
Los puertos planean corriente en tierra — ¿Quién paga los ferries limpios de Mallorca?
La corriente en tierra y los ferries eléctricos pretenden hacer Palma y otros puertos más limpios. La tecnología existe, pero permanecen preguntas centrales: ¿quién invierte, cuánta carga soporta la red eléctrica y con qué rapidez notarán la diferencia residentes y turistas?
Corriente en tierra en lugar de diésel: Más que una actualización técnica
En una soleada mañana en el puerto de Palma, entre un fuerte café y el griterío de las gaviotas, se reunieron políticos, jefes de astilleros y algunos fundadores de start-ups. Olía a mar, a resina en el astillero y aún a diésel, cuando grandes ferries atracaban al fondo. El escenario era un foro que sonaba menos a charla trivial y más a una lista de tareas plausible para los próximos años.
La situación de partida
El gobierno de las Baleares ha destinado en los últimos años alrededor de 15 millones de euros; 525 millones de euros para los puertos de las Baleares: grandes planes hasta 2029. Es un comienzo. Pero la realidad en el puerto es más pragmática: las instalaciones de corriente en tierra se están planificando o construyendo ahora —primero en Palma, luego en Ciutadella, Maó, Alcúdia y La Savina—; 525 millones para los puertos de las Baleares: Palma, Alcúdia y la gran pregunta del cómo, pero la gran flota de ferries, barcos chárter y de carga es la que hará realmente interesante la carrera por reducir emisiones.
La pregunta central: ¿Quién paga la pausa limpia del ancla?
«¿Quién paga?» no fue solo una pregunta retórica, sino el tema que surgió una y otra vez (como reflexiona Autobús acuático para Palma: quién paga, quién se beneficia — y lo que muchos pasan por alto). La técnica está disponible, pero los estándares aún no son uniformes. Sin reglas claras de subvención y modelos de financiación sólidos, los proyectos corren el riesgo de quedar fragmentados: una conexión aquí, una instalación piloto allí, pero sin una solución global para todos los puertos.
El cálculo es multidimensional: los operadores portuarios deben invertir en infraestructura, las navieras en baterías a bordo o conversiones, y los operadores de red en transformadores y cableado. Para los pequeños astilleros y las start-ups surgen oportunidades —pero también riesgos, si las ayudas se disipan o las normativas cambian continuamente.
Lo que a menudo falta en el debate público
Se habla mucho de enchufes y cables. Se discute menos con claridad hasta qué punto se vería afectada la red eléctrica local si varios ferries tiraran de corriente en tierra al mismo tiempo. O cuán limpia es realmente esa corriente, si procede de fuentes fósiles. Tampoco está en el radar: la formación del personal portuario y de mantenimiento, los tipos de enchufe estandarizados y las interfaces digitales para facturación y planificación de tiempos.
Otro punto es el análisis del ciclo de vida: una batería a bordo ahorra emisiones al zarpar, pero su producción y eliminación puede generar costes ambientales propios. Sin transparencia existe el riesgo de una retórica verde sin efecto climático real.
Soluciones concretas —pragmáticas y locales
¿Qué hacer entonces? Del foro surgieron varias propuestas prácticas, que aquí se resumen brevemente:
1. Zonas piloto con directrices claras: Palma y Alcúdia como primeros puertos modelo, con objetivos vinculantes para el uso de corriente en tierra en atraques de más de X horas.
2. Almacenamiento intermedio y renovables locales: Baterías en el puerto y fotovoltaica en naves reducen los picos de demanda y hacen que la corriente en tierra sea realmente más verde.
3. Estandarización: Tipos de enchufe uniformes y protocolos de facturación (sistemas interoperables) facilitan las conexiones para armadores internacionales.
4. Modelos de financiación: Financiación mixta con fondos UE, subvenciones regionales, tasa portuaria verde y asociaciones público-privadas. Lo importante es una hoja de ruta clara para los operadores que ofrezca seguridad para la inversión.
5. Formación y mantenimiento: Programas de apoyo para la reconversión profesional en astilleros y entre operadores portuarios —para que no solo exista la tecnología, sino también la gente que la opere con seguridad.
Impacto para residentes y turistas
Para los residentes, la corriente en tierra significa menos olor a diésel en el muelle, menos partículas y un paisaje portuario más silencioso. Los turistas se benefician de embarques y desembarques más agradables, un paseo por el paseo marítimo más silencioso y quizás una foto sin hollín en el fondo (véase Autobús acuático para Palma: ¿Oportunidad para los trabajadores o nuevo juego para turistas?). Para la economía implica también costes iniciales más altos y nuevos modelos de negocio —para unos un reto, para otros una oportunidad.
Conclusión: Pragmatismo en lugar de idealismo
La discusión en Palma dejó algo claro: existe voluntad, pero el ritmo es la incógnita. Quién paga, cómo preparamos las redes y si la corriente en tierra procede realmente de fuentes limpias —esos son los puntos que deben decidirse ahora. Con algo de suerte, algo de dinero y mucha coordinación, Mallorca puede convertir sus puertos en pequeños laboratorios para la navegación limpia. Y quizás, entre un espresso y el reclamo de una gaviota, pronto se huela menos diésel por la mañana.
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