Exterior de la plaza de toros de Muro, símbolo de tradición y debate cultural

Muro vuelve a licitar la arena: entre tradición y cultura

El municipio de Muro inicia una nueva licitación para la gestión de la plaza de toros —de nuevo. El debate sobre tradición, costes y posibles alternativas culturales arde en los cafés y en la plaça.

Muro vuelve a licitar la arena: un lugar, muchas preguntas

Quien pasea en una mañana templada por la plaça de Muro oye más que el cliqueteo de las tazas de café: conversaciones sobre la arena llenan el aire. La administración ha vuelto a sacar a concurso la concesión de la plaza de toros. Tras dos intentos fallidos en 2024, las miradas en el municipio son desconfiadas. La pregunta principal ya no es tanto: ¿Quién obtiene la arena? sino: ¿Para qué, en realidad?

La licitación — ¿un concepto nuevo o solo maquillaje?

La novedad en la convocatoria actual es el deseo expreso de un uso multifuncional. Conciertos, veladas teatrales, festivales culturales: el recinto ya no debe arrendarse exclusivamente para las corridas de toros. Suena atractivo y orientado al futuro. En la realidad, la dificultad está en la letra pequeña: ¿Quién financia las obras necesarias? ¿Quién asume el riesgo de responsabilidad? ¿Y cómo se regulan la protección contra el ruido, el aparcamiento y los intereses de los vecinos?

Este tipo de preguntas se plantean en Muro al pasar, en la panadería junto a la fuente de la plaça o en la barra del Bar Xisco, donde los habituales comparten el debate entre un cortado y una cola. Un señor mayor defiende la arena como parte de la historia del pueblo; una madre joven desea más cultura amigable para niños. Es ese tono cotidiano el que hace tan difícil la decisión.

Lo que a menudo se pasa por alto: costes de funcionamiento y estacionalidad

En público se debate con frecuencia sobre moral y tradición. Los aspectos técnicos y económicos son, sin embargo, igual de importantes. La isla conoce fuertes fluctuaciones estacionales: en verano las plazas se llenan, como cuando la arena se llenó, en invierno muchos espacios quedan vacíos. ¿Quién asume los costes corrientes fuera de las temporadas altas turísticas? Las respuestas son escasas. Un gestor que solo dependa de los beneficios estacionales acabará con una arena medio vacía —y el municipio con un caso de rehabilitación.

Además están los costes de seguros y las exigencias de seguridad, que aumentan rápidamente en eventos de mayor envergadura. Casi nadie lo ignora, pero rara vez se concreta: ¿Qué alcance tendrá la legislación sobre contaminación acústica en España si el viernes por la noche hay un concierto de rock? ¿Dónde aparcarán entre 300 y 500 coches adicionales cuando coincidan la feria o el mercado?

El 14 de septiembre como punto álgido

Paralelamente a la licitación, la corrida que regresa a Muro, anunciada para el 14 de septiembre, suscita debate. En un municipio pequeño como Muro esa fecha se convierte en una prueba para la convivencia: hay quienes quieren proteger la tradición y quienes rechazan esta forma de entretenimiento. Las consecuencias son no solo debates emocionales, sino también tensiones políticas que pueden influir en la adjudicación de la concesión.

Ambas partes tienen demandas legítimas. Pero las decisiones meramente simbólicas aportan poco al final. En su lugar, Muro necesita una ponderación concreta: ¿Qué eventos aumentan la calidad de vida en el pueblo? ¿Cuáles generan ingresos sostenibles? ¿Y cómo se abordan de forma seria las objeciones éticas?

Concreto: cuatro puntos que el municipio debería abordar ahora

1) Requisitos financieros transparentes en la licitación: reglas claras sobre quién paga obras, seguros y mantenimiento. Una división entre ayudas de inversión a corto plazo y modelos de arrendamiento a largo plazo podría dar confianza a los inversores.

2) Plan por fases para la reconversión: en lugar de obras extensas de inmediato, se podrían hacer eventos piloto (música de cámara, teatro local) como proyectos experimentales. Esto reduce el riesgo y da tiempo a los vecinos para acostumbrarse a nuevos formatos.

3) Gestión del ruido y del tráfico: pantallas acústicas, limitación de aforo y un plan de lanzaderas o aparcamientos en días de evento. Estas medidas son caras, pero son tangibles y medibles —y podrían reducir las resistencias de forma duradera.

4) Participación del municipio: un comité de acompañamiento formado por vecinos, agentes culturales y representantes de la administración debería ser parte de los criterios de adjudicación. La participación crea legitimidad y reduce la sensación de decisiones tomadas sobre las cabezas.

Oportunidad en vez de obstáculo: la cultura como puente

La reconversión de la arena no tiene por qué significar el fin de la tradición. También puede ser una oportunidad para visibilizar la historia y al mismo tiempo atraer a un público más amplio. Serían posibles, por ejemplo, placas conmemorativas históricas, programas paralelos sobre protección de los animales o una "Semana de la Tradición" anual combinada con un festival cultural.

En Muro el tiempo suele ser un aliado: las decisiones pueden tomarse con calma, las moderaciones en la plaça son posibles y el consenso no está descartado. Sin embargo, la paciencia por sí sola no es un plan. La licitación ofrece la posibilidad de establecer reglas transparentes —si el municipio las aprovecha con coraje.

Conclusión: no se trata solo de adjudicar una concesión. Se trata de cómo se afronta el pasado y de cómo un pueblo pequeño como Muro puede seguir siendo vivo, diverso y capaz de convivir con los conflictos.

Noticias similares