Fachada restaurada del Hostal Términus en la Plaça d'Espanya con terraza de café y balcones históricos.

Palma muestra el restaurado Hostal Términus – café, sala y un búnker bajo la Plaça d'Espanya

Palma muestra el restaurado Hostal Términus – café, sala y un búnker bajo la Plaça d'Espanya

El histórico Hostal Términus en la Plaça d'Espanya vuelve a abrir tras una exhaustiva rehabilitación: sede de la SFM, un café, un espacio cultural y, en el subsuelo, un refugio antiaéreo de la Guerra Civil.

Palma muestra el restaurado Hostal Términus – café, sala y un búnker bajo la Plaça d'Espanya

Una casa antigua recupera la vida cotidiana, y bajo los adoquines aparecen voces de la historia

Si en una fresca mañana de diciembre paseas por la Plaça d'Espanya, primero percibes el aroma del café recién hecho en uno de los nuevos vasos y luego el ligero polvo de la restauración de la piedra arenisca. El antiguo Hostal Términus, proyectado a finales de siglo por el arquitecto Eusebi Estada, vuelve a estar en pie: con sus dos pequeñas torres, la escalera característica y una fachada que tras días de trabajo minucioso vuelve a leerse con claridad.

El edificio no sólo servirá de sede para la empresa ferroviaria SFM, sino que también abre espacios para todos: el antiguo café estrena nuevo mobiliario, se oye el tintinear de la vajilla y conversaciones en mallorquín, español y algunos restos de inglés. Una sala polivalente acogerá lecturas, conciertos y reuniones vecinales. Los grandes ventanales hacia la plaza dejan entrar la luz del día, y en la barandilla de la escalera vuelven a brillar detalles de hierro forjado que se han conservado con cuidado.

En restauraciones como ésta no se trata solo de la apariencia. El arquitecto Martí Lucena insistió en que los elementos originales siguieran siendo perceptibles: las vigas del tejado en la buhardilla acondicionada, las columnas de hierro forjado e incluso piezas del mobiliario interior de alrededor de 1900 —sillones, pequeños armarios y una histórica mesa de conferencias— vuelven a ocupar lugares prominentes. La mesa fue izada al interior con una grúa antes de la rehabilitación de la cubierta, un momento espectacular para los artesanos y los transeúntes.

Para los vecinos es una señal: un edificio que durante mucho tiempo parecía desgastado y cubierto de graffiti vuelve a formar parte del tejido urbano. Los restauradores han sacado a la vista ornamentos, cornisas y relieves, limpiándolos pieza a pieza y aplicándoles una capa protectora especial. Por la noche, cuando se encienden las farolas en el Passeig Mallorca, la fachada transmite una calma renovada, como si hubiera recuperado el aliento tras un largo tiempo.

La noticia más sorprendente, sin embargo, vino desde el subsuelo. En las excavaciones apareció un sistema de túneles ramificado que durante la Guerra Civil sirvió como refugio antiaéreo. La arqueóloga Maria Antonia Fernández describe pasadizos que conectaban la casa con el edificio contiguo Andana y, posiblemente, con la estación del tren de Sóller. Algunas partes se habían derrumbado y debieron asegurarse con cautela; en una sala los equipos encontraron incluso una centralita telefónica utilizada en la época.

El ayuntamiento está evaluando las medidas de seguridad y el coste antes de decidir en qué medida estos espacios podrán mostrarse al público. Son posibles visitas guiadas seguras o reconstrucciones digitales para escolares y visitantes, de modo que nadie tenga que arrastrarse por galerías estrechas sin casco ni protección. Formatos así convertirían el lugar en un espacio de aprendizaje: una historia que no sólo se lee, sino que se hace accesible y se transmite con responsabilidad.

El edificio recién inaugurado ofrece además utilidad práctica: oficinas para la SFM, salas para actividades culturales y un café vivo que dinamiza la zona de la plaza. Eso supone clientela para los comercios cercanos, nuevos empleos para artesanos y restauradores y un punto de encuentro donde los vecinos vuelven a reunirse. Quien pasee por la Rambla un sábado podrá detenerse en este edificio sin tener que desviarse mucho.

Son las pequeñas cosas las que marcan la diferencia: un mosaico reparado en la entrada, el crujir de los peldaños antiguos, el leve ruido de las tazas de café en el nuevo local. Para Palma es más que un edificio bonito: es una porción de vida cotidiana que regresa y al mismo tiempo genera espacio para recuerdos, también para los que yacen profundamente bajo tierra.

Quien visite la casa debería traer un oído atento a las voces de la ciudad: la campana del tranvía por la mañana, las conversaciones del café, el lejano silbido del tren de Sóller. Con suerte, el Términus será pronto un punto de encuentro para la cultura y el vecindario —y quizá un capítulo accesible con prudencia en la agitada historia de Palma.

Perspectivas: Talleres, visitas escolares y una exposición digital sobre el búnker son posibles una vez se aclaren las cuestiones de seguridad. Hasta entonces, la casa seguirá siendo un lugar donde la restauración y la memoria se encuentran —y donde se puede tomar un buen café. Para conocer más sobre la situación de otros hostales, puedes leer sobre la decadencia junto al mar en Alcúdia. La nueva regulación de alquileres vacacionales en Palma también es relevante, descubre más sobre ello en este artículo sobre la prohibición de nuevos alquileres.

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