
Ruta corta entre Valldemossa y Deià – vistas al mar, aroma a pino y un poco de respeto
Una pequeña y cuidada caminata por la Ma-10 entre Valldemossa y Deià: 3 kilómetros, vistas al mar, antiguos asientos de piedra y una cresta estrecha que requiere respeto. Perfecta por la mañana: corta, refrescante y genuinamente mallorquina.
Corta, clara y con el mar a la vista
A veces son las pequeñas porciones de la Tramuntana —una mañana fresca, aroma a tomillo en la nariz, el monótono rugido del mar muy abajo y el leve crujir de las ramas de pino sobre la cabeza—. La ruta en el kilómetro 70,5 de la Ma-10, entre Valldemossa y Alarma por sequía en Deià: lujo sin agua, es uno de esos rincones de Mallorca que ordenan cuerpo y cabeza: lo bastante corta para la mañana, lo bastante larga para buenas vistas. Para quienes buscan otras formas de recorrer la sierra también existen las rutas MTB por la Tramuntana.
Inicio y cómo llegar
El punto de partida es el desvío Camí de s’Escolta. A lo largo de la Ma-10 hay algunas áreas de estacionamiento; quien venga en autobús baja en la parada «Ermita de la Trinitat». Los primeros pasos conducen a la sombra y al trinar de los pájaros, a veces acompañados por el zumbido lejano de los motores en la carretera principal. Pequeños carteles y flechas pintadas a mano indican la dirección, aun así: un mapa sin conexión o el GPS son recomendables. Una breve mirada a la pantalla evita ocasionales discusiones sobre la bifurcación correcta.
El camino: tranquilo, con paradas para mirar
Casi tres kilómetros, por lo general sendero sencillo, muchos lugares que invitan a descansar. Primero el sendero serpentea entre pinares y olivares, luego se abren claros con vistas hasta el diminuto puerto de Port de Valldemossa. Antiguos asientos de piedra y plataformas bajas, creados por manos humanas hace algo más de cien años, invitan a quedarse: un termo con espresso, un bocadillo traído de casa o simplemente silencio. Desde el punto más alto el mar brilla —tan claro que casi parece una invitación.
El tramo complicado — un poco de emoción
Hay un breve tramo justo en el filo de un cortado: no hay barandilla, solo roca y algo de vacío. Técnicamente los pasos no son difíciles, pero quien tenga problemas con las alturas debería mantenerse a distancia. Niños y perros grandes deben ir con correa; con un fuerte viento del noroeste el aire silba tanto que uno se agarra a la roca como a un viejo conocido. Un poco de respeto es la mejor compañera aquí —se necesita más precaución, pero no se requiere exageración.
Historia bajo las suelas
Muchas de las pequeñas plataformas, hornacinas para sentarse y escalones datan de finales del siglo XIX. Entonces, grandes propietarios y viajeros aficionados crearon caminos y lugares de descanso para disfrutar la vista como convenía. Hoy esas hornacinas de piedra parecen reliquias familiares desgastadas: robustas, algo frágiles, pero con carácter. Al sentarse sobre una de esas piedras a veces da la sensación de sostener una postal de una época más tranquila.
Consejos prácticos
Tiempo neto de caminata: alrededor de 60 minutos; con fotos y paradas 75–90 minutos. Calzado resistente, suficiente agua y una prenda ligera para el viento suelen ser suficientes. El respeto por las fincas privadas es obligatorio: cerrar los portones, no salirse de los senderos, no dejar basura. La ruta es mejor a primera hora de la mañana: el aire está claro, los aparcamientos libres y el café posterior en Cala Mondragó sabe realmente el doble de bien.
Caminar aquí es simple: unos pasos, una mirada, y de repente vuelve a haber más espacio en la cabeza.
Por qué esta pequeña ruta hace bien a Mallorca
Estas excursiones cortas y de fácil acceso son un ejemplo de disfrute sostenible: locales y visitantes experimentan la Tramuntana sin grandes infraestructuras, sin muchos coches y con una intervención mínima en el paisaje. Vinculan la experiencia de la naturaleza con lugares tranquilos en los pueblos: un fino y cotidiano equilibrio en un territorio que merece atención y cuidado. Así que: ponte las zapatillas, respira hondo, permite ese pequeño pellizco de emoción y celebra el espresso de después. Son precisamente esos pequeños momentos los que hacen que Mallorca sea tan especial en el día a día.
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