Tiburón blanco cerca de la costa de Mallorca, representando avistamientos históricos y recientes.

Antes más frecuentes de lo que se pensaba: tiburones blancos frente a las costas de Mallorca

Antes más frecuentes de lo que se pensaba: tiburones blancos frente a las costas de Mallorca

Entre 1941 y 1976 se capturaron varios grandes tiburones blancos frente al norte de Mallorca. La acumulación histórica, el avistamiento moderno de 2018 y una detección reciente en el Mediterráneo español exigen respuestas mesuradas en lugar de pánico.

Antes más frecuentes de lo que se pensaba: tiburones blancos frente a las costas de Mallorca

Quien se coloque por la mañana en el espigón de Port de Pollença escucha los chillidos de las gaviotas, huele a diésel y redes recién cortadas —y rara vez piensa en el tiburón blanco. Sin embargo, registros del siglo XX muestran que, sobre todo en el norte de la isla, entre 1941 y 1976 al menos 18 ejemplares grandes acabaron en redes de atún. Otras fuentes estiman un número incluso mayor para las Baleares.

Pregunta central

¿Cómo debemos manejar el conocimiento de que el tiburón blanco fue históricamente parte del Mediterráneo occidental, y qué significa eso para nuestras costas hoy?

Evaluación crítica

Las cifras de mediados del siglo pasado no se explican por mitos, sino por las operaciones pesqueras de entonces: redes fijas de atún ancladas a la costa atraían peces presa —y con ellos depredadores. Documentos y recuerdos de los pescadores prueban que algunos animales medían más de seis metros y pesaban más de 2.000 kilogramos. A finales de los años setenta esa acumulación se volvió mucho menos frecuente; la última captura grande documentada data de 1976.

No obstante, hay señales modernas: en 2018 un equipo científico filmó frente a Cabrera un ejemplar de unos cinco metros, y recientemente investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO) junto con la Universidad de Cádiz reportaron una nueva confirmación de un tiburón blanco en el Mediterráneo español. Todo ello indica que el tiburón blanco no ha desaparecido por completo —pero tampoco ha regresado como una población residente.

Lo que falta en el debate público

En Mallorca el debate suele oscilar entre el sensacionalismo y la tranquilizadora relativización. A menudo se dejan fuera tres cosas: primero, datos sistemáticos a largo plazo sobre grandes depredadores en el mar Balear; segundo, planes concretos para el monitoreo y la protección preventiva de bañistas y pescadores sin matar animales; tercero, diálogos entre la ciencia, las comunidades pesqueras y los actores del turismo.

Una escena cotidiana

Al final de la tarde se ven en Cala Sant Vicenç jubilados paseando a sus perros, niños con snorkel en el borde de la barra de arena y pescadores mayores recogiendo sus redes. Ese momento ilustra por qué alarmar es dañino: las playas son hábitat, lugar de trabajo y espacio de ocio a la vez. Al mismo tiempo, los cordeles grises y las redes extendidas en el muelle recuerdan hasta qué punto la técnica humana atrapó a los animales en el pasado.

Propuestas concretas

1) Ampliación de la vigilancia con métodos científicos: incrementar el muestreo de eDNA a lo largo de tramos costeros como Pollença, Alcúdia y Cabrera, complementado con el marcado por satélite de individuos de mayor tamaño, cuando sea posible.

2) Conceptos de alerta temprana y seguridad sin matar: drones, dispositivos sonar estacionarios en playas populares, formación adicional para los socorristas y sistemas claros de información para los visitantes de la playa.

3) Participación de las comunidades pesqueras: aprovechar el conocimiento histórico de los pescadores, adaptar métodos de captura y crear incentivos para prácticas que reduzcan daños, en lugar de intensificar conflictos.

4) Protección de la base alimentaria: medidas para conservar las poblaciones de atún y otras presas pueden influir indirectamente en el comportamiento de los depredadores y son parte de un enfoque ecológico.

5) Investigación y educación a largo plazo: colaboración entre instituciones locales, universidades y centros de investigación para crear una base de datos sólida y formar a la población.

Conclusión

El tiburón blanco frente a Mallorca no es una visión de horror de tiempos pasados, pero tampoco la vuelta de una población establecida. La realidad está en medio: visitantes esporádicos, acumulaciones históricas y un déficit de conocimiento en materia de monitoreo y prevención. En lugar de oscilar entre pánico y negación, sería sensato un plan mesurado y con anclaje local —uno que siente a pescadores, científicos, socorristas y bañistas en una misma mesa. Así la costa de la isla puede ser segura y parte de un mar saludable.

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