Pablo Mielgo dirigiendo la Novena de Beethoven en un auditorio, gestos enérgicos y músicos atentos.

Utopía en tonos — La Novena de Beethoven en el Auditorium bajo la dirección de Pablo Mielgo

Una velada entre grandiosidad y obsesión por el detalle: ¿qué queda de la utopía de Beethoven cuando el tempo, la comprensión del texto y la dirección musical no terminan de encajar?

Utopía en tonos — La Novena de Beethoven en el Auditorium bajo la dirección de Pablo Mielgo

Pregunta guía: ¿Puede una interpretación de la Novena funcionar hoy como una utopía convincente si los detalles musicales arañan la impresión global?

Viernes por la noche en el Auditori de Palma: afuera es diciembre, las farolas del Passeig Mallorca proyectan luz húmeda sobre adoquines mojados, en el intermedio huele a café y a abrigo demasiado caliente. Dentro, sin embargo, un conjunto orquestal, un coro y cuatro solistas intentan realizar algo que en el papel es más grande que cada individuo: la Novena de Beethoven como promesa de un mundo mejor.

El director Pablo Mielgo tomó la partitura en serio, casi de forma programática. Su lectura no buscó efectismos, sino dramatismo y precisión. Los tiempos lentos respiraban, el scherzo vivía de claros contrastes y las transiciones hacia el final tenían peso. Aun así, me quedó la sensación de que la mirada del director a veces se perdía en el detalle: demasiadas matices que fragmentaban el conjunto en vez de elevarlo. Beethoven exige a la vez monumentalidad y claridad; ambas cosas no se consiguieron de manera constante.

Una fuerza de la noche fue el coro: Cor Studium se mostró homófono, rítmicamente ajustado y con esa energía que hace creíble una parte coral tan masiva. En la coda, cuando estalló la famosa chispa de los dioses, el coro prendió: el sonido barrió la sala y arrastró con él. Ese fue el momento en que la utopía de Beethoven, por más manifiesta que sea, empezó a parecer genuina.

En los solistas se apreció un abanico entre oficio sólido y decisiones discutibles. El barítono Sebastià Serra situó el célebre exclamación «¡Oh amigos, no esos tonos!» de forma casi operística, con mucho gesto —efectista y, a veces, más contundente de lo necesario; ese acceso dramático llegó a ahogar la austera autoridad del texto. El tenor Joan Laínez pareció sorprendido en ocasiones por la agudeza lingüística del texto alemán; acentos imprecisos hicieron que algunas palabras resultaran difíciles de entender. Las dos voces femeninas, Marta Bauzà (soprano) y Bergoña Gómez (mezzosoprano), aportaron en cambio frescura y una reserva agradable en el vibrato que dejó espacio al coro y la orquesta.

Orquestalmente, muchas cosas estaban bien preparadas: trabajo de detalle, entradas limpias, una sección de vientos homogénea. Pero en una obra que vive tanto de las proporciones, se distorsiona la perspectiva cuando el director trata frases aisladas como si fuesen lo más destacado. Entonces da la impresión de que el final le habla al oyente en vez de arrastrarlo dentro. El propio Auditorium ayudó y entorpeció a la vez: la acústica recompensó las construcciones sonoras densas, pero dejó al descubierto armónicos y dicciones imprecisas.

Lo que en la conversación pública aparece con poca frecuencia se manifestó esa noche: la discusión sobre la inteligibilidad del texto y la transmisión musical. En una sinfonía en la que las palabras sostienen la idea, una declamación clara y comprensible es obligatoria. Aún más importante es la cuestión de los tiempos de ensayo y las condiciones de trabajo. Un coro como Cor Studium no brilla por casualidad: la continuidad en los ensayos, condiciones profesionales de práctica y tiempo suficiente de preparación son los ingredientes invisibles.

Una pequeña escena cotidiana después del concierto: parejas y solitarios se quedan frente a la entrada, el viento despeina los pañuelos, se oyen los últimos acordes en fragmentos de conversación. Un hombre mayor, aún con ropa de gala, critica con cariño los pasajes que le parecieron teatrales; una joven elogia a la soprano porque «cantó tan clara». Son esas conversaciones las que muestran cómo la música en Mallorca no solo se interpreta, sino que se vive.

Propuestas concretas para que la Novena resulte en el futuro más potente y accesible:

1) Más énfasis en el trabajo del texto: coaching de dicción para solistas, ensayos distribuidos con hablantes, textos impresos claramente en el programa o surtítulos.

2) Mejor equilibrio entre trabajo de detalle y arco global: un plan de ensayos que renuncie deliberadamente a frases para comprobar la imagen de conjunto —a veces menos es más efectivo.

3) Inversión en tiempo de ensayo y honorarios: las buenas interpretaciones necesitan espacio para crecer; las aportaciones regulares a orquestas y coros rentan artísticamente y ante el público.

4) Involucrar al público: presentaciones antes del concierto, mesas de conversación tras la función y abonos para público joven fortalecen el vínculo entre la obra y el oyente.

Conclusión: la velada en el Auditorium fue un mosaico de impresiones. Hubo momentos de gran gesto y auténtica euforia coral, junto a pasajes en los que la pasión por el detalle y la problemática inteligibilidad del texto entorpecieron el fluir. Beethoven exige utopía, pero también comprensión. Quienes quieran ambas cosas deben invertir en ensayos, mediación y audibilidad. Para Palma queda, sin embargo: cuando la chispa divina una vez barre la sala, se olvidan las pequeñas imprecisiones —breve, ruidoso y no exento de esperanza.

Lugar y fecha: Auditorium de Palma, noche de diciembre; sonido y conversaciones tras el concierto, Passeig Mallorca bajo la lluvia.

Preguntas frecuentes

¿Cómo suena la Novena de Beethoven en el Auditorium de Palma?

En el Auditorium de Palma, la Novena de Beethoven gana presencia cuando la masa coral y orquestal se construye con densidad. La acústica favorece mucho los bloques sonoros amplios, aunque también deja al descubierto pequeñas imprecisiones en dicción o afinación. El resultado puede ser muy impactante cuando el conjunto encuentra equilibrio.

¿Vale la pena escuchar la Novena de Beethoven en concierto hoy en día?

Sí, porque sigue funcionando como una obra de enorme impacto emocional y musical. Cuando coro, orquesta y solistas logran unir claridad, tensión y amplitud, la Novena sigue transmitiendo una idea de celebración colectiva muy poderosa. También exige mucho al intérprete, por lo que cada función puede sentirse distinta.

¿Qué papel tiene el coro en la Novena de Beethoven?

El coro es decisivo, porque en el último movimiento sostiene la parte más reconocible y más exigente de la obra. No basta con sonar fuerte: también tiene que articular bien el texto y mantener la precisión rítmica. Cuando eso ocurre, la Novena adquiere la dimensión humana y utópica que la hace tan especial.

¿Quién dirigió la Novena de Beethoven en el Auditorium de Palma?

La interpretación estuvo dirigida por Pablo Mielgo. Su enfoque fue serio y muy atento al detalle, con una lectura que buscó dramatismo sin caer en el efectismo. Eso dio momentos de mucha intensidad, aunque no siempre logró una visión completamente unificada de la obra.

¿Cómo sonó el coro Cor Studium en la Novena de Beethoven?

Cor Studium destacó por su homogeneidad y por una respuesta rítmica muy ajustada. En los pasajes más intensos, el coro consiguió una energía convincente que hizo creíble la gran escala de la obra. Especialmente en la coda final, su impacto fue uno de los puntos más fuertes de la noche.

¿Se entiende bien el texto alemán en la Novena de Beethoven?

Depende mucho de la dicción de los solistas y del equilibrio general con coro y orquesta. En una obra como la Novena, el texto no es un adorno: ayuda a sostener la idea musical y conviene que se escuche con claridad. Cuando la pronunciación no es nítida, parte del sentido se debilita.

¿Qué ambiente hay después de un concierto en el Auditorium de Palma?

Después de un concierto en el Auditorium de Palma suele quedar un ambiente muy vivo, con gente comentando la función a la salida. En noches de diciembre, el Passeig Mallorca y la entrada del recinto ayudan a prolongar esa sensación de final compartido. Son momentos en los que la música sigue presente en las conversaciones.

¿Qué conviene tener en cuenta para preparar una noche de concierto en Mallorca en diciembre?

En Mallorca, una noche de concierto en diciembre puede empezar con humedad y terminar con sensación de fresco, así que conviene ir bien abrigado. También ayuda llegar con tiempo para moverse con calma, dejar margen para el intermedio y disfrutar del ambiente previo. Si el concierto es una obra grande como la Novena, merece la pena ir con disposición para escuchar con calma.

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