Calles y edificios de Ibiza inundados tras lluvias torrenciales, con agua entrando en viviendas y terminales afectadas

Alerta roja en Ibiza: qué debe aprender la isla ahora

Lluvias torrenciales han paralizado Ibiza: terminales del aeropuerto con filtraciones, calles convertidas en arroyos, escuelas cerradas. Por qué estos sucesos nos sorprenden aquí — y qué medidas son necesarias ahora.

Alerta roja: Ibiza entre agua, ruido y preocupación

La lluvia no llegó como un chubasco amable, sino como un pesado telón: desde la madrugada del martes el agua cae sobre la isla, las estaciones de medición registran cantidades localmente enormes y las autoridades elevaron el aviso a rojo, según los avisos meteorológicos de la AEMET. En los tejados del casco antiguo de Eivissa las gotas golpean con intensidad y en el Passeig Marítim el ruido recuerda al de un pequeño río. Los túneles se llenan, las calles se convierten en arroyos y en algunos puntos el agua ya entra en viviendas. Para muchos esto deja de ser una rareza meteorológica y suena como una señal de alarma, como relata la crónica local Después del aguacero: Ibiza entre charcos, aludes de barro y la pregunta de cuándo será el próximo.

¿Qué lugares están más afectados?

Los municipios más afectados son Eivissa, Sant Josep, Sant Antoni y Santa Eulària. El aeropuerto comunica filtraciones en las terminales y ya hay los primeros retrasos y cancelaciones de vuelos. Los autobuses circulan con servicios limitados y las escuelas permanecen cerradas: patios inundados y aulas húmedas no son admisibles. Las autoridades recomiendan encarecidamente evitar desplazamientos innecesarios y seguir las instrucciones de los equipos de emergencia; la prensa local lo documenta en Intenso chaparrón golpea Ibiza: calles, casas y escuelas bajo el agua.

La pregunta central: ¿estaba la isla preparada?

Esa es la pregunta que ahora muchos se hacen: ¿qué tan preparada está Ibiza para eventos extremos como este? A primera vista las restricciones, las labores de ayuda y los avisos parecen un manejo de crisis estándar. Pero, al mirar con más detalle, afloran lagunas: redes de drenaje obsoletas, superficies impermeables en urbanizaciones, falta de balsas de retención y un aeropuerto cuyas terminales no están protegidas contra la entrada de agua. Todo ello convierte rápidamente un fenómeno meteorológico en una catástrofe local.

Aspectos que a menudo se pasan por alto

1) El papel de las superficies impermeables: en los centros turísticos y en las nuevas urbanizaciones las zonas verdes desaparecen bajo el asfalto y el adoquinado. El agua no puede infiltrarse y aumenta el escurrimiento superficial. 2) Infraestructura estacional: muchas soluciones están diseñadas para el uso turístico veraniego, no para episodios de precipitación extrema en invierno o primavera. 3) Vulnerabilidad social: los trabajadores temporales, las personas mayores y los propietarios de viviendas en barrios bajos muchas veces no cuentan con ahorros o seguros para afrontar estos daños.

Oportunidades y soluciones concretas

No hace falta caer en el alarmismo, pero sí son necesarias soluciones serias. A corto plazo ayudan rutas de evacuación claras, barreras temporales, bombas móviles y una mejor coordinación entre municipios. Sería útil disponer de un mapa con los puntos “sensibles a inundaciones” accesible para todos los vecinos —visible en ayuntamientos y paradas de autobús. A medio y largo plazo necesitamos:

- Más superficies permeables: árboles, zonas verdes y pavimentos drenantes donde ahora domina el asfalto.
- Balsas de retención y renaturalización dirigida de arroyos, para que el agua se libere lentamente.
- Revisión de la normativa urbanística: no permitir nuevos desarrollos residenciales en zonas naturales de escorrentía.
- Actualización técnica de infraestructuras críticas: las terminales del aeropuerto, túneles y pasos inferiores deben estar mejor sellados y equipados con sistemas de bombeo.
- Ampliación de sistemas de alerta temprana y canales de información claros para turistas y visitantes.

Consejos prácticos para residentes y visitantes

Quienes ahora estén en Ibiza o Formentera: manténganse en las plantas altas, eviten parques y calles bajas, no estacionen en pasos inferiores o depresiones. Guarden documentos importantes y dispositivos electrónicos en fundas impermeables, apunten el número 112 y sigan los comunicados locales, y consulten las recomendaciones de Protección Civil sobre inundaciones. Y un consejo que salva vidas: nunca atraviese con el coche corrientes de agua en movimiento —aunque parezcan poco profundas, 20 centímetros pueden arrastrar un vehículo, según los consejos de la DGT para conducir en inundaciones.

Consecuencias económicas y turísticas

Las consecuencias inmediatas son visibles: las cancelaciones de vuelos rompen conexiones, los hoteles registran daños en garajes y se producen problemas de suministro. Menos visibles son los costes a largo plazo: primas de seguros más altas, gastos de adaptación de infraestructuras y posibles daños de imagen para una isla que vive del turismo. Aun así, esto no debe generar pánico —es una invitación a invertir de forma inteligente.

Un llamamiento local

Ahora hace falta mantener la calma, ayudar donde sea posible y seguir la información con atención. Pero debemos aprender de estos días: más lluvia ya no es una casualidad, es parte de una nueva realidad climática. Quien escucha los árboles empapados y percibe el olor a sal en el puerto siente que la isla es vulnerable —y que puede cambiar. Con pensamiento ecológico, mejoras técnicas y una mejor gestión de crisis se pueden mitigar muchos impactos. Esa es la tarea real tras el paso de las tormentas: no solo limpiar, sino replantear el futuro.

Noticias similares