
Cuando las tormentas invernales dictan el rumbo: la 'Viking Saturn' en Palma — un puerto, muchas preguntas
Cuando las tormentas invernales dictan el rumbo: la 'Viking Saturn' en Palma — un puerto, muchas preguntas
Mientras las tormentas revuelven el mar, el crucero de lujo 'Viking Saturn' buscó refugio en Palma. Una breve estancia en puerto revela tensiones entre seguridad, clima y política portuaria.
Cuando las tormentas invernales dictan el rumbo: la 'Viking Saturn' en Palma — un puerto, muchas preguntas
Un crucero de lujo evita las tormentas. Por qué esto nos afecta en la isla más allá del pequeño alboroto en el muelle.
Martes por la mañana, viento frío sobre el Passeig Marítim, el golpeteo de las defensas contra el muelle y en algún lugar un barman recogiendo las últimas tazas de la noche anterior: la «Viking Saturn» atracó ese día de enero en el puerto de Palma. No fue un gran espectáculo para la mayoría de los vecinos, pero sí un motivo para reflexionar. El barco cambió su ruta por fuertes tormentas invernales —que en ocasiones aparecen en las cartas meteorológicas como «Ingrid» y «Joseph»— y utilizó Palma como puerto seguro (caos por temporal en el aeropuerto de Palma).
Los datos son claros: una nueva construcción de la llamada clase Star, en servicio desde 2023, de unos 227 metros de eslora y con capacidad para cerca de mil pasajeros en casi 500 camarotes —cada uno con balcón privado—. A bordo: tranquilidad, diseño nórdico, un gran spa con sauna e incluso una gruta de nieve. La ruta no deja dudas sobre su orientación: Mediterráneo occidental, escalas en Túnez, Casablanca —y de vez en cuando Palma, si el tiempo lo exige—, un fenómeno vinculado a la creciente atención sobre la ciudad en eventos del sector (Premios Guía de Cruceros 2025: Palma en el foco).
La escena resulta familiar y, aun así, ambivalente. Para el sector turístico, una escala adicional supone ingresos inmediatos: taxistas, excursiones, pequeños comercios en la Plaça de la Llotja. Para los residentes, un gran barco en puerto fuera de temporada puede traer molestias por ruido, emisiones y el recordatorio de la dependencia de la isla respecto al tráfico de cruceros.
Pregunta principal: ¿cuánta responsabilidad debe asumir un puerto como Palma cuando los barcos buscan refugio por motivos de seguridad —y quién asume los costes, las consecuencias medioambientales y los riesgos?
Análisis crítico: un puerto es por definición un lugar de refugio. Pero como ancla de emergencia habitual para grandes buques en periodos de borrasca, Palma se enfrenta a varios conflictos. Primero: infraestructura y capacidad. Los grandes buques necesitan atraques, conexión eléctrica en puerto y gestión de residuos. Palma ha invertido en los últimos años en atraques y mejores accesos a tierra, pero el número de llegadas de gran tamaño, también fuera de temporada, pone a prueba al personal y la técnica disponible.
Segundo: cuestiones medioambientales. La «Viking Saturn» está diseñada con propulsión híbrida y eso suena bien —pero híbrido no es sin emisiones. Si los barcos no pueden o no quieren conectarse a la corriente en tierra (conexión a la corriente en tierra (cold ironing)), los generadores de a bordo siguen funcionando. Eso significa carga local de contaminación del aire en el muelle (contaminación atmosférica de los buques (IMO)). Tercero: gestión del riesgo y la seguridad. La memoria de un incidente grave con una naviera similar hace algunos años, cuando hubo que evacuar un barco durante una tormenta frente a Noruega, sigue presente. Esas imágenes aumentan el interés público por los planes de emergencia y la coordinación municipal.
Lo que a menudo falta en el debate es transparencia sobre los procesos de decisión. ¿Quién decide en el último momento si un barco entra en Palma? ¿La autoridad portuaria, la naviera, la guardia costera —y con qué criterios? ¿Cómo se informa a los vecinos? Además, falta una discusión honesta sobre la presión que suponen las llegadas fuera de temporada. Esto no es un ajuste de cuentas con las navieras; es una cuestión de planificación, priorización y reglas claras.
Una escena cotidiana y conocida: dos estibadores tiran de una amarra, el viento silba sobre las lonas de los quioscos, un viejo pescador observa todo desde su sillón de mimbre en el Moll Vell. Los pasajeros a bordo pasean más tarde en pequeños grupos por el paseo; compran aceitunas, unas postales, algunos se sientan en una cafetería con vistas a la catedral. Por una tarde la ciudad parece animada. Pero al final el barco zarpa —y lo que queda es su huella.
Propuestas concretas: primero, criterios obligatorios de atraque en caso de avisos de tormenta, que la autoridad portuaria, la naviera y la guardia costera acuerden de forma conjunta. Segundo, ampliar y hacer obligatoria la conexión a la corriente en tierra para las grandes escalas, de modo que los generadores puedan quedarse parados. Tercero, un plan de emergencia e información transparente para los residentes: vías de comunicación claras, mediciones en tiempo real de ruido y emisiones e informes públicos tras escalas excepcionales.
Otras medidas: gestión de la capacidad —limitar ocupaciones simultáneas de atraques para no desbordar la infraestructura disponible; mayor inversión en instalaciones de atraque más robustas para situaciones de tormenta; y un debate económico sobre tarifas portuarias que cubran de forma proporcional la protección ambiental y los costes locales. También conviene observar cómo reaccionan otras escalas de gran tamaño en Palma, como la reciente visita de grandes buques de nueva construcción (colosal buque insignia Star Princess), para calibrar la capacidad real del puerto.
Conclusión contundente: Palma puede ofrecer protección —eso forma parte de su identidad como ciudad portuaria. Pero el refugio no debe darse sin reglas claras. Si los isleños escuchamos por la noche el zumbido de grandes generadores o vemos una capa gris sobre el muelle durante el día, no son objeciones estéticas, sino señales de fallos en la planificación y la responsabilidad. La «Viking Saturn» fue ese día de enero un recordatorio: la seguridad en el mar es imprescindible, pero su precio no debería pagarse en secreto con nuestra calidad del aire y nuestras calles.
Un llamamiento al ayuntamiento y a la administración portuaria: hagan públicos los criterios, garanticen la conexión a la corriente en tierra, planifiquen límites de capacidad e informen a la población antes de que el barco atraque. Así Palma seguirá siendo puerto que salva y ciudad viva —y no solo una solución de desvío para tormentas en alta mar.
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