
Después del aguacero: Ibiza entre charcos, aludes de barro y la pregunta de cuándo será el próximo
Una tormenta extrema ha puesto a Ibiza en grandes problemas durante la noche. Entre medidas de emergencia y tareas de limpieza improvisadas surge la pregunta: ¿Está la isla preparada para este tipo de episodios de lluvia intensa?
Después del aguacero: calles como lechos de ríos, casco antiguo lleno de barro
La lluvia no llegó despacio anoche, golpeó la isla como un muro. En el transcurso de dos horas cayeron en puntos hasta 200 litros por metro cuadrado —suficiente para que calles en Ibiza ciudad y alrededor de Playa d'en Bossa quedaran inundadas en minutos. Como recoge Intenso chaparrón golpea Ibiza: calles, casas y escuelas bajo el agua
Autos estaban sumergidos hasta los parachoques en charcos, puertas de garajes estaban pegadas con barro y en algunos bajos el agua se coló en armarios y sofás. Figueretes, la marina y los accesos al puerto: en todos los lugares la misma escena de sacos de arena improvisados y personas barriendo el lodo.
Alerta roja, UME en acción — y muchas preguntas abiertas
Las autoridades activaron el nivel de alerta más alto. Mensajes de advertencia en los móviles, anuncios pidiendo cerrar puertas y evitar las calles en peligro, según los avisos meteorológicos de AEMET. La Unidad Militar de Emergencias (UME) acudió con bombas y vehículos de apoyo. Aún no se han registrado víctimas mortales, pero la situación sigue siendo tensa: vías bloqueadas, puntos con agua potable contaminada y daños en aparcamientos subterráneos.
Hoy las escuelas permanecieron cerradas, las líneas de autobús funcionaron con restricciones y las labores de limpieza se prolongaron toda la noche. Bajo potentes focos se retiraron vehículos y recogieron manchas de aceite, mientras los comerciantes vaciaban estanterías con productos mojados. En una esquina un café servía el primer espresso del día en la calle —con sillas mojadas y soportes improvisados para escurrir—. Típica vida insular, con un toque de resistencia.
La cuestión central: ¿fue solo mala suerte o un fallo del sistema?
Estas tormentas ya no son casuales. La pregunta clave es: ¿estaba Ibiza preparada para este escenario? El análisis y las lecciones se recogen en Alerta roja en Ibiza: qué debe aprender la isla ahora. A corto plazo la gestión de crisis funcionó: avisos, ayuda rápida, bombas. Pero en el debate permanecen grandes lagunas. Redes de alcantarillado que se saturan en horas; sumideros insuficientes; áreas urbanizadas con suelos impermeabilizados que no absorben el agua; y garajes subterráneos que no fueron diseñados para estos extremos.
Menos visible, pero preocupante: el riesgo de contaminación. Manchas de aceite, material arrastrado de las calzadas y alcantarillas contaminadas pueden afectar suelos y acuíferos —un problema que suele aparecer en mediciones a largo plazo. Y está la cuestión de los seguros: ¿qué daños cubren pólizas redactadas hace años para otro clima?, como detalla Tras fuertes lluvias: el alcalde exige el estado de catástrofe para Ibiza
Lo que suele quedar fuera del debate público
Primero: la vida cotidiana de las personas. Vecinos mayores, familias monoparentales y pequeños comercios se enfrentan a un montón de problemas que van más allá de los charcos inmediatos. La carga psicológica, el coste de las reparaciones, la pérdida potencial de ingresos —son factores que no se resuelven con sacos de arena.
Segundo: el mantenimiento de la infraestructura. Muchos desagües se obstruyen por falta de limpiezas regulares; las zonas naturales de retención se han sobreedificado en las últimas décadas. Un tercer problema es la comunicación: apps de alerta y sirenas ayudaron, pero quedaron lagunas informativas. No todos recibieron el aviso, no todos supieron dónde llevar aparatos eléctricos mojados o cómo tramitar siniestros con las aseguradoras.
Oportunidades concretas y soluciones para la isla
De la crisis se puede sacar algo si se quiere. A corto plazo convendrían limpiezas periódicas a gran escala de las redes de alcantarillado, prohibiciones de aparcamiento claras en zonas bajas cuando haya alertas y puntos de recogida visibles para bienes dañados. Folletos informativos públicos y redes de ayuda vecinal podrían ser de gran ayuda, especialmente para residentes mayores.
A medio plazo hace falta infraestructura verde: zonas de infiltración, depósitos de retención de lluvia y más vegetación en áreas urbanas para reducir la escorrentía. En nuevas construcciones habría que endurecer las exigencias de drenaje; los garajes subterráneos deberían ser más altos o contar con bombas de emergencia. También es necesario mejorar la coordinación entre municipios, servicios de emergencia y el sector turístico —ferries, hoteles y arrendadores deben estar integrados en los planes de alarma.
A largo plazo no hay alternativa a un concepto insular adaptado al clima: análisis de riesgo realistas, inversiones en gestión de lluvias y una conciencia pública de que estos episodios serán más frecuentes. Eso cuesta dinero, pero cuesta aún más si los daños se convierten en rutina.
Qué puede hacer ahora
Quienes están ahora mismo en Ibiza: eviten calles inundadas, no aparquen en garajes bajos y sigan los canales oficiales de alerta. Cuiden de vecinos que puedan necesitar ayuda y comuniquen daños a los canales previstos para no obstaculizar las vías de emergencia.
La noche ha mostrado la vulnerabilidad de la isla —y lo rápido que la gente se une. La tarea para los próximos meses: construir soluciones desde la solidaridad y desde la lección aprendida, para que el próximo aguacero no deje el mismo caos.
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