Policía alemán durante un despliegue de tres semanas en la Playa de Palma, entre turnos nocturnos y café.

Tres semanas en la Playa de Palma: un joven policía alemán hace balance

Un policía de 24 años de Sajonia-Anhalt apoyó a colegas españoles durante tres semanas en Palma. Relata noches largas, días sorprendentemente tranquilos y el café español.

Escapada corta, pero no vacaciones

Tiene 24 años, es de Sajonia-Anhalt y estuvo de servicio en Palma durante tres semanas en agosto. No fue un viaje organizado ni un paquete turístico, sino una misión en el extranjero junto a la Policía Nacional española. Hablé con él cuando fue despedido por la mañana —con un diploma en la mano y los ojos cansados.

Cómo fue el día a día

Los días se mezclaban de forma variada: durante el día, a menudo patrullas por el puerto y el centro; por la noche: Playa de Palma, donde se han registrado incidentes como el asalto nocturno en la Playa de Palma. «Las primeras guardias me parecieron sorprendentemente tranquilas», dice él. «En tres semanas solo dos accidentes de tráfico —uno de ellos fue una fuerte caída en la Playa de Palma— no me lo esperaba». Su voz suena sincera, no embellecida. Las guardias nocturnas, en cambio, son duras: hurtos, intentos de robo, peleas; incluso incidentes con traficantes, como el traficante alemán provoca disturbios en la Playa de Palma. Intervenciones cortas, mucha espera; casos curiosos, como dormir en el coche robado frente a la comisaría. Adrenalina. Café. Más café.

Trabajo en equipo y pequeños rituales

Vivía en un hotel proporcionado por la autoridad española. «Los compañeros me invitaron enseguida a un café, a charlar después del turno», cuenta. El jefe de policía, José Luis Santafé, elogió públicamente el apoyo durante la despedida. También se homenajeó a un colega neerlandés —un gesto pequeño, pero sentido de fraternidad.

Lo que queda: respeto por el trabajo de calle, la importancia de los idiomas en el servicio (él había cursado tres años de español en la formación) y la sensación sorprendente de que una ciudad insular, a pesar de las multitudes de turistas, no se descontrola constantemente.

Un poco de Mallorca entre intervenciones

Cuando tenía tiempo libre, lo aprovechaba. Breves excursiones en coche al interior, visitar pueblos como Valldemossa y Sóller. «No hay que pensar que uno viaja aquí sólo por las intervenciones», comenta sonriendo. Volvería a hacerlo y recomienda a sus colegas que vivan una experiencia así.

Mi impresión como interlocutor: Es menos espectáculo, más oficio. Muchos pequeños momentos que el turista no ve: ayuda colegial, barreras lingüísticas, pequeños éxitos. Y al final, el simple diploma, un apretón de manos y la pregunta: «¿No habría querido quedarse algunas semanas más?» — 'Sí', responde él. Muy sencillo.

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