Personas disfrazadas de diablos con antorchas y humo durante la fiesta de Sant Antoni en Manacor.

Fuego, diablos, dudas: Sant Antoni en Mallorca — ¿celebrar o replantearlo?

Fuego, diablos, dudas: Sant Antoni en Mallorca — ¿celebrar o replantearlo?

Sant Antoni trae humo, tambores y diablos por las calles. Tras un accidente mortal, el ambiente del festejo en Manacor cambió. ¿Qué tan seguras son las celebraciones tradicionales y qué falta en el debate público?

Fuego, diablos, dudas: Sant Antoni en Mallorca — ¿celebrar o replantearlo?

Pregunta guía: ¿Cuánta tradición puede convivir con la seguridad de las personas sin que la fiesta pierda su alma?

Esta noche volverá a extenderse el humo por los pueblos, las brasas crepitan en los foguerons y figuras de diablos corren por las callejuelas, similares a los correfocs. Sant Antoni en Mallorca es un acontecimiento ligado a la festividad de Sant Antoni Abat que se oye, se huele y se siente con los pies: escenarios como la Plaza Mayor de Sa Pobla, las calles frente a la iglesia de Manacor, la Rambla y las plazas de municipios más pequeños como Capdepera, y los patios en Pollença; eventos similares se celebran en otras localidades, por ejemplo Alaró celebra San Roque: globos, sobrasada y un correfoc ardiente.

En Sa Pobla el baile de los diablos comienza en la Plaza Mayor a las 21:15; a continuación hay un piromusical, una mezcla de espectáculo de fuego y música que atrae magnéticamente al público, y figura en Festivales de otoño en Mallorca: los puntos destacados de este fin de semana. En Manacor los desfiles con carrozas de diablos arrancaron ya al anochecer; la primera hoguera se prende tradicionalmente frente a la iglesia. Pollença llena los campos de incontables foguerons, y en Capdepera los diablos recorren las calles laberínticas: cada municipio tiene su tono, sus rutinas y sus puntos de riesgo.

Análisis crítico: las tradiciones pesan. Son portadoras de identidad, puntos de encuentro para familias y vecindarios. Pero la dinámica de estas fiestas —antorchas encendidas, calles estrechas, aglomeraciones, escenarios y carrozas improvisadas— conlleva riesgos reales. La noticia de un derrumbe con resultado mortal vinculado a los preparativos del festejo deja claro que fallos estructurales, construcciones improvisadas y la presión del tiempo pueden ser mortales. Ese tipo de accidentes suelen deberse a fatiga, falta de controles técnicos o simplemente a demasiadas manos acelerando tareas a última hora, como recoge España arde: rastros de fuego hasta Mallorca.

Lo que suele faltar en el debate público es un diagnóstico desapasionado. Hay poca transparencia sobre permisos, sobre las inspecciones técnicas de carrozas y escenarios o sobre las responsabilidades de las organizaciones locales. En muchos lugares el éxito del evento depende del voluntariado, la confianza y la rutina de décadas; eso es valioso, pero puede generar puntos ciegos en seguridad. También se habla poco de la carga sobre los servicios de emergencia cuando hay múltiples fuegos a la vez y del trato a personas vulnerables en medio de la multitud.

Una pequeña escena cotidiana en Palma y los pueblos: Aina, la panadera de la esquina del Carrer de Sant Miquel, coloca por la mañana las últimas ensaimadas en el escaparate y ya oye el repiqueteo de las linternas y el sonido lejano de las campanas. En la Plaza Mayor de Sa Pobla un grupo de jóvenes ensaya el baile de los diablos, saltan chispas y los delantales todavía están limpios. Un hombre mayor que ha vivido todos los Sant Antoni sacude la cabeza: «Antes éramos más pequeños, todos conocían las salidas de emergencia». Esa sensación —por un lado calor, por otro preocupación— se percibe en todas partes.

Propuestas concretas: Primero: inspecciones técnicas obligatorias para carrozas, escenarios provisionales y trabajos en cubiertas, realizadas por peritos cualificados antes del día del festejo. Segundo: listas de verificación estandarizadas para organizadores —protección contra incendios, vías de evacuación, densidad máxima por metro de calle, puestos de primeros auxilios en puntos estratégicos. Tercero: formación para voluntarios que manejen fuego; cursos básicos de extinción, técnicas de control de incendios y gestión de multitudes serían muy eficaces. Cuarto: canales de comunicación claros con bomberos y servicios de emergencia, incluidas cadenas de aviso rápidas, para que la atención no se trabe por obstáculos improvisados. Quinto: una documentación pública y transparente de las medidas de seguridad antes de cada celebración importante, para que residentes y visitantes sepan a qué atenerse.

No hay que despojar a la fiesta de su magia: el fuego, la música y la figura algo alocada del diablo forman parte de la cultura. Pero la verdadera tradición consiste en protegerla y transmitirla a las siguientes generaciones. La técnica y las normas no son enemigas de la celebración, sino su seguro. No se trata de prohibir fuegos artísticos, sino de organizarlos para que nadie pague con su seguridad por la alegría.

Medidas a corto plazo: espacios organizados para familias con niños fuera de las zonas de fuego más intensas, vías señalizadas para servicios de emergencia y un equipo visible de ayudantes con brazaletes que oriente a los asistentes. A medio plazo, los municipios deberían desarrollar estándares comunes que vayan más allá de las anécdotas: carrozas certificadas, seguros de responsabilidad para organizadores y trámites obligatorios cuando se realicen trabajos en tejados o fachadas antes de las fiestas.

Conclusión: Sant Antoni es un evento lleno de sensualidad y comunidad —un mosaico de chispas, campanas de vaca, gritos de niños y música antigua. El duelo actual deja claro que la alegría festiva y la precaución no son incompatibles. Si los municipios ahora tienen el coraje de organizarse, con normas claras y comunicación honesta, el alma de la fiesta se mantiene y las próximas generaciones podrán seguir bailando sin miedo.

Información breve: Sa Pobla: baile de diablos 21:15, seguido de piromusical en la Plaza Mayor. Manacor: desfiles de diablos desde las 19:00; primera hoguera frente a la iglesia; el programa se ajustó localmente tras un derrumbe mortal durante los preparativos. Pollença: numerosos foguerons en el término municipal. Capdepera: los diablos recorren las calles.

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