
Sóller en escasez de agua: hoteleros exigen controles más estrictos
Septiembre seco en Sóller, sillas vacías en la Plaça y más camiones cisterna en la calle: los hoteleros piden contadores digitales, lecturas más frecuentes y sanciones por consumo excesivo — pero, ¿qué tan realistas son estas demandas?
Sóller en escasez de agua: hoteleros exigen controles más estrictos
Es uno de esos calurosos y polvorientos días de septiembre en Sóller: las campanas de la iglesia tocan, una débil brisa trae el aroma a café y a ensaimada recién hecha por la Plaça, y en la salida de la rotonda hacia el Port se ven más camiones cisterna que de costumbre. Entre vendedores del mercado y turistas que buscan sombra bajo los plátanos, los hoteleros han alzado la voz. Su pregunta central es: ¿son suficientes los controles actuales para evitar una verdadera emergencia hídrica?
Contadores digitales frente a lecturas trimestrales — ¿un desequilibrio?
Muchos hoteles dentro y alrededor de Sóller controlan su consumo digitalmente y comunican los valores a la administración a diario. En cambio, los alquileres privados, que ofrecen casi la misma cantidad de camas que la hotelería, solo reciben una lectura cada tres meses. Eso genera malestar: 'Si una casa de vacaciones tiene un gran jardín o una piscina, no se nota hasta que ya es demasiado tarde', dice la responsable de un hotel familiar en la Carrer de sa Lluna. Para los hoteleros no es solo una cuestión de prestigio, sino de previsibilidad: los picos de consumo a corto plazo pueden vaciar los depósitos municipales en cuestión de días, dicen. Como recoge Escasez de agua en Sóller: solo quedan reservas para unos diez días.
Recordemos: Sóller tiene aproximadamente las mismas plazas hoteleras que camas en alojamientos privados. Este equilibrio complica la cuestión — no se trata solo de tecnología, sino de derecho, capacidad administrativa y también de justicia entre el uso comercial y el privado del agua.
Lo que a menudo falta: los controles no son la panacea
La demanda de lecturas más frecuentes y contadores digitales parece plausible. Pero existen obstáculos que rara vez aparecen en los titulares: la situación legal respecto a las propiedades en alquiler, las cuestiones de privacidad con datos en tiempo real, los costes de instalar contadores inteligentes y la pregunta de quién asume esos gastos. Los pequeños arrendadores, muchos de ellos familiares, difícilmente pueden afrontar de inmediato inversiones tecnológicas. Además, el municipio carece por ahora de personal para controles masivos y de sanciones claras y rápidas que sean jurídicamente aplicables.
Otro problema: los transportes de agua. Cada vez con más frecuencia, cisternas privadas suministran agua a casas aisladas — un indicador de que el sistema está llegando a su límite. Estas soluciones improvisadas no resuelven la causa, solo la trasladan y dificultan rastrear los volúmenes consumidos, como muestra Sóller limita drásticamente el consumo de agua: piscinas y duchas cerradas.
Propuestas concretas — pragmáticas y locales
Los hoteleros proponen varias medidas que aquí evaluamos en cuanto a su viabilidad:
- Lecturas mensuales para inmuebles de uso turístico con jardines o piscinas, para detectar picos de consumo con mayor rapidez.
- Estándares mínimos digitales obligatorios para inmuebles de alto consumo, combinados con subvenciones estatales o municipales para la instalación.
- Prohibiciones temporales de llenado para piscinas privadas en semanas críticas, acompañadas de sanciones duras pero transparentes; medidas similares se han aplicado recientemente, como recoge Sóller endurece el uso del agua: duchas de playa apagadas y piscinas prohibidas.
- Tarifas escalonadas para el agua: quien consuma mucho paga significativamente más — con los ingresos destinados a programas de ahorro.
Técnicamente estas medidas son factibles. Lo decisivo es, sin embargo, el equilibrio social: ¿quién asume los costes? ¿Cómo evitar que el problema se traslade a rincones menos regulados de la isla?
Una oportunidad para Sóller — si se actúa con inteligencia
En lugar de entrar en pánico, Sóller podría convertirse en ejemplo: un piloto municipal en un barrio que subvencione contadores inteligentes, unido a campañas informativas (mercados locales, panaderías, carteles en el puerto) aportaría transparencia. Además, el municipio podría prohibir temporalmente el uso de piscinas en semanas muy críticas y, a largo plazo, invertir en almacenaje de agua de lluvia, reciclaje de aguas grises y horarios públicos de riego.
En el lugar se percibe la tensión: conversaciones en la panadería, algunas palabras en el supermercado, jardineros que reorganizan sus rutas. La tramvia a Port de Sóller traquetea y en la costa el sol chispea sobre rocas escarpadas. Todos tienen una idea para ahorrar agua — pero sin reglas claras y capacidad de aplicación, permanecen anécdotas.
La pregunta central sigue siendo: ¿dará Sóller el siguiente paso — técnico, administrativo y social — o dejará pasar el tiempo hasta que las reservas se agoten? Para los hoteleros hay mucho en juego: mayores costes, menos previsibilidad y, en el peor de los casos, un golpe que podría poner en riesgo toda la temporada turística. Como destaca Mallorca lucha contra la escasez de agua: hoteles en el punto de mira, un conjunto inteligente de controles, incentivos e inversiones podría convertir la tensión actual en una ventaja — si el municipio toma las riendas ahora.
En algún callejón suena aún el zumbido de una instalación de riego — un ruido que pronto debería cambiar: más austero, más inteligente y repartido de forma más justa.
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