Bahía de Alcúdia y la costa donde se ampliaría la planta de desalinización

Agua para el norte: Alcúdia apuesta por la desalinización — financiada con la tasa turística

El gobierno de las Baleares planea ampliar la desalinización de agua de mar en la bahía de Alcúdia —por primera vez en 15 años. 250.000 euros provendrán de la tasa turística. ¿Qué consecuencias tiene esto para el clima, la costa y los vecinos?

Más agua — ¿pero a qué precio? Alcúdia planea ampliar la planta desalinizadora

Cuando el primer vendedor del mercadillo en Sa Pobla despliega sus mercancías, las gaviotas sobrevuelan la bahía y el paseo de Alcúdia ya huele a sal tras la niebla matinal, la política trabaja en algo que no se ve: agua. El gobierno de las Baleares quiere ampliar la planta desalinizadora de Alcúdia —la primera vez desde su puesta en marcha hace unos 15 años—. Y parte de la financiación proviene de la tasa turística.

La cuestión central no es solo si habrá más agua potable. Sino: ¿qué tan sostenible y justo es este modelo? 250.000 euros deben salir de la tasa turística —esa cantidad que se abona al registrarse—. A primera vista tiene sentido: los visitantes consumen agua, por tanto deben contribuir a la infraestructura. Pero a un segundo vistazo quedan preguntas abiertas: demanda energética, impactos ambientales y costes a largo plazo para el municipio.

Lo que está previsto — y lo que aún no está claro

Se prevén modernizaciones en filtros y bombas; no una planta completamente nueva. Calendario: planificación, licitaciones y obras en los próximos uno o dos años. Los técnicos hablan de mejoras de eficiencia, no de duplicar la capacidad. Aun así, la planta consume mucha energía: desalinizar agua de mar es técnicamente factible, pero intensivo en electricidad. ¿Quién suministrará esa energía? ¿Provendrá de fuentes fósiles o de instalaciones renovables en Mallorca?

También surge la cuestión de la gestión ambiental: ¿qué se hará con la salmuera (brine) que se genera como residuo? Sin una dispersión adecuada, las concentraciones de sal incrementadas pueden afectar a la fauna marina local —especialmente en una bahía poco profunda como la de Alcúdia, donde las praderas de posidonia y las pequeñas embarcaciones de pesca forman parte del paisaje cotidiano.

Voces del vecindario

En la plaza y en el paseo escucho reacciones encontradas. Una jardinera de Búger dice: «En julio a veces no hay suficiente agua para las plantas». Un joven socorrista de Can Picafort espera duchas limpias y duchas que funcionen en las playas. Pero agricultores de Es Pla preguntan concretamente por horarios de riego y precios. Muchos quieren saber: ¿el agua adicional estabilizará a largo plazo los precios para la agricultura, o al final pagarán más los residentes?

Transparencia parece ser una palabra recurrente: desglose exacto de costes, fuente de la energía, estudios ambientales, monitorización de la descarga de salmuera y la proporción exacta de los ingresos turísticos que se destinarán a ello.

Lo que queda poco tratado en el debate público

A menudo la desalinización se presenta como una panacea —lo que no es. Se discute menos cuánta agua se pierde realmente antes de que llegue al grifo: fugas en redes antiguas, riego ineficiente en la agricultura, depósitos obsoletos. Una kilovatiohora para la desalinización es cara; el mismo dinero podría invertirse en reparar tuberías y en sistemas de medición inteligentes que hagan visible el consumo real.

Tampoco se contempla la dimensión estacional: la demanda de agua aumenta mucho en verano por el turismo. Entonces, ¿por qué no adoptar un enfoque dual? Producir más agua, sí —pero al mismo tiempo gestionar la demanda. Esto significa medidas sencillas como proyectos de riego por goteo en la agricultura, incentivos para que los hoteles implementen tecnología de ahorro de agua y sistemas de captación de lluvia para uso privado y agrícola.

Propuestas concretas

Algunos pasos pragmáticos que Alcúdia debería evaluar ahora:

1. Vinculación con energías renovables: autorizar la ampliación solo si una parte significativa de la electricidad procede de proyectos solares o eólicos. Las cubiertas planas de hoteles y comercios en Mallorca serían idóneas.

2. Medidas para reducir la demanda: programas de apoyo para riego por goteo, modernización de canales de riego en Es Pla, descuentos para hoteles que instalen tecnología de ahorro de agua.

3. Transparencia y monitorización: publicación de todos los contratos, estudios ambientales e informes anuales sobre consumo energético y distribución de la salmuera. Un panel de datos público aumentaría la confianza.

4. Medidas de compensación ecológica: financiación de programas de protección de las praderas de posidonia y una salida de salmuera comprobada con difusores para evitar concentraciones locales de sal.

Una perspectiva realista

Los 250.000 euros de la tasa turística son un símbolo: los turistas pagan por la infraestructura, y eso es legítimo. Pero una subvención puntual es solo una gota en el mar de las inversiones necesarias. En Mallorca, donde el verano es caluroso y las cigarras son ruidosas, se requiere planificación a largo plazo. Eficiencia, energía renovable y transparencia deben ir de la mano con las soluciones técnicas.

Al final no decidirán solo los números, sino la confianza de la gente. Si los políticos de Alcúdia y las autoridades de la isla aprovechan esta ampliación como una oportunidad —para un sistema de agua más moderno, menos derroche y una costa limpia—, la tasa turística puede ser algo más que un recargo en la factura: puede formar parte de una solución honesta.

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