
Cuando los bits se convirtieron en esperanzas: sabotaje en Son Llàtzer y lo que debe hacerse ahora
En Son Llàtzer, una empleada administrativa utilizó en noviembre de 2023 credenciales para borrar miles de registros. Aunque las copias de seguridad permitieron restaurar las asignaciones, la confianza, los controles y las responsabilidades están en debate. Un vistazo a causas, brechas y soluciones para la medicina insular.
Cuando los archivos digitales llevan esperanzas
En un pasillo del hospital Son Llàtzer, en algún punto entre la máquina de café de la cafetería y el pasillo que conduce al ambulatorio, hubo en noviembre de 2023 un incidente que suena a novela oscura: una empleada administrativa fija usó sus credenciales para borrar registros del registro de embriones y óvulos congelados. A primera vista nadie resultó dañado biológicamente, pero para muchas familias de pronto estaban en juego esperanzas, nombres y citas.
Qué pareció perderse — y qué no
Las investigaciones revelaron que se eliminaron entradas de aproximadamente 1712 embriones y alrededor de 414 óvulos de la base de datos administrativa. La acusada admitió la manipulación y declaró que actuó por enfado ante un traslado anunciado. El tribunal la condenó a año y medio de prisión y a una prohibición profesional por el mismo tiempo; ella aceptó la sentencia.
Al menos técnicamente hubo una buena noticia: el departamento de TI había realizado copias de seguridad periódicas. Gracias a esos backups la clínica pudo restaurar las asignaciones, de modo que las muestras en ningún momento quedaron irreversiblemente desvinculadas. Biológicamente, por tanto, todo permaneció intacto; en el papel, sin embargo, quedó un daño difícil de medir pero real.
La pregunta central: ¿Cómo pudo ocurrir esto?
La respuesta sencilla es: demasiado acceso, pocos controles, escasa disuasión. Pero detrás hay varios niveles. Primero, la organización del personal: en una isla con mercado laboral estacional y presión continua en el sistema de salud, como se ve en Son Espases al límite: por qué se posponen las operaciones y en despliegues sociales como Nuevo gran despliegue en Son Banya: por qué el derribo por sí solo no basta, los cambios, traslados y la falta de plantilla son la norma. Eso genera emociones — y si un solo empleado tiene derechos muy amplios, la frustración puede volverse peligrosa.
Segundo, la arquitectura de TI: un respaldo es un ancla importante, pero no basta. Si cambios críticos son posibles sin el principio de dos personas, sin revisiones rápidas y con un registro deficiente, la puerta queda abierta al abuso. Tercero, la cultura organizacional: ¿se gestionan internamente los pasos, los traslados o los descontentos de forma abierta, como deberían tras casos locales como Ya basta: la instalación okupada en ruinas de Can Picafort y el fracaso de los responsables? ¿O quedan en despachos donde crecen los resentimientos?
Lo que en el debate público suele quedar corto
Hablamos mucho sobre tecnología y castigos, pero rara vez sobre las personas que manejan los sistemas. La cuestión del apoyo psicológico, la desescalada en decisiones de personal y vías de comunicación transparentes es central. Además, se subestima el papel de los directivos: ¿quién supervisa, quién autoriza los derechos de acceso, quién piensa en planes de emergencia que protejan no solo la tecnología sino también a las personas?
Dimensiones legales y éticas
Una prohibición profesional y una pena de prisión son señales claras: la justicia valora el borrado de datos de salud como un delito grave. En materia de protección de datos, las clínicas están bajo la presión del RGPD: los datos de los pacientes deben no solo estar técnicamente protegidos, sino también gestionados con finalidades claras y de forma trazable. En el plano ético queda la pregunta de cómo comunican las clínicas a las parejas afectadas: la transparencia y una comunicación rápida y empática son imprescindibles.
Medidas concretas que son necesarias ahora
1. Endurecer la gestión de accesos: derechos basados en roles, revisiones periódicas y el principio de mínimos privilegios. Para datos críticos introducir dos responsables decisores.
2. Cerrar las lagunas en el registro de auditoría: cada cambio debe ser auditado sin fisuras y revisado con rapidez — con umbrales de alarma para cambios masivos inusuales.
3. Humanizar la política de personal: los traslados y reestructuraciones necesitan acompañamiento, motivos transparentes y canales para presentar quejas antes de que la frustración se acumule.
4. Auditorías externas y simulacros de emergencia: probar regularmente escenarios de fallo de TI, incluyendo planes de comunicación hacia los pacientes.
5. Ofertas psicosociales: supervisión, mediación de conflictos y canales de denuncia anónimos pueden evitar que una o un colega se convierta en el eslabón débil.
Lo que queda en Son Llàtzer
En los pasillos del hospital ahora se oyen voces bajas sobre “confianza” y “derechos de acceso”, entre el cierre de puertas y el ocasional pitido de los monitores, y episodios de tensión local como Valldemossa: Violencia en un intento de ocupación — ¿Quién protege las casas del pueblo?. La dirección anuncia controles más estrictos; el personal habla de formación y mejoras técnicas. Para las familias afectadas eso consuela solo en parte: legalmente puede que mucho se aclare, pero emocionalmente queda una grieta.
Este caso es más que un incidente informático. Es una llamada de atención para la medicina insular: la tecnología no protege automáticamente de errores humanos — y la humanidad por sí sola no protege de los riesgos técnicos.
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