Plaza central de Felanitx con puestos de mercado y vecinos conversando, árboles del parque al fondo.

Felanitx: Entre plaza, parque y avance – el pueblo que sigue adelante

Felanitx: Entre plaza, parque y avance – el pueblo que sigue adelante

Felanitx se muestra como un lugar de familiaridad con pequeñas novedades: comerciantes del mercado, un punto de encuentro en Ca n'Usola, Sa Torre con recuerdos de grandes fiestas de verano, además de una nueva escuela y un hospital que marcan el ritmo del futuro.

Felanitx: Entre plaza, parque y avance – el pueblo que sigue adelante

Un paseo con un vecino muestra por qué aquí conviven tradición y desarrollo

La Plaça d'Espanya en Felanitx no es una imagen de postal que solo resulte bonita por un día. Por la mañana aún flota el aroma del café recién hecho, en las mesas de Ca n'Usola murmuran los clientes habituales, y desde la nave del mercado un vendedor de pescado comparte su saber: el hombre, conocido por muchos aquí, es un amigo de la escuela del vecindario. Así comienza a explicarse este lugar: a través de la gente, de las conexiones, de los recuerdos.

Lucas Froese, de 34 años, es uno de los que han crecido con esas historias. Hijo de una familia que se mudó a Mallorca y criado en Felanitx, hoy trabaja como agente inmobiliario. Durante el paseo por las calles queda claro que no describe el pueblo desde una perspectiva turística, sino desde la de un vecino: conoce al dueño del bar, a la mujer que ayudó en la reunión de padres, al encargado de la tienda de piensos camino al polideportivo y al antiguo profesor de tenis, que ahora tiene una agencia de seguros. Esas interrelaciones hacen que Felanitx sea pequeño y, al mismo tiempo, resistente.

El Café Ca n'Usola es para Froese más que un bar: un tablón de anuncios que, tras una reforma, no se ha convertido en otra cosa. Aquí hay cocina sencilla y honesta y el tipo de conversaciones que solo se mantienen en lugares donde la gente se encuentra con regularidad. Afuera, frente a la iglesia de Sant Miquel, llama la atención la escalinata hacia la fuente de Santa Margalida: su forma recuerda a una herradura; la historia de cómo se encontró el manantial forma parte de las anécdotas que aún escuchan los niños, y en la plaza se representan obras de teatro en Semana Santa, con familias que mantienen los mismos asientos durante años.

A unas calles está el parque municipal Sa Torre. Froese recuerda coloridas fiestas de verano, un árbol bajo el que solían reunirse y eventos que atraían visitantes más allá de los límites del municipio. «Antes aquí se celebraban grandes conciertos», dice, y menciona artistas cuyos nombres han quedado en la memoria de los mayores. Hoy el parque es punto de encuentro para familias, niños y deportistas: el área de juego y el campo de fútbol forman parte de este espacio público central.

El deporte y las infraestructuras cuentan cuando Felanitx se siente como un pueblo con ambición. El complejo en el extremo oeste ofrece pistas de atletismo, tenis y pádel, pistas de baloncesto y fútbol, así como una piscina y opciones de fitness. Para los jóvenes son los lugares cotidianos: patinetes para entrenar, la espera conjunta frente al supermercado, el rato de estar juntos antes de que empiece la clase.

En la conversación Froese también menciona las sombras: a los jóvenes les resulta a menudo difícil conseguir la financiación adecuada para una vivienda propia, mientras al mismo tiempo existe vivienda vacía. Paralelamente observa un mercado que en los últimos doce meses se ha movido con claridad: las cifras de ventas han aumentado. La convivencia de demanda, pisos vacíos y potencial constructivo marca el debate local sobre el desarrollo.

Un signo visible de ese desarrollo son las obras en curso del nuevo hospital en Felanitx y la escuela de nueva construcción que apenas se ha iniciado, cuyo acto de colocación de la primera piedra realizó recientemente la presidenta de las Islas Baleares, Marga Prohens, según recoge el artículo Nuevo hospital en Felanitx: oportunidad para el Llevant. Proyectos como estos cambian la escena cotidiana: más trabajadores que se desplazan, otros flujos de tráfico, nuevas familias que buscan aquí una perspectiva. El ayuntamiento realizó el año pasado una consulta en línea a las alrededor de 10.000 personas residentes; muchas de las demandas señaladas parecen ahora convertirse en medidas más concretas.

Lo que queda es un lugar que no se disfraza: calles con caras conocidas, bares donde las camareras saben cómo tomas tu café, un parque que aún conserva la memoria de grandes noches y planes que transforman el pueblo en pequeños pasos, a menudo silenciosos. Por eso Felanitx no parece ni congelado ni modernizado de manera apresurada: es un lugar que sigue adelante manteniendo sus puntos de encuentro y a la vez dejando espacio para lo nuevo.

Quien pasea por las callejuelas escucha el tintinear de las tazas, las voces lejanas en el campo de deporte y el ocasional ruido del motor de un patinete. Ese es el ritmo con el que vive Felanitx: familiar, vivo, dispuesto a probar lo siguiente.

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