Interior acogedor de Ca'n Ela en Palma con mesas, luz cálida y ambiente de casco antiguo

Ca'n Ela en Palma: Un pequeño local que invita a lo vegetal

En pleno casco antiguo de Palma, junto a la Lonja, Ca'n Ela se ha consolidado como una dirección acogedora para comida vegana. Un lugar para compartir, quedarse y descubrir; con margen de mejora en los postres y en la selección de vinos.

Un pequeño lugar con gran calidez

En la Carrer de la Mar, justo al lado de la Lonja gótica, se esconde un local que pasa fácil desapercibido si no se mira con atención, típico de locales ocultos en Palma. Ca'n Ela no parece un proyecto de moda, sino un hogar que recibe invitados: ambiente mallorquín para el salón, voces que se deslizan suavemente sobre la mesa y, de vez en cuando, el tintinear de una taza —el concierto cotidiano del casco antiguo en un soleado martes al mediodía.

Por qué apetece comer aquí

La idea detrás es sencilla y encantadora: fresco, de base vegetal, con una firma clara. La oferta de mediodía cambia a diario y sorprende con combinaciones que invitan a compartir. El día de mi visita había un tabulé de cuscús con lombarda y hinojo, acompañado de un zumo recién exprimido de naranja, remolacha y cúrcuma —una mezcla fresca y ligeramente terrosa que contrarresta bien el calor del mediodía. Especialmente reconfortante: una sopa cremosa de verduras con espinacas que no pretende llamar la atención sino simplemente saber honesta.

Los platos principales juegan con la textura y el condimento: verduras salteadas con arroz al curry, pasta con salsa de calabacín y setas. Bien resuelto: se pueden combinar ambos en un mismo plato y así probar contrastes de sabores —práctico para indecisos e ideal para compartir con amigas o en familia.

Ingredientes regionales, equipo familiar

Detrás de la barra hay un equipo con exigencia y corazón. Ca'n Ela fue fundado por Ella Santiona y su hija, después de que cerrara otro local vegetariano del barrio. Eso se nota en la manera de tomar pedidos, servir y explicar: calma, amabilidad, atención. Muchos ingredientes proceden de la región y casi todos los platos pueden prepararse sin gluten —una ventaja para personas con alergias.

El espacio es compacto; las mesas están cerca unas de otras. Quien busque privacidad, mejor que reserve. Quien disfrute de la compañía, se alegrará del animado convivir: el ligero murmullo del casco antiguo, el ocasional reclamo de vendedores ambulantes y la brisa suave que se cuela hasta el comedor, como en las tabernas asequibles de Palma.

Entre elogios y pequeños deseos

No todo es perfecto —y eso está bien. Los postres dividieron opiniones: un bizcocho de nueces y semillas convenció por su textura y profundidad, mientras que la verrina de chocolate resultó algo apagada. La carta de bebidas también es deliberadamente breve: hay algunas cervezas y una pequeña selección de vinos, entre ellos un tinto mallorquín. Quien busque vinos naturales o cervezas artesanas singulares, no lo encontrará aquí.

Los precios son moderados; las raciones están pensadas para que aún tengas ganas de dar un paseo digestivo por el casco antiguo —quizá rumbo a la Plaça Cort o junto al paseo marítimo.

Un lugar para quedarse —con potencial

Ca'n Ela no se impone por la estridencia sino por la constancia. No es un sitio para grandes puestas en escena, sino para cocina vegetal honesta y bien hecha. Hay pequeñas áreas que pueden madurar: una carta de postres más atrevida, algunos vinos más sorprendentes —pero la cocina trabaja con corazón y cabeza.

Mi consejo: pedir varios platos pequeños y compartir. Al atardecer, cuando las velas parpadean sobre las mesas y el casco antiguo se llena de paseantes, Ca'n Ela muestra su lado más encantador. Y si la vecina con el loro vuelve a pasar por aquí, forma parte del encanto.

Conclusión: Un punto de referencia fiable y acogedor para la cocina de base vegetal en Palma. No es perfecto, pero es simpático y honesto. Ideal tras una visita al mercado o como cierre relajado de un paseo por el casco antiguo.

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