Escena en Sóller con mercado y campanas, destacando la crisis de vivienda y precios elevados para vecinos.

Sóller ante la escasez de vivienda: cuando los vecinos no encuentran piso

Las campanas suenan, el mercado huele a naranjas — y la pregunta sigue: ¿Hasta cuándo podrá Sóller mantener a las personas que conforman el lugar si los pisos empiezan en 1.500 euros? Un vistazo a las cifras, a los instrumentos que faltan y a las palancas prácticas.

¿Hasta cuándo podrá Sóller mantener a la gente? Cuando el vecino no encuentra piso

A primeras horas de la mañana, cuando las campanas de la Iglesia Sant Bartomeu aún resuenan y la Plaça Constitució huele a café recién hecho y pan caliente, la vida transcurre como siempre —a primera vista. El Ferrocarril traquetea lleno de viajeros hacia la sierra, y el tranvía silba desde el Port. Pero bajo el sol se dibuja otra realidad: hogares que hacen cuentas, trabajadores que, tras cobrar, planifican el resto del mes, y cada vez más anuncios que comienzan en torno a 1.500 euros al mes. La pregunta central sigue siendo: ¿Cómo puede seguir siendo Sóller un lugar habitable para quienes trabajan y quieren crecer aquí?

Lo que muestran —y ocultan— los números

Científicos y responsables locales han analizado cerca de 950 contratos de alquiler. Un modelo daría para un piso de 96 m² en el centro alrededor de 976 euros, y para 84 m² en la zona del puerto unos 966 euros. Teoría: aproximadamente 900 euros de media. Práctica: las ofertas parten de 1.500 euros —no es una anomalía, sino el nuevo valor habitual. En el transcurso de una década los precios inmobiliarios subieron alrededor de un 182 %, mientras que los salarios solo crecieron alrededor de un 29 %. Esto se nota en las calles: ventanas de edificios antiguos tapiadas junto a apartamentos vacacionales impecablemente renovados. Lo confirma un estudio a gran escala en Choque de precios de alquiler 2026: Cómo Mallorca se encamina hacia una crisis social.

La vida cotidiana lo denuncia

En el mercado, entre puestos de naranjas, el griterío de las gaviotas y el parloteo de los turistas, las vendedoras cuentan que tienen que vivir en otros municipios porque ya no pueden costear Sóller. Un joven albañil dice que calcula cada euro antes de pensar en tener hijos. Una mujer mayor que ha barrido la Plaça durante décadas ha perdido a tres vecinas en dos años. «Para muchos aquí la vivienda asequible está simplemente fuera de alcance», afirma un geógrafo local que analizó los datos. Eso es más que estadística: es la pérdida de redes sociales, la ayuda espontánea en la tienda, la cena compartida —cosas que mantienen unido al lugar. Más información sobre esta problemática puede encontrarse en Vías para salir de la escasez de vivienda en Mallorca.

Por qué las respuestas sencillas no bastan

La petición de declarar el mercado de vivienda como tensionado aparece continuamente. Es una herramienta, pero no una panacea. Las limitaciones al precio del alquiler por sí solas se quedan cortas si, en paralelo, la vivienda se transforma en apartamentos turísticos, los inmuebles antiguos permanecen vacíos y las compras especulativas dominan el mercado. Son decisivos también aspectos menos debatidos: la falta de controles sobre el alquiler de corta duración, estructuras de propiedad opacas, la demanda estacional, la provisión básica para trabajadores temporales y la lógica fiscal que hace más atractiva la corta estancia que el alquiler a largo plazo a residentes, y la insuficiente vivienda nueva en proyectos como Son Güells: 64 viviendas. Las evoluciones recientes sobre estos temas se analizan con más detalle en Vivienda en crisis.

Palancas que prometen funcionar — pero no sin valentía

Sóller debate diversas medidas. Algunas ya son conocidas, otras apenas aparecen en el debate público:

1. Registro de alquileres y de viviendas vacías: Una base de datos fiable es condición previa. Solo quien sepa qué viviendas están realmente vacías o se ofrecen repetidamente como apartamentos turísticos podrá actuar de forma dirigida.

2. Diferenciación fiscal: Gravámenes más altos sobre inmuebles que permanezcan vacíos de forma prolongada o que se destinen exclusivamente al turismo; desgravaciones fiscales para propietarios que alquilen a largo plazo a familias del municipio. Eso desplazaría los incentivos económicos hacia el uso permanente.

3. Programas de subvenciones para la rehabilitación del parque existente: Dinero para la reparación de pisos antiguos, condicionado a una obligación de ocupación por parte de residentes locales. Así se conservan fachadas, empedrados y el tejido social.

4. Alquiler intermedio municipal y recompra: Si el ayuntamiento adquiere puntualmente ciertos inmuebles o los pone a disposición mediante alquiler intermedio, puede aliviar la presión a corto plazo —sobre todo para empleados del sector sanitario, la hostelería o el comercio.

5. Regulación y aplicación en el alquiler de corta duración: Una concesión de licencias transparente con prioridad para los residentes del lugar, controles más estrictos y sanciones claras contra las ofertas ilegales. Sin aplicación, cualquier norma queda en papel en el ayuntamiento.

6. Modelos de vivienda cooperativa: Promotores comunitarios y cooperativas de vivienda pueden crear a largo plazo viviendas asequibles. Esto exige, sin embargo, apoyo en el acceso a suelo, financiación y la eliminación de trabas burocráticas.

El difícil equilibrio de la política

Todas estas herramientas afectan derechos de propiedad, ingresos turísticos y empleos locales. Una regulación demasiado estricta podría reducir ingresos a corto plazo, pero una política demasiado suave destruiría la sustancia social del lugar. Por eso hace falta un paquete que combine alivios a corto plazo y cambios estructurales a largo plazo, apoyado por datos claros, participación ciudadana y coraje político. Quien solo lance llamamientos verá cómo, poco a poco, la panadería de al lado cierra porque la dueña tuvo que mudarse a un pueblo más barato. Otros aspectos relacionados se exponen en el artículo sobre Viviendas de alquiler en Sóller y en Sóller: ninguna vivienda de alquiler por debajo de 1.100 euros.

Lo que suele faltar en el debate

Hablamos muy poco sobre soluciones habitacionales estacionales para temporeros y trabajadores de temporada, sobre atención infantil y movilidad, que son condiciones necesarias para que exista la vivienda asequible. También faltan los costes psicológicos: las personas que pierden sus vecindarios participan menos en trabajo comunitario, asociaciones y voluntariado. El ruido del tranvía queda entonces como música de fondo en una ciudad sin quienes la llenan de vida cada día.

Una perspectiva que no puede ser ingenua

Sóller es hermoso —lo sabe cualquiera que se haya asomado alguna vez al Mirador. Pero la postal no basta. Hacen falta decisiones valientes: un registro de alquileres, dirección fiscal, iniciativas municipales de compra, medidas sociales complementarias y un control firme de los alquileres de corta duración. Solo así el lugar seguirá siendo no solo fotogénico, sino habitable para quienes trabajan aquí, crían a sus hijos y atienden los puestos de naranjas.

Al caer la tarde, cuando el sol proyecta largas sombras sobre el empedrado y el tranvía silba rumbo al puerto, las decisiones no deberían esperar. Quien quiera actuar en Sóller debe empezar ahora —con instrumentos que protejan más que los precios.

Noticias similares