Andratx macht Ruine am Dorfzentrum zu 30 preisgebundenen Wohnungen

De ruina a barrio: Andratx planea 30 viviendas protegidas cerca de la iglesia

De ruina a barrio: Andratx planea 30 viviendas protegidas cerca de la iglesia

El Ayuntamiento de Andratx quiere transformar una obra a medias de más de 20 años a la vista de la iglesia parroquial en un proyecto de 30 viviendas a precio limitado para familias locales. La alcaldesa Gonzalvo considera que es una oportunidad para combatir la escasez de vivienda en el municipio.

De ruina a barrio: Andratx planea 30 viviendas protegidas cerca de la iglesia

En la pequeña plaza, donde por la mañana las campanas de la iglesia resuenan sobre el mercado y el aroma de las flores de azahar a veces llena los cafés de la calle, durante años hubo un bloque de hormigón inconcluso que añadía una cierta pesadez gris a cualquier paseo por el pueblo. El edificio, que los vecinos llaman s'Hort dels tarongers, debe ahora empezar un nuevo capítulo: el ayuntamiento ha impulsado la finalización como un conjunto residencial de 30 viviendas ofrecidas a precio limitado y destinadas prioritariamente a familias del municipio.

El fragmento del paisaje urbano ha estado medio acabado durante más de dos décadas y es visible desde muchos puntos del lugar. Originalmente el terreno pertenecía a la parroquia; a principios de los años 2000 un promotor adquirió la parcela y solicitó licencia para tres bloques residenciales. Tras la crisis económica posterior el proyecto se paralizó, la constructora entró en concurso de acreedores y la estructura quedó expuesta a la intemperie. Un nuevo propietario se ha hecho cargo del solar y ha presentado la solicitud para concluir las obras.

Andratx aprovecha así la normativa del gobierno regional que permite finalizar construcciones con permisos vencidos y destinarlas después a viviendas protegidas. El municipio lo ve como una respuesta pragmática a un problema acuciante: para muchos residentes locales es cada vez más difícil encontrar vivienda asequible. Las 30 unidades previstas se adjudicarán mayoritariamente a familias y hogares del pueblo, y como criterio de asignación se exigirá acreditar una residencia continuada de varios años —diez años— para que la oferta beneficie realmente a la población local.

En la práctica cotidiana esto significa: no más esqueleto de obra monótono en una plaza céntrica, sino ventanas animadas, balcones y quizá un pequeño café en la planta baja donde ahora hay vallas de obra desordenadas. Estos cambios tienen un efecto doble en Mallorca: no solo mejoran la imagen, sino que también atraen de nuevo a gente al centro, que trabaja, compra y refuerza la vida social.

La alcaldesa de Andratx subraya que el proyecto se orienta deliberadamente a la planificación para los habitantes y que la ejecución de las viviendas es una oportunidad para transformar una superficie hasta ahora sin uso y molesta desde el punto de vista urbano en vivienda para residentes. Es un paso que se debate en muchos municipios de la isla, como el debate por un nuevo edificio en Palma: recuperar suelos degradados en lugar de sellar nuevos territorios.

En la práctica aún quedan trámites: hay que cerrar formalmente las licencias, cumplir las normativas técnicas y tener en cuenta el entorno histórico —la iglesia parroquial está en las inmediaciones. La vecindad, que durante largo tiempo conoció ese triste recordatorio de un proyecto fallido, ahora espera menos ambiente de ruina y viviendas que ofrezcan buenas oportunidades a personas con arraigo en Andratx.

Si uno pasea una mañana soleada por la plaza, escucha a los comerciantes conversar, a niños que van a comprarse un helado y de vez en cuando a vecinos discutiendo sobre el futuro del lugar. Precisamente en esas conversaciones reside la fuerza de iniciativas así: proyectos pequeños y céntricos pueden cambiar mucho la vida cotidiana. Que una ruina pase a dar techo a personas parece casi una forma pragmática de embellecimiento urbano: no solo para fotos de turistas, sino para quienes viven aquí.

Perspectiva: si la ejecución marcha según lo previsto, el proyecto de Andratx podría servir de ejemplo para otros pueblos de la isla que tienen edificios a medias en el corazón de sus centros históricos. La combinación de reparación visible del tejido urbano y asignación dirigida a residentes de larga duración es una forma de cohesión local y una respuesta pragmática a la cuestión de la vivienda que muchos mallorquines viven a diario; ejemplos cercanos incluyen la entrega de diez viviendas con precio tope en Manacor y obras de rehabilitación en el puerto, como la rehabilitación del Port d'Andratx.

Por qué esto es bueno para Mallorca

Este proyecto conecta tres cosas: elimina una cicatriz urbana, crea vivienda realmente útil para la población autóctona y aprovecha la infraestructura existente en lugar de consumir nuevo suelo. Para un pueblo como Andratx, que vive en gran medida de su atmósfera, esto es más que una obra: es una devolución al municipio.

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