Farola apagada en Palma tras el robo de cables y cobre

Robo de electricidad en Palma: hurto de cobre deja barrios a oscuras

En varios barrios de Palma las farolas quedaron de repente en la oscuridad. La Policía Nacional detuvo a una pareja sospechosa. ¿Cómo pudo ocurrir el robo durante meses y qué debe hacerse ahora?

Noches sin luz: por qué las farolas de Palma fueron presa fácil

Cuando la noche cayó sobre Son Ferriol, no fue la tranquilidad lo que llamó la atención, sino el silencio en el que faltaba la familiar luz amarilla. No había zumbido, ni cono de luz —solo el zumbido lejano de los aires acondicionados y el susurro de las palmeras. En los últimos meses afectó a varios barrios: Son Ferriol, Secar de la Real, Son Espanyol, Poble Espanyol y el Polígono de Levante, como recogen informaciones sobre Ocho robos en una semana: detención en Palma — y lo que falta ahora. No por un fallo técnico, sino por pura codicia se desmontaron sistemáticamente cables y componentes.

Hasta qué punto llegó el asunto

Los investigadores hablan de más de 1.000 metros de cables robados y alrededor de una tonelada de material. El daño material —valorado en unos 40.000 euros— es solo la punta del iceberg. A ello se suman reparaciones de emergencia nocturnas, controles adicionales y la brecha de seguridad intangible pero palpable: personas que ya no salen solas por la noche al supermercado, niños que no pueden ir solos al parque y coches que toman esquinas a media oscuridad. La Policía Nacional ha detenido a una pareja sospechosa, según la detención en Palma: pareja habría robado casi una tonelada de cable de cobre; el hombre ya conocido por la policía, y la mujer habría ayudado en la venta del material.

Pregunta central: ¿Cómo pudo desaparecer tanto material durante meses sin ser detectado? La respuesta va más allá del acto —toca la organización, los incentivos económicos y las lagunas en la infraestructura municipal.

Audacia organizada y fallos estructurales

A primera vista parece algo banal: cortar cables, retirar material, transportar y vender. Pero detrás hay aparentemente una división del trabajo —vigilancia, corte selectivo en registros mal asegurados, transporte por etapas y venta en pequeñas cantidades. Eso difumina las pistas y complica la investigación.

Se habla menos de lo lucrativo que sigue siendo el mercado de chatarra para el cobre. Pequeños chatarreros, compras improvisadas y obligaciones de control insuficientes generan demanda. A ello se suman registros abiertos, líneas aéreas fácilmente accesibles y quizá un servicio de mantenimiento con falta de personal, que no puede estar en todas partes a la vez; casos de empleados de las empresas municipales detenidos por robo de material han puesto foco en estos vacíos. En resumen: la combinación de mercado, oportunidad y carencias de personal permitió la serie de robos.

El efecto de la oscuridad en los barrios

Más allá de los costes materiales, el impacto en la vida diaria no es despreciable. Los vecinos cuentan cómo avanzan con linternas por la calle de San Sebastián, cómo un poste señalizado de forma provisional con una tabla genera más enfado que confianza. Los operarios que salen de noche oyen el crujir de lonas de plástico y el golpeteo de cajas de herramientas en los caminos de grava —imágenes que, en medio del silencio, resultan aún más estremecedoras.

La policía advierte: los beneficios por la venta del material no justifican el daño causado. Para la ciudad se trata de un asunto de seguridad pública, no solo de vandalismo.

Lo que hasta ahora queda corto —y lo que podría ayudar

En el debate público suele faltar una visión global. No se trata solo de los autores, sino también de prevención: asegurar mejor los registros, tapas soldadas, sensores electrónicos que alerten ante manipulaciones y un control más exhaustivo de los chatarreros con obligaciones de identificación y registro de compras.

Propuestas concretas:

- Protección del tendido: reforzar las cubiertas y sistemas antirrobo en los registros más afectados.

- Canales de denuncia digitales: una app o una línea directa fácil de usar para que los vecinos informen de apagones y situaciones sospechosas con foto.

- Control del mercado reciclador: requisitos más estrictos y registro electrónico de compras de cobre, junto con controles aleatorios.

- Traslado de líneas críticas: siempre que sea posible, soterrarlas en lugar de mantener líneas aéreas para dificultar el acceso.

- Rondas preventivas nocturnas: pequeños patrullajes coordinados en las calles más afectadas en lugar de actuaciones esporádicas.

Qué pueden hacer ahora los vecinos

Si detecta un punto sin luz: anote la calle y la hora, fotografíe el lugar desde una distancia segura y comunique la avería al servicio de mantenimiento responsable o a la policía. Observaciones como vehículos sospechosos con carrocerías abiertas o personas con herramientas suelen ser clave.

Un consejo práctico: Un vídeo corto o una foto clara con fecha puede decir más que largas descripciones por teléfono. Comparta estas pruebas no en grupos públicos, sino directamente con las autoridades —para que la evidencia no se diluya.

Mirando hacia el futuro

La detención es un primer paso. Pero la lección debe ir más allá de perseguir a individuos. Hace falta un paquete de medidas técnicas, una mejor coordinación entre administraciones y sociedad civil y una actuación decidida sobre el mercado de chatarra; casos y reportes de robos nocturnos en otras zonas subrayan la necesidad de una respuesta integral. Si no, solo se encenderán luces temporales en lugar de restablecer la confianza duradera.

En Palma la noche suena ahora un poco más segura —las farolas se están reemplazando, los operarios están en la calle y la policía sigue pidiendo pistas. Quien pasee por Son Ferriol o Secar de la Real oye hoy más el repiqueteo de herramientas que el retumbar de grandes decisiones. Quizá sea el momento justo para dar los pequeños pasos que devuelvan la luz permanente.

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