Sendero costero en Cap Pinar entre pinos con vistas al mar

Planes militares en Cap Pinar: ¿Alcúdia corre el riesgo de perder parte de su vida cotidiana?

Madrid planea ampliar el terreno militar en el Cap Pinar. Para senderistas, restauradores y el municipio de Alcúdia está en juego más que una ruta peatonal. La pregunta clave: ¿se puede conciliar la seguridad con la vida cotidiana local?

Cap Pinar — un trozo de Mallorca en disputa

Temprano por la mañana en la entrada del túnel: el viento que azota los pinos, aroma a café de termos y los primeros pasos hacia el Niu de s'Àguila. Justo ahí, donde el sendero se estrecha y las vistas hacen las voces más silenciosas, podría dejar de haber espacio para esta imagen cotidiana. Madrid parece querer ampliar considerablemente el actual campo de maniobras y tiro en Cap Pinar — formalmente calificado como zona de “interés nacional de defensa”. La superficie: unos 145 hectáreas, desde la entrada del túnel hasta el mirador.

La pregunta clave

¿Puede una ampliación con motivos militares conciliarse con el derecho de los residentes, de los senderistas, de las celebraciones religiosas y de los hosteleros locales? ¿O es esta la primera etapa para apartar durante largo tiempo una de las zonas más naturales y a la vez populares de Alcúdia de la vida pública?

Qué está realmente en juego

Rutas populares como las que conducen a la Penya de Migdia o al Niu de s'Àguila podrían quedar cerradas temporal o permanentemente. También se verían afectadas la pequeña capilla sobre la bahía, el camping, el albergue juvenil y el restaurante en s'Illot — lugares donde los locales planifican la temporada, las familias hacen picnic y por la tarde se sirven menos platos de Pa amb oli. Ayuntamiento de Alcúdia ha anunciado objeciones; la preocupación por los festivales y la celebración de la Mare de Déu de la Victòria es real.

Lo que a menudo falta en el debate público

Muchos hablan de senderos perdidos. Menos atención reciben dos cuestiones: la ecológica y la operativa. En primer lugar, una presencia militar permanente podría alterar flora y fauna — no solo por el ruido de los ejercicios, sino también por áreas cerradas que evolucionan de forma distinta a los senderos poco transitados. En segundo lugar: ¿cómo afectan los cierres a las operaciones de rescate y salvamento? Si los equipos de ayuda se ven frenados por trámites de autorización tras un accidente, aquello deja de ser una cuestión teórica y se convierte en un problema práctico.

Voceros de Alcúdia — la vida cotidiana contra la maquinaria militar

“Cuando subo con mi perro por las escaleras hacia la Victòria por la mañana, no quiero soldados en mi camino”, dice una mujer en el aparcamiento, justo antes de que la campana de la iglesia llame a la siesta. Un organizador de rutas teme controles más estrictos, menos visitantes y, por ende, menos ingresos. En la taberna del puerto ya se comenta cómo menos senderistas reducirían los pedidos de Pa amb oli y ensaimadas. Son consecuencias sencillas y cotidianas — pero para muchos, existenciales.

Análisis: vías de decisión y relaciones de poder

La reclasificación prevista como zona de “interés nacional de defensa” es una palanca central: limita la participación municipal. Si Madrid puede legalmente optar por este camino depende de leyes nacionales y, posiblemente, de acuerdos regionales y del debate sobre el papel de Mallorca en el nuevo juego del Mediterráneo. Desde 2012 existe un convenio cívico-militar para visitas coordinadas — un precedente que demuestra que hay soluciones si ambas partes negocian. Pero el convenio podría renegociarse o ajustarse de forma unilateral. Esto hace necesario dialogar de forma temprana y transparente en lugar de imponer hechos consumados.

Oportunidades concretas y posibles soluciones

Un planteamiento tajante de “o esto o aquello” no favorece a nadie. El pragmatismo podría concretarse así:

1. Ventanas de tiempo en lugar de cierres totales: ejercicios en periodos claramente definidos y cortos, con obligación de anunciarlo en el lugar y de forma digital para las y los turistas.

2. Uso compartido: ampliar el convenio cívico-militar de 2012 — incluyendo reglas claras para visitas guiadas, servicios de rescate y actos culturales.

3. Transparencia y evaluación ambiental: estudios independientes de ruido y medio ambiente que evalúen las consecuencias sobre flora, fauna y bienes culturales antes de tomar decisiones definitivas.

4. Mediación regional: una mesa de diálogo con el Ministerio de Defensa, la administración insular, el Ayuntamiento de Alcúdia, grupos de conservación, profesionales del turismo y representantes vecinales.

5. Paquetes de compensación y apoyo: ayudas a corto plazo para negocios afectados y medidas a largo plazo para reforzar ofertas de turismo sostenible.

Qué debe pasar ahora

Alcúdia debe insistir en ser escuchada de forma temprana y sustantiva. Al mismo tiempo existe una oportunidad para modernizar el uso del terreno: en lugar de un aislamiento general se podrían establecer reglas claras que respeten tanto las necesidades de formación militar como la vida local. Un sistema digital de permisos e información, ejercicios programados con comunicación abierta y horarios protegidos para eventos culturales serían pasos pragmáticos.

Perspectivas

El viento en Cap Pinar seguirá soplando. Si en el futuro más soldados que senderistas crucen los caminos dependerá de las negociaciones y decisiones políticas. Para numerosos habitantes y negocios está en juego algo más que unos metros de sendero: es la cotidianidad que dan por sentada — el olor del mar antes de una subida, la calma en el Niu de s'Àguila, el sonido de un guía contando a su grupo. Un compromiso es posible, pero hay que buscarlo ahora. Y quien quiera subir este fin de semana: que mire con atención los avisos en la entrada del túnel. Los detalles pueden cambiar rápidamente.

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