Dueño de perro ignorando excremento en acera junto a cartel de multa por no recoger en Santa Eulària, Ibiza.

3900 euros por heces de perro: ¿Qué aporta realmente el programa de ADN?

3900 euros por heces de perro: ¿Qué aporta realmente el programa de ADN?

En Santa Eulària (Ibiza) un propietario de perro se enfrenta a una multa de hasta 3.900 euros por no recoger las heces en 13 ocasiones. El registro de ADN pretende desenmascarar a reincidentes: preguntamos si el sistema funciona o si más control por sí solo no es suficiente.

3900 euros por heces de perro: ¿Qué aporta realmente el programa de ADN?

Pregunta guía: ¿Puede un registro de ADN imponer un cambio de conducta, o la municipalidad solo traslada el problema al ámbito privado?

En Santa Eulària en Ibiza la administración municipal ha presentado cifras que suenan claras y contundentes: un propietario de perro puede enfrentarse a una multa de hasta 3.900 euros porque, según el ayuntamiento, no retiró las heces de su perro en 13 ocasiones. La aritmética es sencilla: 13 infracciones a 300 euros suman la cantidad. Paralelamente, las autoridades informan que se han identificado 52 animales como casos de reincidencia y que 63 propietarios no han inscrito a su animal en el registro local de ADN; la falta de registro conlleva multas de 200 euros cada una. El 27 % de los propietarios señalados no estarían registrados.

Todo esto suena a aplicación rigurosa de la norma. Pero ¿trae el programa de ADN la limpieza esperada en aceras y parques? O surgen nuevas preguntas: ¿qué fiabilidad tiene la cadena de custodia de las muestras? ¿quién supervisa la toma de muestras? ¿cuánto cuesta la gestión cuando se organizan controles continuos, análisis y procedimientos sancionadores? Y no menos importante: ¿es el castigo el mecanismo adecuado para conseguir que la gente cambie? Estas dudas recuerdan casos de tratamiento biométrico polémico, como la sanción de la AEPD a AENA por reconocimiento facial.

Un análisis sobrio muestra: el sistema de ADN desenmascara a los reincidentes, y las cifras lo demuestran: se registraron 30 personas con dos reincidencias, doce con tres, tres con cuatro, cuatro con cinco, una con seis y dos incluso con siete reincidencias. Ese tipo de estadísticas es útil porque muestran patrones. Pero no dicen cuántos casos quedan sin perseguir, cuántas multas se ejecutan realmente o si los sancionados presentan recursos. Tampoco tienen en cuenta que algunas zonas están más saturadas en determinados momentos del día: por la mañana en los parques urbanos, por la noche en los paseos marítimos, cuando la gente pasea con sus perros.

En el debate público suele faltar la mirada sobre la práctica y la prevención. En Mallorca lo veo a diario: en el Passeig Marítim los propietarios llevan bolsas listas, a dos casas hay quien pasea sin ellas, el sol se refleja en el agua y un niño pisa una deposición. No es un caso aislado, es la realidad cotidiana. Las multas castigan, pero no sustituyen a la infraestructura: la colocación de dispensadores de bolsas gratuitos, rutas de limpieza regulares y carteles informativos visibles suelen faltar donde el problema es más evidente; en Palma existen iniciativas como la campaña de Emaya por calles limpias y tenencia responsable.

Propuestas concretas que la municipalidad podría considerar: primero, una comunicación transparente sobre los procedimientos del programa de ADN: ¿cómo se toman las muestras, cuánto tardan los análisis, qué recursos legales tienen los afectados? Segundo, medidas de prevención dirigidas: más dispensadores de bolsas en entradas y salidas de parques, campañas de limpieza, puntos informativos los fines de semana para registrar y aclarar dudas in situ. Tercero, un sistema de sanciones progresivo: en la primera infracción medidas formativas y obligaciones (por ejemplo, asistencia obligatoria a sesiones informativas) y en caso de reincidencia multas claras; esto a veces funciona mejor que imponer inmediatamente sanciones elevadas. Cuarto, cooperación con asociaciones de barrio y escuelas de adiestramiento canino para abordar el aspecto sociopsicológico: con frecuencia se trata de pereza, no de mala intención; también es útil atender ejemplos de convivencia con múltiples perros, como el caso de la familia de los Robens en Mallorca, relatado en la pieza sobre su vida con perros y una villa en Ses Palmeres Patas cálidas, grandes planes: los Robens.

También hay cuestiones jurídicas y de práctica administrativa que requieren respuesta: ¿qué recursos hacen falta para ejecutar las multas? ¿cómo se actúa ante identificaciones erróneas? Un procedimiento de reclamación transparente y una documentación vinculante de la cadena de custodia de las muestras aumentarían la aceptación; además, la normativa y recomendaciones sobre protección de datos de la AEPD son relevantes para asegurar garantías.

El ánimo en la isla importa: quien pasea por Son Espanyol o por el puerto de Palma por la mañana escucha el ruido de las cestas de las bicicletas y las conversaciones de los madrugadores. Vecinos enfadados hablan de falta de respeto, los propietarios de perros se quejan de estigmatización injusta. Sin diálogo, la medida puede convertirse fácilmente en un foco político que enfrente a vecinos.

Conclusión: el programa de ADN puede ser una herramienta eficaz contra los reincidentes persistentes. Pero su eficacia depende de la transparencia, la prevención y servicios prácticos en el lugar. Las sanciones más duras son solo una parte de la respuesta. Quien de verdad quiera orden en el espacio público debe contar también los papeleras y los dispensadores de bolsas, disponer de personal para controles y acercarse a la gente donde pasean a diario con sus perros.

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