El consejo insular compra la deteriorada Fàbrica Nova en Sóller y desembolsa casi 9,2 millones de euros. Objetivo: conservación, aseguramiento y un museo sobre la historia textil de la isla.
Sóller rescata la Fàbrica Nova: paso a paso hacia el museo textil
Al atardecer, la Comisión de Patrimonio Cultural del consejo insular ha aprobado la adquisición de la Fàbrica Nova en Sóller. Quien haya pasado recientemente por las estrechas calles hacia el barrio de la estación conoce el gran edificio de ladrillo: ventanas rotas, polvo sobre las máquinas y el paso del tiempo visible en cada rincón. Ahora interviene la administración pública —y lo hace a lo grande.
Qué se planea
En total se estiman alrededor de 9,2 millones de euros. Unos dos millones se destinan a la compra, que ha evitado una expropiación forzosa. La mayor parte, unos 6,5 millones de euros, está reservada para la rehabilitación propiamente dicha. Además, el consejo insular detalla partidas que a menudo pasan desapercibidas en el día a día: 230.000 euros para informes de expertos, 200.000 euros para medidas especiales por la protección del monumento y alrededor de 500.000 euros para la conservación de las máquinas y mobiliario originales.
El concepto museográfico también tiene coste: casi 1,7 millones de euros se prevén para el diseño de las exposiciones, además de 110.000 euros para la planificación de la operación y el mantenimiento. Una vez finalizado, la administración calcula unos costes anuales de mantenimiento de aproximadamente 1 millón de euros.
Por qué es importante
Sóller fue en su día un centro de la producción textil en la isla. Quien habla con el panadero de la estación aún escucha historias de familias obreras, de chimeneas humeantes y largas jornadas. Edificios como la Fàbrica Nova son lugares de memoria —y sin intervención estarían condenados a desaparecer. Un museo textil pretende preservar precisamente eso: las máquinas, los oficios y también las historias de la gente que los hizo posibles.
El siguiente paso es la formalización de la compra —se apunta a cerrarla antes de fin de año— y una medida inmediata para estabilizar la estructura. Después se licitará un proyecto concreto de restauración.
Un poco de orgullo local y muchas preguntas abiertas
La noticia provoca reacciones mixtas en el lugar. Los vecinos de mayor edad respiran aliviados y las asociaciones culturales aplauden. Otros se preguntan cómo se cubrirán los costes anuales y qué tipo de exposiciones acogerá el edificio en el futuro. Lo cierto es que hacía falta que el edificio recuperara un uso. Y quién sabe —quizá pronto haya visitas guiadas, talleres y domingos en los que los niños puedan probar antiguos telares.
Asistiré a la primera reunión de obras. Probablemente con los zapatos mojados y demasiada curiosidad.
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