
Paguera construye: 15 villas de lujo y la cuestión del bien común
Grúas en la carretera costera: 15 villas independientes de lujo despiertan esperanzas y preocupaciones en Paguera. ¿Qué implica esto para el agua, el tráfico y la convivencia?
Nuevas villas, viejas preguntas: ¿Qué queda para Paguera?
Quien en las últimas semanas recorriera la carretera costera entre Santa Ponça y Paguera, vio más que hormigón y grúas: el canto de las cigarras se mezcla con el claxon de una furgoneta de reparto, y los setos de adelfas aparecen de repente en andamios. Allí donde los pinos enmarcaban antes la vista al mar, surge un conjunto de 15 villas independientes — cada una con piscina privada, tres o cuatro dormitorios y hasta 415 m² de superficie habitable. El cartel de obra denomina el proyecto un «pequeño pueblo». La pregunta central es: ¿para quién construye Paguera — y a qué precio para la comunidad?
Lo que no se ve a primera vista
Paseos nocturnos por caminos iluminados, una plaza donde los niños montan en bici — eso suena a vecindario. Pero entre la ilusión y la nostalgia hay retos concretos. Las preocupaciones inmediatas de la gente se oyen con claridad: menos plazas de aparcamiento, más coches, presión sobre los recursos hídricos en largos veranos, posibles subidas de alquileres. Un anciano frente a la panadería comentó secamente: «Antes era más tranquilo.» Observaciones así pesan en un lugar donde los recorridos cortos y los rostros conocidos forman parte de la identidad.
Las consecuencias a menudo ignoradas
Aunque la documentación del proyecto promete medidas como plantaciones nativas y gestión de aguas pluviales, quedan zonas grises: ¿cuánta agua potable acabará en las piscinas y quién controlará ese consumo? ¿Qué ocurre en los picos de temporada cuando 15 villas multiplican el número de vehículos privados? Además, la estructura inmobiliaria cambia: viviendas de alta gama para vacaciones y uso privado pueden presionar los precios de alquiler y desplazar el tejido social consolidado. Casos similares se han dado en otras zonas de la isla, como Es Puntiró, donde vecinos exigen intervención por fiestas en villas de lujo. Estos efectos indirectos actúan más despacio, pero son más sostenidos que cualquier obra.
A qué debería prestar atención la planificación
El municipio tiene obligaciones de revisión con carácter vinculante. Sin embargo, la práctica determina el éxito de las condiciones impuestas. Algunos puntos concretos que con frecuencia quedan al margen:
Regulación del agua: obligación de utilizar aguas no potables y agua de lluvia para piscinas y riego de jardines; limitación del volumen de llenado de las piscinas; sistemas certificados de recuperación.
Gestión de aparcamiento y tráfico: exigencia vinculante de garajes o espacios cubiertos, conexión con el transporte público, ordenación del aparcamiento y regulación de accesos en temporada alta.
Medidas de compensación social: aportaciones a un fondo municipal para vivienda asequible, cuotas de empleo local durante la construcción y la limpieza final, apoyo a pequeños comercios para que el nuevo poder adquisitivo se quede en la localidad.
Oportunidades que conviene aprovechar
Un proyecto de este tamaño también aporta beneficios: contratos de obra, nuevos puestos de trabajo en mantenimiento y limpieza, potencial aumento de ingresos por impuestos sobre la propiedad. Si los nuevos propietarios consumen en comercios locales, podría beneficiar al mercado de la plaza o a los pequeños supermercados del paseo marítimo; además, proyectos de reurbanización como la rehabilitación del bulevar de Paguera también influyen en la accesibilidad. Es importante dirigir estas oportunidades con criterio — mediante condiciones y diálogo, no confiando solo en la buena voluntad.
Propuestas concretas para una ejecución responsable
Algunos enfoques pragmáticos que pueden ayudar a Paguera a no solo aceptar el proyecto, sino a configurarlo activamente:
1. Presupuesto hídrico y monitorización: antes de conceder la aprobación definitiva debería fijarse un presupuesto hídrico vinculante para el conjunto y establecerse un sistema de monitorización del consumo. La transparencia genera confianza.
2. Soluciones de aparcamiento: zonas de aparcamiento subterráneas o agrupadas, vinculadas a normas claras para visitantes y vehículos de alquiler, aliviarían la estrecha carretera costera.
3. Convenio con el municipio: un acuerdo público que regule empleo local, aportaciones a un fondo de infraestructuras y medidas para integrar a los nuevos vecinos en la comunidad.
4. Uso y alquiler estacional: limitaciones a los alquileres vacacionales de corta duración podrían evitar que la vivienda se convierta por completo en turismo.
Una mirada al futuro
Paguera cambia — no es un fenómeno nuevo, sino parte de una evolución más amplia en Mallorca; ejemplos en Palma, como Palma quiere construir 3.500 viviendas o las obras en Son Güells, con 64 viviendas, muestran la misma presión. La tarea del municipio y de la ciudadanía es acompañar esos procesos en lugar de ignorarlos. Quien pasea por la carretera costera o se detiene en el puesto del mercado ahora escucha el ruido de las obras y las discusiones al respecto. Que las 15 villas acaben siendo una ganancia para el lugar dependerá menos del estilo arquitectónico que de la calidad de la planificación, del cumplimiento de las normas medioambientales y de si los nuevos vecinos están dispuestos a formar parte de una comunidad viva, no solo orientada al beneficio.
Al final queda un consejo práctico, pensado desde Mallorca: hablar, preguntar, participar — y no olvidar que un pueblo también está hecho de personas, no solo de villas.
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