
Las Baleares intervienen: el gobierno quiere regular el número de visitantes - las opiniones están divididas
Una nueva encuesta muestra un amplio apoyo a los límites: el gobierno habla de protección y los críticos exigen medidas más audaces.
Regla en lugar de impotencia: Las Baleares y el plan para reducir la cantidad de huéspedes
A última hora de la tarde en Palma, en la Plaça frente a la catedral, los residentes ya hablan abiertamente sobre ello: demasiados autobuses, playas demasiado llenas, diésel en las calles laterales. El gobierno regional ha dejado claro que quiere regular el número de visitantes. El ministro de turismo Jaume Bauzà defendió el miércoles la línea del gobierno: se apuesta por la limitación, la regulación y la cooperación con los cabildos insulares.
Qué dicen los números
Una encuesta reciente de la agencia de turismo muestra claras mayorías a favor de restricciones: el 75,6 por ciento de los encuestados piensa que llegan demasiados visitantes al año. Casi dos tercios apoyan restricciones en el número de visitantes, cruceros y alojamientos. La oposición a los apartamentos turísticos (80,5 %) y a los coches de alquiler (79,6 %) es especialmente marcada.
Y además: El 67,6 por ciento apoya un impuesto ecológico más alto (Ecotasa) para promover ofertas sostenibles. Casi el 90 por ciento desea medidas para desaturar la temporada y distribuir a los visitantes en otros lugares distintos a los clásicos destinos de baño.
Economía frente a la vida cotidiana
Los números muestran un panorama contradictorio: el 86 por ciento ve el turismo como fuente central de ingresos, el 74 por ciento lo vincula a empleos cualificados, el 77,2 por ciento lo asocia a una oferta más amplia de ocio y cultura. Al mismo tiempo, el 78 por ciento se queja del aumento de los costos de vivienda y el 65 por ciento ve una carga ambiental evidente.
El ministro Bauzà subrayó la necesidad de combinar ambas cosas: proteger a la población, pero sin dañar la economía. Pasos concretos deberían incluir negociaciones con las compañías de cruceros, controles más estrictos ante ofertas ilegales y un decreto provisional contra nuevas zonas turísticas. Los cabildos insulares deberían desarrollar reglas complementarias, cada isla con su propia nota, según el ministro.
Críticas y preocupaciones
Algunas voces de la sociedad civil cuestionaron la encuesta y las medidas propuestas: no todo es legalmente aplicable, los riesgos de indemnización podrían frenar. Otros dicen que el gobierno no va lo suficientemente lejos: exigen intervenciones más audaces, por ejemplo en la reconversión de edificios multifamiliares o una limitación más estricta de las llegadas diarias al puerto de Palma.
En el lugar se siente la mezcla de alivio y preocupación. Una propietaria de una cafetería en El Jonquet comentó ayer a las 9:30 con un café con leche: “Necesitamos visitantes, pero no a cualquier precio.” Un taxista mayor añadió secamente: “Las reglas son bonitas, pero si se vuelven demasiado complicadas, se pierde tiempo y clientes.”
¿Y ahora qué?
El debate continúa. El gobierno promete diálogo con los cabildos, con socios sociales y con el sector. Para muchos habitantes está claro: no basta con hablar; lo que cuenta es el efecto. Si las medidas anunciadas serán suficientes, se verá en los puertos, en las calles y en los mercados de alquiler. Mientras tanto, sigue siendo una disputa local, pero también política, por el equilibrio.
Lo que quizá note: menos improvisaciones, más procesos y decretos, tal vez algo menos turismo de masas en zonas sensibles. Y: muchas personas en la isla observarán de cerca en los próximos meses.
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