Fachada del histórico Bingo Balear en la Plaça Mercat Olivar de Palma, ejemplo de patrimonio urbano.

La casa de las mil vidas de Palma: Bingo Balear entre nostalgia y solicitud de obras

Un comprador de 87 años quiere devolver con cuidado la vida al venerable edificio de la Plaça Mercat Olivar. Pregunta clave: ¿cómo protege y aprovecha Palma inteligentemente este patrimonio?

La casa de las mil vidas de Palma: Bingo Balear entre nostalgia y solicitud de obras

La casa de las mil vidas de Palma: Bingo Balear entre nostalgia y solicitud de obras

Pregunta clave: ¿Puede un café-teatro en el antiguo Bingo Balear ser algo más que un simpático caso de uso puntual —y al mismo tiempo preservar realmente el edificio de la Plaça Mercat Olivar frente a más devastaciones, como la Demolición en Palma?

La escena es tan mallorquina como la teja roja bajo la parada de autobús junto al mercado: a mediodía, entre el olor a castañas asadas y el traqueteo de los carros de fruta, el edificio con sus puertas pesadas permanece como un capítulo congelado de la historia de la ciudad. Josep Perelló, de 87 años, compró la casa el 1 de diciembre por 2,4 millones de euros y ahora solicita permisos. Su idea: un café con escenario, quizá un pequeño cine, quizás un restaurante. Dice que quiere conservar, no transformar por completo.

Los hechos históricos permanecen tercos: en 1909 abrió aquí el Teatro Balear, proyectado por el arquitecto Manuel Raspall, entonces con capacidad para miles de personas. Más tarde hubo proyecciones de cine, funciones de circo con elefantes encerrados, cantantes y actores, grandes nombres en el escenario y en la sala. Luego llegó el bingo; la remodelación para un casino se llegó a presupuestar supuestamente en hasta doce millones de euros —la licencia nunca llegó, la técnica quedó parada.

Una mirada al interior deja claro dos cosas. Primero: la estructura respira historias. Segundo: el equipamiento técnico es de otra época. Butacas de cuero azul con la inscripción «Casino Bingo Balear», mesas de juego, máquinas con decoración egipcia, carteles electrónicos de bingo, una caja fuerte con una puerta de 30 centímetros de grosor, esclusas blindadas, cajas llenas de fichas y un depósito de agua de 30.000 litros —todo todavía allí. El técnico Jaime, que conoce el lugar, compara la instalación con un Ferrari que, sin embargo, funciona con Windows 7. Una imagen bonita, pero con luces de emergencia encendidas.

Análisis crítico: no basta con salvar un nombre. Hace falta una estrategia para la utilidad, la seguridad y la financiación. El precio de compra es solo un comienzo; hay tareas concretas sobre la mesa: trámites de protección del patrimonio, planes de prevención y evacuación contra incendios, aislamiento acústico para los pisos colindantes, accesibilidad, infraestructuras modernas de electricidad e informática. Todo eso sin destruir las cualidades espaciales históricas. Aún falta un gestor claro: ¿operador privado, iniciativa cultural municipal o una mezcla, como plantea el plan de Palma para reactivar el casco antiguo? Cada opción tiene consecuencias para la programación, los precios y el acceso.

Lo que falta en el debate público es un cálculo de viabilidad fiable y la perspectiva del vecindario. ¿Quién podrá usar el edificio, en qué horarios y con qué precios? ¿Se crearán plazas de ensayo para compañías locales o se impondrá un concepto turístico? Hay voces que solo temen una gastronomía moderna y cool —eso sería una pérdida para la infraestructura cultural de Palma.

Escena cotidiana: imagínese una noche de jueves en la Plaça Mercat Olivar. Voces, el tintinear de una bici, en algún lugar el olor a cochinillo. En la entrada, dos jóvenes miran con curiosidad por la pesada puerta; una mujer mayor se detiene y recuerda las noches de opereta, el parpadeo de Audrey Hepburn en la pantalla. Esos momentos deciden si una casa sigue viva o se convierte en atrezzo.

Propuestas concretas: 1) Ejecutar de inmediato una estabilización conservadora —protección frente a la humedad, suministro de emergencia y aseguramiento de los detalles históricos. 2) Un modelo de uso por fases con permisos temporales: primero café y pequeña escena, luego permisos ampliados para cine y restaurante tras su evaluación. 3) Crear un consorcio público-privado: el ayuntamiento, una asociación cultural y Perelló como socio privado. 4) Examinar subvenciones: programas de las Islas Baleares, fondos culturales de la UE (Europa Creativa), ayudas para patrimonio regional. 5) Elaborar un plan de uso abierto que prevea salas de ensayo para ensembles locales, entradas asequibles y módulos de espacio flexibles. 6) Actualización técnica con intervenciones mínimamente invasivas: sistemas modernos de detección de incendios y evacuación, técnica de escenario y luces modular, infraestructura IT sin destruir superficies históricas.

Un resumen punzante: la salvación del Bingo Balear solo tendrá éxito con sensatez. Un amante que quiere conservar es un buen comienzo. Pero la política municipal, los agentes culturales y los vecinos deben ahora implicarse y fijar reglas. Si no, la esperanza se convertirá pronto en una sala vacía —llena de fichas que nunca entrarán en circulación. Palma necesita lugares que respiren historias y, al mismo tiempo, funcionen. En ello se verá si este capítulo tiene continuación o queda como un bello fragmento en una vitrina.

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