Análisis del asesinato de Gisela von Stein (2012) y su impacto en Canyamel, con lecciones para la comunidad y autoridades.

Memoria de la isla: el asesinato de Gisela von Stein y sus huellas en Canyamel

El caso de Gisela von Stein sigue siendo uno de los más amargos de la crónica policial de Mallorca: en 2012 una residente conocida desapareció; semanas después llegó la certeza. Un reportaje local que evoca recuerdos.

Un crimen que la isla no olvida

Hay historias que cuelgan en lugares como veletas antiguas: giran durante mucho tiempo. El caso de Gisela von Stein pertenece a ello. En agosto de 2012 comenzó una pesadilla para la pequeña comunidad alrededor de Canyamel — primero la denuncia de desaparición, luego el lento encaje de las piezas del rompecabezas hasta la amarga certeza (Hallazgo de cadáver en Santa Catalina: hijo liberado — las preguntas abiertas).

Cómo comenzó todo

El 7 de agosto de 2012, la hija, desde Canadá, denunció a su madre como desaparecida. La casa en Canyamel, según dijeron los vecinos entonces al tomar un espresso en la esquina de la calle, parecía de repente más vacía. El compañero declaró que ella se había ido de forma espontánea —sin teléfono móvil, porque supuestamente buscaba paz. Muchos lo creían; otros registraron contradicciones, pero las autoridades no activaron la alarma hasta más tarde.

El descubrimiento y la huida

Paso el tiempo. Pasadas las semanas, cuando las huellas se volvieron más claras, la policía se acercó más y finalmente encontró el cuerpo en la propiedad. Las investigaciones mostraron un delito violento; la autopsia reveló graves lesiones en el cráneo. Huellas de sangre en una pared, cubiertas de pintura de forma precaria, hicieron las imágenes aún más trágicas. El sospechoso abandonó la isla, se escondió en cuevas costeras por un tiempo y finalmente fue detenido con la ayuda de perros y helicópteros.

Algunos aquí todavía recuerdan el día del arresto: el cielo estaba ligeramente nublado, los autobuses de turistas pasaban, como si fuera un día normal de agosto — y sin embargo, frente a las casas, de repente, coches de policía.

Corte y sentencia

En la primavera de 2015 tuvo lugar el juicio. De motivos inicialmente graves pasó a homicidio culposo; el tribunal impuso una larga pena de prisión. Para muchos vecinos la sentencia se sintió como una conclusión, para otros quedó un regusto amargo: las largas semanas hasta el descubrimiento y las preguntas sobre cómo los investigadores manejaron las pistas (Manacor: No fue homicidio — pero quedan muchas preguntas).

Qué queda

El caso ha dejado huellas en la vida cotidiana. En la pequeña tienda de la calle del pueblo todavía se habla con voz baja de aquella época. Quien conoce Canyamel sabe: aquí la calma y el alboroto cambian a menudo de forma imperceptible. Para la familia de la víctima fue una pérdida irremplazable; para la isla, un recordatorio de que la violencia también puede alcanzar las esquinas más soleadas (Gravemente herida en Port d’Alcúdia: una vida en la isla que estalla tras puertas cerradas).

Personal: Yo en aquel entonces no estaba allí, pero los relatos de las personas que cada mañana esperan en la panadería se grabaron en mi memoria. Algunos detalles se desvanecen, otros permanecen nítidos: el silencio en el pueblo, la larga espera por respuestas y la realización de que la vecindad a veces es más que un buzón.

Si alguien quiere hablar sobre el caso con tranquilidad: hay recursos para familiares y testigos aún disponibles en las autoridades del Ministerio del Interior — y en muchas conversaciones pequeñas en la isla.

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