
Cisterna más profunda, mil fragmentos: qué significan los nuevos hallazgos en el castillo de Alaró
Durante trabajos de restauración en el castillo de Alaró, arqueólogos dieron con una cisterna sorprendentemente profunda y alrededor de mil fragmentos de cerámica. ¿Qué implica esto para la datación, la protección del patrimonio y la gente del lugar?
Arqueología sobre el pueblo: más preguntas que respuestas — por ahora
Era una de esas mañanas frescas de finales de primavera; el sol acababa de empezar a calentar las viejas piedras del muro del castillo cuando el equipo de excavación se quedó en silencio. Bajo los escombros no solo apareció otro muro, sino una cisterna que estaba más profunda de lo esperado. El hallazgo se produjo en el marco de trabajos de conservación con un presupuesto de 138.000 euros —y ha planteado la pregunta simple: ¿qué edad tiene realmente este castillo y cómo gestionamos este nuevo conocimiento?
Los hallazgos: cisternas, muros, mil fragmentos
En la superficie de trabajo se superponían estratos: muros que indican distintas fases constructivas y, precisamente, esa cisterna sorpresa. Se recuperaron alrededor de mil fragmentos cerámicos —restos de asas, cuerpos de vasijas, fragmentos vidriados. Nada de ello es espectacular en el sentido de oro o decoración artística. Justo eso es lo que hace valiosos los hallazgos: la cerámica pertenece a la vida cotidiana y lo cotidiano cuenta historias sobre cocinar, almacenar y comerciar.
En el lugar trabajan arqueólogos, voluntarios del pueblo y estudiantes; se oye el tintinear de las palas, risas ocasionales, el grito de un ayudante hacia la angosta calle y a lo lejos la bocina de una furgoneta que baja por la estrecha carretera hacia Alaró. Un viejo carro apoya en el borde de la obra —una imagen que muestra: aquí se cava con las manos, no solo frente a una pantalla.
La cuestión principal: ¿más antiguo o solo más profundo?
La pregunta central ahora es: ¿implica la profundidad de la cisterna automáticamente una datación más antigua? No necesariamente. La profundidad puede deberse a acumulaciones naturales, reformas posteriores o ahondamientos intencionales. Las primeras muestras que acaban de enviarse al laboratorio deberían aclararlo —termoluminiscencia para la cerámica, quizá análisis de sedimentos en la cisterna para fechar inclusiones biológicas mediante dataciones por radiocarbono. Será decisivo conectar varias líneas de evidencia, en lugar de apoyarse en una sola peculiaridad.
Lo que falta en el debate público
La mayoría habla de la alegría del descubrimiento o de problemas de aparcamiento. Menos se discute cómo esos hallazgos afectan el cuidado a largo plazo: ¿hacen falta más expertas en el lugar? ¿Debe reasignarse el presupuesto para permitir una excavación más prolongada? ¿Y cómo planificamos para que los hallazgos y los informes sean accesibles a la población sin dañar el yacimiento? Ese debate sobre titularidad y acceso se ha visto en casos recientes como El Consell inicia la expropiación de la fortaleza de Alaró y en otras disputas locales.
También está la cuestión de los métodos de datación y la transparencia: los ciudadanos esperan resultados para fin de año, pero esos plazos no deberían llevar a conclusiones apresuradas. Serían apropiados varios análisis independientes —y eso cuesta dinero.
Oportunidades concretas y soluciones prácticas
La situación también ofrece oportunidades. Primero: una estrategia de investigación por etapas. Empezar con dataciones selectivas (termoluminiscencia, radiocarbono, estratigrafía) y solo después ampliar las excavaciones. Segundo: un enfoque de ciencia comunitaria —talleres para residentes, visitas guiadas y paneles informativos, para que la vecindad no solo observe sino que entienda lo que se encuentra. Tercero: una rendición de cuentas presupuestaria transparente. El municipio ha aprobado 138.000 euros —debe quedar claro cuánto se dedica a documentación, conservación y posibles excavaciones futuras; en experiencias locales similares se han tomado decisiones públicas como la compra de patrimonio, por ejemplo la compra de una cueva prehistórica en Sencelles.
En la práctica, estudiantes y voluntarios de Alaró podrían integrarse en la documentación. Esto reduce costes, crea vínculos locales y evita los habituales conflictos por aparcamiento y ruido. Al mismo tiempo, sería sensato un pequeño plan de gestión de visitantes: ventanas de visita cortas, senderos acondicionados y paneles informativos —así el castillo sigue siendo un lugar vivo sin demasiada presión.
¿Qué significa esto para la vida cotidiana en Alaró?
La noticia ha despertado orgullo, pero también un sentido de responsabilidad. Hombres mayores en la plaça cuentan cómo era el castillo «antes»; padres traen a los niños y muestran fragmentos como trofeos; las máquinas de obra se observan con recelo. La convivencia entre investigación y vida cotidiana exige sensibilidad: las escuelas podrían integrar los hallazgos en sus clases de historia, los cafés se benefician de visitantes curiosos, y al mismo tiempo hay que regular el tráfico y el ruido.
Y, por último: estos hallazgos recuerdan que la historia es estrato —en el sentido literal. Bajo el empedrado donde los jubilados toman su café matutino y los niños van al colegio yace un archivo de formas de vida humanas.
Mirando hacia adelante
Los resultados oficiales están anunciados para fin de año. Hasta entonces sería bueno que los responsables aprovecharan la oportunidad: analizar muestras adicionales, informar a la comunidad y presentar un pequeño y claro plan para gestionar el interés de visitantes y la conservación a largo plazo. Así, la expropiación y gestión de la fortaleza de Alaró y las medidas presupuestarias pueden traducirse en conservación compartida, y el castillo no será solo un monumento, sino un capítulo de la historia de la isla conservado entre todos.
Las excavaciones continúan; la lluvia o nuevos hallazgos pueden alterar el calendario. Pero una cosa está clara: quien pase ahora junto al muro ve más que piedra —ve capas de vida.
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