra en Fornalutx, toma un café con leche, agudiza el oído y escucha a la gente local. A menudo te revelan los mejores sitios y qué senderos es mejor evitar ese día. Esas conversaciones valen su peso en oro y enriquecen las rutas más que cualquier lista de mejoras técnicas.

Respeto por la tierra que nos sostiene

La Tramuntana ofrece líneas duras para expertos, pero también variantes tranquilas para cualquier nivel. Más importante que los récords es la consideración: nada de basura entre los olivares, ni atajos por terrazas recién hechas. Los caminos son frágiles y un derrape desprevenido puede estropear más que el ego. Quien cuida el suelo asegura que también mañana podamos seguir rodando.

El pequeño recuerdo fotográfico

Si quieres recuerdos: pregunta antes por un fotógrafo o deja a un amigo con la cámara en un buen punto. Sobre las 19:00 la luz suele ser perfecta: sombras largas, colores cálidos y la sonrisa después de una larga bajada queda siempre sincera en las fotos. Neumáticos revisados, botella llena, casco bien abrochado: ¡vamonós! La Tramuntana a veces te da una subida dura, pero con frecuencia te regala un momento que recordarás más tiempo que las agujetas.

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