
¿Más hoteles rurales? Son Macià Negre y Son Sales obtienen estatus turístico — y qué significa para la isla
¿Más hoteles rurales? Son Macià Negre y Son Sales obtienen estatus turístico — y qué significa para la isla
El Consejo Insular autoriza dos grandes posesiones en Marratxí como explotaciones de agroturismo. ¿Quién se beneficia, quién pierde espacio y qué reglas necesitamos para que el patrimonio cultural no se convierta en una trampa para turistas?
¿Más hoteles rurales? Son Macià Negre y Son Sales obtienen estatus turístico — y qué significa para la isla
Pregunta principal: ¿A quién beneficia la reclasificación de posesiones históricas — a los techos sobre nuestras cabezas o al crecimiento del turismo?
El Consejo Insular ha autorizado formalmente que dos grandes propiedades en Marratxí, Son Macià Negre y Son Sales, puedan utilizarse en el futuro como explotaciones de agroturismo. La decisión se suma a una amplia ronda de concesiones, como recoge Boom turístico en Mallorca: 15% más reservas — ¿oportunidad o riesgo?, en la que se han adjudicado plazas para hasta 500 camas turísticas en edificios catalogados como bienes culturales. A primera vista suena a rehabilitación en vez de abandono: fincas deshabitadas recuperan vida. A segunda vista surge la duda de si el cuidado del patrimonio no está, sobre todo, cediendo espacio a los intereses del mercado.
Los hechos son breves: ambas possessions estuvieron desocupadas durante mucho tiempo y se fueron degradando. Nuevos propietarios quieren rehabilitarlas y explotarlas turísticamente; la normativa que facilita transformaciones similares se analiza en ¿Vacaciones en el cobertizo? La nueva ley agraria pone a prueba a las explotaciones agrícolas. En la misma convocatoria también obtuvo usos adicionales una propiedad prominente en Llucmajor, que funciona como hotel en una antigua fortificación. En cambio, otras fincas como S'Estalella o sa Granja de Esporles quedaron excluidas de la autorización —por motivos de protección preventiva del patrimonio o porque los ayuntamientos quisieron impedir conscientemente la reconversión turística.
La decisión provoca a la vez oportunidades y riesgos. Positivo: los inversores aportan dinero para la restauración, se reparan tejados y se crean puestos de trabajo. Negativo: cuando los edificios históricos se abren según la lógica del mercado, existe el riesgo de que la esfera pública y la identidad local se pierdan; aunque haya iniciativas de inspección, como recoge Más controles contra alquileres vacacionales ilegales: ¿suficientes o solo escaparate?, la presión turística puede seguir desplazando a la población.
En el debate público faltan tres cosas: primero, criterios transparentes por los que precisamente los edificios con estatus BIC se autorizan para plazas turísticas; segundo, obligaciones vinculantes que aseguren la renaturalización y el uso local; tercero, una distribución clara de los ingresos a favor del municipio y no solo del propietario. Sin estos elementos la isla corre el riesgo de convertir el patrimonio cultural en complejos vacacionales maquillados.
Una imagen muy habitual en las primeras horas de la mañana en Marratxí muestra de qué se trata: en la carretera hacia Bunyola, donde se desvía el acceso a Son Sales, pasa una furgoneta con destino al mercado, mientras gallinas cacarean tras un muro y el olor de ensaimadas recién horneadas llega desde una panadería. A pocos cientos de metros un excavadora arranca motores —comienzan obras de rehabilitación— pero la vecindad se pregunta: ¿seguirá siendo público nuestro camino? ¿quién pagará los aparcamientos si de repente llegan huéspedes?
Propuestas concretas para que la conversión a agroturismo no beneficie solo a los propietarios: contratos vinculantes de conservación de la sustancia protegida; límites al número de huéspedes por municipio; obligación de contratos laborales locales y compra preferente a productores de la zona; transparencia de los planes de restauración presentados y participación vecinal antes de la autorización. Además, las plazas turísticas en edificios históricos deberían estar condicionadas a contraprestaciones —por ejemplo días con acceso gratuito para la población o porcentajes de ingresos para fondos municipales de restauración—; propuestas que complementan iniciativas como el Sello de calidad para apartamentos vacacionales: ¿Buena idea, pero basta eso?.
La planificación del tráfico también importa: Son Macià Negre fue durante mucho tiempo poco interesante porque junto a él debía pasar una proyectada segunda ronda de circunvalación de Palma. El proyecto hoy se considera políticamente poco probable, pero la proximidad a ejes de comunicación sigue siendo un factor que impulsará ruido y demanda. El Consejo Insular debe hacer transparentes esas perspectivas de infraestructuras al conceder usos.
Conclusión: la reactivación de possessions en ruina puede ser una oportunidad si el cuidado del patrimonio, el bien común y el uso turístico se tratan por igual. Sin normas públicas y claras existe el peligro de que los edificios históricos queden como telón de fondo —para noches caras y promesas apenas tangibles a las comunidades locales. Quien pasee hoy por Marratxí escucha el taladro de los obreros y las campanas de las parroquias vecinas. Sería una lástima que pronto las voces de los vecinos se vieran ahogadas por el aire acondicionado de un hotel.
Lista de verificación para autoridades y vecinos: transparencia en las adjudicaciones, cláusulas municipales vinculantes, límites por zona, planes de restauración de acceso público y un fondo para la protección del patrimonio financiado con ingresos turísticos.
Leído, investigado y reinterpretado para ti: Fuente
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