Jóvenes con orejas y colas en un paseo de Mallorca, participando en la subcultura therian.

Reality-Check: Movimiento therian en Mallorca — ¿qué hay detrás y cómo lo afronta la isla?

Reality-Check: Movimiento therian en Mallorca — ¿qué hay detrás y cómo lo afronta la isla?

Videos de parques y paseos muestran a jóvenes que se sienten como animales. Una convocatoria nombra Manacor como punto de encuentro. ¿Cómo reaccionan los ayuntamientos, la policía y la sociedad?

Reality-Check: Movimiento therian en Mallorca — ¿qué hay detrás y cómo lo afronta la isla?

Pregunta guía: ¿Se trata de una búsqueda inofensiva de sí mismos, de una molestia pública o de un problema que deberíamos tomar en serio?

En los últimos días han aparecido varios videos cortos en perfiles de redes sociales, grabados en parques y paseos de distintos lugares de Mallorca. Las grabaciones muestran sobre todo a jóvenes con máscaras de animales o accesorios improvisados, que se desplazan a cuatro patas, saltan y adoptan poses, un movimiento que en los clips se denomina “quadrobics”. Una convocatoria en la red cita la plaza del mercado de Manacor como punto de encuentro para el sábado 28 de febrero. Todo ello suena inicialmente espectacular, pero ¿qué significa concretamente para la vida cotidiana en la isla?

En pocas palabras: se trata de un grupo pequeño y visible que practica ritualización y expresión corporal en el espacio público. La autodenominación proviene del término inglés therianthrope y representa una conexión espiritual o identitaria con un animal. Para quienes están fuera puede resultar desconcertante; para los participantes es una forma de expresión que va más allá de un simple juego de disfraces.

Análisis crítico: emergen tres áreas problemáticas. Primero: seguridad y orden públicos. Reuniones sin aviso previo pueden incomodar a los transeúntes, pero no tienen por qué ser automáticamente peligrosas. Segundo: protección de menores. En algunos clips aparecen rostros jóvenes; aquí surge la pregunta de si padres, escuelas y servicios sociales están informados y cómo pueden acompañar de manera sensible. Tercero: estigmatización. Titulares que solo persiguen lo pintoresco aumentan la distancia entre los participantes y el vecindario y dificultan el diálogo; ejemplos de reacciones sociales pueden verse en casos como Nuevas pintadas xenófobas en la Playa de Palma.

¿Qué falta en el debate público? La perspectiva de quienes se expresan de este modo. A menudo solo escuchamos el asombro de los transeúntes o los llamamientos de las oficinas administrativas. Nadie ha explicado todavía de forma sistemática por qué exactamente jóvenes adoptan esta práctica: si se trata de pertenencia grupal, protesta, autoayuda o simplemente contenido para internet. También se ha tratado poco: normas concretas para el comportamiento en el espacio público (volumen, higiene, circulación) y cómo deberían reaccionar los municipios ante puntos de encuentro imprevistos; un enfoque amplio sobre quién ocupa y moldea las calles se aborda en ¿Quién moldea las calles de Mallorca? Un control de la realidad sobre la demografía de la isla.

Una escena cotidiana en Palma ayuda a relativizar la imagen: en una tarde templada en el Passeig del Born, una vendedora está sentada en su quiosco, el aroma de bollería recién hecha se mezcla con el olor a combustible del autobús. Jóvenes que pasan se detienen, sacan móviles, se ríe alguien y uno graba un video. Nadie grita, pero algunos clientes se apartan. Estos momentos muestran: suele ser menos teatro y más una breve performance, aunque la percepción depende del lugar y la hora; en la isla también hay otras manifestaciones públicas que provocan reacciones diversas, como la corrida de toros vuelve a Palma.

Propuestas concretas que pueden asumir la administración, la policía y la sociedad civil por igual: 1) Comunicar con transparencia: los municipios deberían indicar claramente cuándo y dónde están permitidas las concentraciones espontáneas y qué normas se aplican. 2) Crear espacios de diálogo: centros juveniles o casas de cultura pueden ofrecer rondas informativas en las que practicantes y vecinos intercambien puntos de vista. 3) Directrices de seguridad: indicaciones sobre seguridad vial, uso de máscaras, normas de higiene y protección de menores. 4) Mediación en lugar de sanción: primero informar y después sancionar, salvo en casos de delito. 5) Fortalecer la competencia en redes sociales: escuelas y familias necesitan guías para hablar sobre tendencias virales sin estigmatizar; el marco político y las decisiones parlamentarias relevantes pueden consultarse en ejemplos como El Parlamento de las Baleares dice no a la prohibición del Eid al-Adha – ¿Qué sigue en Mallorca?.

Para la policía no supone un papel especial nuevo: se trata de gestión clásica de multitudes, protección de la seguridad pública y ponderación de la libertad de reunión. Para organizadores de encuentros previstos (como la convocatoria en Manacor) rige: la inscripción previa reduce conflictos y ayuda a planificar espacio, tráfico y limpieza; ese mismo equilibrio entre protesta y orden se ha visto en episodios que generaron respuesta policial y ciudadana, como la protesta contra la tauromaquia en Inca.

En conclusión: las calles de Mallorca ya han visto de todo —desde meditaciones silenciosas hasta manifestaciones ruidosas. Los clips therian no son ni el fin de una costumbre ni una amenaza inmediata. Nos plantean, eso sí, la necesidad de un trato sereno y pragmático: informar, conversar y ofrecer reglas claras. Así queda espacio para formas de expresión inusuales sin dejar al vecindario desatendido.

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