Autopista de circunvalación de Palma con tráfico y barrios, propuesta de soterramiento en debate.

Soterramiento de la circunvalación: mil millones, muchas preguntas

Soterramiento de la circunvalación: mil millones, muchas preguntas

La idea de soterrar la circunvalación de Palma vuelve a la mesa. Muchos políticos aplauden, pero en el debate faltan la presión por la financiación, el calendario y la vida cotidiana de los vecinos.

Soterramiento de la circunvalación: mil millones, muchas preguntas

Si en estos días baja en la Plaça d'Espanya, escuchará, antes de ver a nadie: el incesante rugir de los motores, el timbre de un anuncio de autobús, un perro que ladra. Ese paisaje sonoro marca partes de Palma — sobre todo donde la circunvalación divide la ciudad en rebanadas. Ahora hay una propuesta sobre la mesa que quiere hacer desaparecer esos ruidos y devolver la superficie: soterramiento de la circunvalación — costes: hasta mil millones de euros, mayoría política en el Consell Insular, petición a Madrid y miradas hacia programas de financiación de la Unión Europea.

Pregunta central

¿Es el concepto del túnel un plan realista para reconectar barrios aislados — o una quimera financiera sin financiación clara ni pasos intermedios practicables?

Análisis crítico

Lo que está claro: la idea no surge de la nada. Representantes socialdemócratas han propuesto el soterramiento como medio para combatir la fragmentación urbana — los barrios afectados son Nou Llevant, La Soledat, Son Malferit, Son Gotleu y Rafal Vell. También la delegación local de movilidad muestra apertura y menciona cifras similares a las de otros grandes proyectos (como referencia ha salido el tren previsto hacia Llucmajor) y, en la misma línea de obras locales, se han anunciado intervenciones como la ampliación de la rotonda y reorganización de accesos. Y políticamente el conservador PP en el Consell dio el visto bueno para pedir un acuerdo al Gobierno central y mirar a fondos de la UE.

Pero: una cifra de hasta mil millones no dice nada sobre las fases concretas de obra, los riesgos técnicos ni los costes posteriores. La construcción de túneles no solo consume dinero en las excavaciones; exige también sistemas complejos de drenaje, filtrado de ruido y aire, mantenimiento e infraestructura de seguridad. Además se producirán desplazamientos de tráfico durante la obra — meses, más bien años, en los que los desplazados diarios, el transporte de mercancías y los vecinos se verán afectados, como ocurre cuando se registran cierres nocturnos en el túnel de Sóller que obligan a desvíos.

Lo que falta en el debate público

Primero: cifras transparentes. Hasta ahora no existen estimaciones de costes auditadas públicamente, ni estudio de viabilidad, ni calendario. Segundo: las soluciones alternativas se desestiman con demasiada rapidez. La idea de "túnel o nada" pasa por alto medidas locales y más baratas como cubiertas parciales, puentes verdes, pantallas antirruido o intervenciones puntuales en nudos críticos; además, otros debates locales han planteado alternativas a obras mayores, como los planes de remodelación del túnel de Génova. Tercero: protección social. Si los barrios deben volver a unirse, se necesita más que asfalto bajo tierra — hace falta una estrategia para la vivienda, la infraestructura local, las rutas escolares y los pequeños comercios.

Escena cotidiana

Al final de la tarde en el Paseo Marítimo se ven padres jóvenes con cochecitos, una mujer mayor que teje en un banco y, más atrás, la autopista que como una cicatriz abraza la ciudad. En Son Gotleu los niños van al colegio por un puente estrecho que durante una obra podría convertirse en cuello de botella. Esos recorridos cotidianos dicen más que cualquier declaración política: la gente necesita pasos funcionales — sin desvíos largos durante años ni pasos peligrosos.

Propuestas concretas

1) Estudio de viabilidad inmediato: peritos independientes, público, con varios escenarios (túnel completo, cubiertas parciales, puentes, combinaciones).

2) Escalonamiento en lugar de monolito: cubrir primero tramos críticos, priorizar nudos con alta afluencia peatonal, obra por fases para no bloquear la ciudad durante meses.

3) Medidas de tráfico ANTES de empezar: ampliar oferta de bus y tren, Park & Ride, restricciones de circulación para vehículos pesados en el centro, para reducir la carga sobre la obra.

4) Acompañamiento social: inversiones en escuelas, centros de barrio y locales de alquiler asequible en los barrios afectados, para que la gentrificación no desplace a las familias locales.

5) Mezcla de financiación con transparencia: Madrid debe participar a través del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, se pueden implicar fondos de la UE y participación privada — pero solo con cláusulas de rendimiento claras y control público.

6) Evaluación ambiental e hídrica: asegurar que el agua subterránea, las redes de saneamiento y la calidad del aire no sufran a largo plazo.

Conclusión

La idea de llevar la circunvalación bajo tierra cumple su promesa: espacio para la ciudad, menos ruido, mejores conexiones. Pero de momento sigue siendo un andamiaje sin tejado: grandes cifras, financiación poco clara y falta de documentación de proyecto. Quien sitúa mil millones sobre la mesa le debe a la ciudad tres cosas: una revisión transparente, un concepto realista por etapas y la garantía de que los vecinos de las zonas afectadas no pagarán la factura. Si no, de la bonita visión solo quedará un atractivo plano en una sala de sesiones — y los ruidos en la Plaça d'Espanya seguirán sonando como siempre.

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